
Texto: "No os dejéis mover fácilmente de
vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu ni por palabra, ni
por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor esta
cerca" (2 Tesalonicenses 2:2).
Note en el versículo que el error combatido es la impaciencia, de modo que lo
exhortado es a esperar el Día de Cristo con sumisión.
Surge una pregunta: ¿Como es posible que en otros lugares se nos diga que el
Señor viene pronto y aquí eso mismo es censurado? Es cierto que en otros lugares
parece hablar en esos términos: "El día esta cerca... La venida del Señor
esta cerca" (Ro.13:12;Stgo.5:8). Como si se dijera que la mañana de
resurrección estuviese a la mano. En su etimología hay una diferencia en las
palabras usadas en uno y otro caso. Una cosa es decir que algo esta cerca o
viene de camino, y otra muy distinta es que el asunto ya empezó. Relativamente
hablando, podemos decir que el mes de diciembre esta cerca o inexorablemente
viene de camino, pero eso no significa que ha empezado.
Debemos esperar ese día con paciencia, pues de lo contrario muchos males
gratuitos se proporcionan al alma, a saber una curiosidad malsana y arrogancia.
Es pecaminoso que querramos comer de aquellos
conocimientos que Dios se ha reservado para Si mismo: "El les respondió: A
vosotros no os toca saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre dispuso
por su propia autoridad" (Hech.1:7); es
defectuoso entre los hombres extenderse averiguar los secretos de nuestros
amigos, cuanto mas condenable con los secretos de nuestro Señor. No es correcto
que vayamos a casa de nuestros amigos y abramos las cartas personales que ellos
reciben. Tal curiosidad es dañina y no edifica ni en nada beneficia. La
práctica de los deberes conocidos nos librara de tal indiscreción.
Es reprochable fijar el tiempo para el día del juicio final, algo que Dios ha
reservado par Si mismo: "Pero acerca de aquel día y hora, nadie sabe; ni
siquiera los ángeles de los cielos, ni aun el Hijo, sino solo el Padre"
(Mat.24:36). Seria una arrogancia que una criatura pretendiera fijar la fecha
de un evento que ha sido reservado exclusivamente en la mente divina. Por ser
una curiosidad repudiable y que no edifica, entonces es dañina. Es dañina por
varias razones: pone la mente del Creyente fuera de sus deberes presentes,
porque una súbita entrada de Cristo en este mundo los aparta de sus deberes
presentes. Como alguien ha dicho, las malas impresiones engendran prejuicios y
estos a su vez nublan el buen juicio, o debilitan el buen curso de las cosas.
Hay personas que la curiosidad le es como una enfermedad, tienen vicio de
preguntar, y en lugar de comer lo espiritual, lo que hacen es vomitar el buen
alimento, no tienen oídos para oír: "Se ha llenado de orgullo y no sabe
nada. Mas bien, delira acerca de controversias y contiendas de palabras, de las
cuales vienen envidia, discordia, calumnias, sospechas perversas"
(1Tim.6:4); existe una enfermedad mental que genera constantes cuestionamientos
disfrazado de honra, pero lo cierto es que se trata de una necedad que pare
envidia, discordia y malas sospechas. Desde que una persona asigna fecha al
regreso esta dando lugar a la impaciencia. Se requiere el debido cuido, pues
los mismos apóstoles estuvieron tentados a eso, y cualquier Creyente pudiera
estar tentado a lo mismo, mire el caso en Tesalónica.
Esta impaciencia se deja ver por sus malos efectos, turbación individual y
colectiva dentro de la congregación: "No os dejéis mover fácilmente de
vuestro modo de pensar, ni os conturbéis". Cuando alguien camina por
encima de tierra pantanosa su andar es inestable, inseguro y miedoso. De manera
semejante es cuando el error de doctrina entra por las puertas de la Iglesia.
El alma solo haya paz en la religión verdadera: "Deteneos en los caminos y
mirad. Preguntad por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andad en
el; y hallareis descanso para vuestras almas" (Jer.6:16).
El descanso del alma solo es encontrado en los caminos de Dios, y donde este es
fielmente practicado.
El alimento preferido del corazón es la verdad; es como la miel que tan pronto
como toca el paladar del entendimiento produce una sensación agradable que trae
consigo la paz mental. Cuando un hombre descubre la verdad en cualquier área
del conocimiento, por necesidad le produce alegría, cuanto mas la verdad
espiritual: "Come, hijo mío, de la miel, porque es buena; y del panal, que
es dulce a tu paladar.
Así aprópiate de la sabiduría para tu alma" (Pro.24:13-14).
La verdad es suave, quieta y paciente.
Amen.