Meditación Diaria

Meditacion del 18 de Junio

Texto: “Yo soy la vid, vosotros las ramas. El que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto. Pero separados de mí, nada podéis hacer” (Juan 15:5).

 
De donde se infiere que los que hagan descansar sus almas en su propio poder natural, terminarán apostatando si no recapacitan a tiempo, y la razón es sencilla, es que no hay en el hombre poder suficiente que pueda sostenerlo a si mismo. Oiga el clamor de David: “Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Sal.19:13). Aprendamos, pues, de los grandes santos, quienes fueron débiles hasta que vino sobre ellos el poder de arriba. Recuerde como fue Pedro avergonzado con la pregunta de una doncella: “Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? ¡Mi vida pondré por ti!... Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿Tú no serás también de los discípulos de ese hombre? El dijo: No lo soy” (Jn.13:37 y 18:17).


Por esto en toda caída, prueba, desaliento en que caigas, no busque poder en ti, sino que levantes tus ojos al poder de la resurrección de Cristo, cuyo Espíritu es suficiente para todo: Todo es de El, por El y para El. Imitemos al buen Josafat: “Oh Dios nuestro, ¿no los juzgarás tú? Porque nosotros no disponemos de fuerzas contra esta multitud tan grande que viene contra nosotros. No sabemos qué hacer, pero en ti ponemos nuestros ojos. Todo Judá estaba de pie delante de Jehová, con sus pequeños, sus mujeres y sus hijos” (2Cr.20:12-13). Satanás sabe muy bien que nada puede prevalecer contra Cristo o contra los que descansan en Su eterno poder. Por eso se pasa el tiempo tratando de mantenernos en nosotros mismos y en las criaturas.

Sobre esto el ministro Sibbes dijo: “Quien comienza con auto confianza, terminaría en vergüenza”. El mayor de los apostatas es Satanás, el fue un ángel de luz y cayó de la verdad por su propia voluntad y trata de arrastrar a todos con el. El es un espíritu maldito echado del paraíso y labora para que los hombres tengan su mismo destino de condenación. Fue sacado del paraíso por su pecado, y por la envidia no soporta que criaturas de menor rango que él puedan disfrutar la eterna felicidad del cielo que Dios ha prometido a todos los que aman a Cristo. El Cristiano que vela y ora será librado de las tentaciones que conducen a la caída. Hay vientos que combaten contra grandes árboles movimiento tras movimiento hasta hacerlos caer. El daño de los ciclones no es tanto el furor de cada viento, sino la recurrencia de los mismos, por eso hay que mantenerse velando.

 

Amén.

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