
Texto: "El mandamiento es lámpara, y la
enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen"
(Pro.6:23).
Es
necesario tener una lámpara cuando uno se encuentra en un lugar oscuro, y la
ley de Dios es una lámpara para disipar la oscuridad de este mundo y guiar
nuestros pasos en seguridad. Cristo es el Sol de los justos, brilla sobre
nosotros por la Palabra de Su Gracia, iluminando nuestras mentes en el
conocimiento de cada útil verdad, y llevándonos hacia un mundo mejor,
donde esperamos conocer y experimentar la verdadera felicidad, el anhelo
ferviente de nuestras almas.
Todos hemos experimentado, que las doctrinas y preceptos de la Palabra de Dios
son útiles y agradables como la luz, pero no pensamos lo mismo cuando se trata
de los reproches, los cuales son, en general, muy desagradables; sin embargo,
son tan necesarios y beneficiosos como los principios de instrucción. Porque
las amonestaciones nos advierten contra el pecado, y tienen una poderosa
influencia para guardarnos de los lazos del Maligno: "Camino de vida son
las reprensiones que te instruyen".
Esta cláusula contiene dos asuntos: Por un lado, que hay una senda de felicidad:
"Camino de vida", una vía para ser librados de la muerte, y donde
nuestra esencia como ser racional puede ser acentuada y mejorada, y por el
otro, que esa vía tiene un nombre muy especifico: "las reprensiones que te
instruyen", no todos los reproches son buenos, solo los que instruyen son
los que benefician, porque cuando carecen de instrucción entonces no están
motivados por el amor verdadero o son hechos en ignorancia; en tal caso no
seria una buena reprensión, sino un hablar ofensivo o injurioso. El reproche
Cristiano es muy necesario para santificarnos.
Entonces el reproche cristiano es en general: "El tierno y fiel argumento
que decimos a un hermano en privado, con el fin de rescatarlo del error para
traerlo a la verdad, y cuya causa es el celo por la gloria de Dios, y el amor a
nuestro prójimo". Se ha dicho tierno argumento, pero no estamos ajenos a
que los médicos puedan, en ocasiones especiales, emplear el afilado bisturí con
la debida delicadeza y ternura.
El reproche es un acto de amor y misericordia, no de orgullo o vanagloria, pues
se trata de ver al hermano en miseria o yerro espiritual e ir en procura de
librarlo de la ira de Dios; por eso los medios para hacerlo no son el castigo
ni la censura, sino el apropiado discurso o amonestación. Este medio solo es
empleado cuando el propósito del reproche sea rescatar al pecador y sanar su
alma; no obstante debe quedar establecido que no hay una regla fija en cuanto a
su grado o intensidad, porque para algunos será mas tierno, en cambio a otros
pudiera ser mas cortante.
El fin de este amargo remedio es rescatar al hermano del error, por tanto su
aplicación debe estar basada en la verdad: "La palabra de Dios more en
abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría"
(Col.3:16); esto es, que el ofensor puede ver a Dios reprendiéndole en lugar
del hombre; tal como Cristo reprendió a los fariseos con las Escrituras:
"Hipócritas, bien profetizo de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo
de labios me honra, pero su corazón esta lejos de mi" (Mt.15:7-9);
el reproche debe ser insinuado como el asunto requerido, sea este por exhortación,
amonestación o advertencia.
La misma forma se ve en el reproche dado por el profeta Natán
a David (2Sam.12:1-7). El fin de la reprensión no es avergonzar ni destruir la
buena reputación del hermano, sino traerlo del pecado al deber. Se trata de un
hermano, alguien que procura ser una buena persona, de modo que no será difícil
traerlo al camino de hacer el bien.
Cuando vayas a reprender a otro, cuídate de que eres inocente de ese mismo
pecado. El culpable es digno de juicio por eso no esta en capacidad de juzgar a
nadie: "¿Porque miras la paja que esta en el ojo de tu hermano, y no echas
de ver la viga que esta en tu propio ojo?" (Mt.7:3).
Un pecador no está exonerado de la deuda de amor a todos, sino que está atado
humildemente a reconocer su falta y abandonarla, para que pueda ayudar a otros
con el mismo remedio que él ha sido beneficiado; siendo reprendidos aprendemos
a reprender. "Camino de vida son las reprensiones que te
instruyen".
Amen.