Texto: "Mejor es ir a la casa del luto
que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el
que vive lo pondrá en el corazón..." (Eclesiastés 7:2-4).
El hombre sabio instruido por su experiencia en fe nos dice: Que las adversidades
son una necesaria y misericordiosa manera que el cielo emplea, para recuperar
los pecadores corrompidos por la prosperidad y retornarlos a Dios.
Los sentidos tienen como fin principal la preservación del cuerpo, pero no
siempre juzgan adecuadamente, y en lugar de hacer el bien, en ocasiones engañan
al individuo y nos llega el mal; otras veces están entrando el bien al alma,
pero como trae disgusto a la carne el bien es rechazado y somos dañados.
Difícilmente un niño juzgara como beneficioso una amarga medicina que curaría
su enfermedad.






