
Texto: "A él, Dios le
resucitó, habiendo desatado los dolores de la muerte; puesto que era imposible
que él quedara detenido bajo su dominio" (Hechos 2:24).
Los dolores de la muerte y sus cadenas fueron muy débiles para mantener
encerrado al Señor Jesús.
En el Señor Jesús hubo una visible debilidad, pero al mismo tiempo una
Omnipotencia invisible: "Por esto me ama el Padre, porque yo pongo mi
vida, para volverla a tomar" (Jun.10:17); él murió a través de esa visible
debilidad. Su muerte fue un claro ejemplo de esa fragilidad que ocultaba Su
deidad, se vistió a Sí mismo de infinita humillación, pero Su resurrección hizo
manifiesta Su divinidad.
La fuente de los consuelos del Creyente es la resurrección del Señor Jesús,
puesto que se trata de Su victoria contra el mayor mal de los hijos de los hombres;
el enemigo de la muerte. Él tomó la muerte como toma el león su presa; por el
cuello, la sacudió y la enterró para siempre: "Por medio de la muerte
venció al que tenia el imperio de la muerte" (Hebr.2:14). Quitando el mal
se hace el bien.
Por esta misma razón es que el artículo mayor en la Confesión de Fe apostólica
es el hecho de la resurrección. Como dice Pablo: "Si Cristo no resucitó,
vana es entonces nuestra predicación; vana es también vuestra fe" (1Co.15:14).
Mas aun, que la misma puerta a la salvación es también la confianza en este
hecho: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y si crees en tu
corazón que Dios le levantó de entre los muertos, serás salvo" (Ro.10:9).
Este es el centro del Cristianismo, que Dios levantó a Cristo de la muerte. El
Evangelio cuelga de este gancho: "El Señor Jesús resucitó".
La resurrección del Señor es la llave que abre el chorro de las misericordias
divinas. Por este hecho son encarcelados todos nuestros enemigos espirituales:
"Subiendo a lo alto, llevo cautiva la cautividad" (Efe.4:8). Al
enemigo le sucedió como Aman contra Mardoqueo, que fue colgado en la misma
horca que había preparado para colgar al piadoso Mardoqueo. La muerte halló la
muerte matando a Cristo y este resucitar para nuestra justificación. Por so
dice nuestro Salvador: "No temáis manada pequeña" (Jun.14:33).
Todas las Gracia y bendiciones espirituales vienen por la resurrección: El
perdón, la justificación, la santificación y la glorificación: "Quien fue
entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra
justificación... Como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria
del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida... Porque si creemos
que Jesús murió y resucito, de la misma manera Dios traerá por medio de Jesús,
y con el, a los que han dormido" (Ro.4:24;6:4; 1Tes.4:14).
Además, que el poder de la Gracia de Dios se canaliza y vigoriza al Creyente a
través de la resurrección de Cristo: "Anhelo conocerle a el y el poder de
su resurrección, y participar en sus padecimientos, para ser semejante a el en
su muerte" (Fil.3:10). La vida y capacidad de sufrir negándonos a nosotros
mismos por amor a Dios, fue creada en nuestras almas por el mismo poder que
levanto a Jesucristo de entre los muertos. Él fue resucitado para que sea la
raíz o fuente de la vida sobrenatural o espiritual.
El poder del Espíritu te levanto y te sostiene a ti. Dios opera en el Creyente
teniendo siempre como referencia la resurrección de Jesucristo. El poder de la
resurrección es el que actúa en el Creyente, ese poder levanto a Cristo de la
peor corrupción, la muerte por nuestros pecados, y ese mismo poder te levantara
a ti en el Día de gloria.
Amen.