Texto:
“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron
María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto;
porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y
llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.” (Mateo
28:1-2).
Así que, en cuanto a las mujeres,
Dios obró quitando los cuidados
de sus mentes, y la piedra de la entrada del sepulcro.
Si hubiesen pensado como lo hace
la gente del mundo, hubiesen tenido huesos secos y frustración. La fe
vence o disuelve la frustración mental. De aquí aprendemos: Que las dudas y la incredulidad en materia espiritual pueden ser mayores que el peso de una gran roca. Por tanto, nuestra sabiduría y beneficio es confiar en Dios
y Su palabra y no dudar, porque como bien
dice el apóstol: “El es poderoso para hacer
todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efe.3:20).
Las mujeres
se quedaron perplejas porque les respondió más allá de lo que entendían y pidieron. No oraron sino
que expresaron su deseo por
Jesús, pero para Dios fue
como una oración, y les respondió. La tumba está abierta,
Cristo ha resucitado, y ellos están confundidos.
Cuan vano son los proyectos humanos
cuando se colocan en contra
de los planes de Dios. Recordemos que débiles moscas y ranas acabaron con el poderoso Faraón, y simples gusanos se comieron al arrogante Herodes. “¿Qué, pues, diremos a
esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
(Ro.8:31).
El terremoto espantó a los guardas, y es interesante que el milagro no fue delante de las mujeres, sino
antes de que llegasen. Les allanó el camino
para que ningún intruso estuviese presente para cuando el Ángel les anunciase las buenas nuevas.
Amado hermano, haz tus
deberes y deja los resultados en manos de Díos. El mismo y no otro te bendecirá
ahora y por siempre. Estoy seguro que en tu
ciudad hay personas, que si
le pidiéramos ayuda para cualquier asunto particular en tu Congregación, de seguro que lo harían. Te pregunto a ti que
eres miembro de la Iglesia de Cristo ¿Estás tú trabajando
para el progreso del Evangelio en tu lugar? ¿Estás
tú obrando de tal manera
que estás ayudando a edificar el muro de la obra de fe en tu Congregación?
Empéñate en no dejar tu alma en la ociosidad,
asegúrate, que mientras estás buscando tu propio
interés, sobre todo buscas el bien de tus hermanos:
Que todos lo sepan: “Jesús nazareno,
el que fue crucificado; ha resucitado” (Marcos
16:3). Trabaja, pues, para que el Evangelio glorioso de Cristo sea enviado a través de todos los lugares
en esta oscurecida región hispana.
Amén.