
Texto:
Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el
sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del
sepulcro?” (Marcos 16:3).
Ellas compraron las especias cuando había pasado el día de reposo, o que sábado
por la noche fueron a comprarlas. El domingo a oscuras se levantaron y salieron
para el sepulcro, llegaron allí cuando el Sol salía. Ellas habían sido testigos
de cómo donde fue enterrado y como fue sellada la entrada, y concluyeron que
por fuerza física no podrían remover la piedra, eso no las detuvo para venir al
deber de ungirlo con perfume. Es interesante que en ningún momento se les oyó
decir que tuvieran cuidado por lo que pensaran otros, ni aun tuvieron temor del
curso de acción que tomaran contra ellas los gobernantes.
Tuvieron una sola inquietud: “¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del
sepulcro?”. Tampoco se quedaron en el hogar cavilando en como resolver ese obstáculo,
sino que de camino pensaron en como resolver la dificultad. Cuando un corazón
ama a Cristo, no pondrá atención a ninguna cosa que se interponga a su deseo de
estar cerca de Jesús. Ellas aquí honraron un principio de fe muy conocido y
pocas veces aplicado: Que debemos hacer nuestros deberes y dejar los resultados
en las manos de Dios. Salieron de sus casas a cumplir su deber. Ahora veamos la
bendición de andar guiados bajos los principios de la Fe: “Pero cuando miraron,
vieron removida la piedra, que era muy grande” (v4). Pilato
fue instigado por los fariseos, pero el Señor se burló de sus planes: la piedra
fue removida. Ellos habían pensado que la piedra, el sello y la guardia harían
la tumba segura, que el cuerpo no pudiera salir de ningún modo. Al ver estos
acontecimientos uno concluye: Que todo lo que necesitamos es que Dios esté con
uno, porque si así es, nada ni nadie podrá dañarnos. Pregunta: ¿Cuándo está
Dios con uno? Dios estará contigo cuando estés sirviendo los intereses del
Señor Jesús.
Amén.