Meditación Diaria

Meditacion del 17 de Mayo

Texto: “Buscad a Jehová, todos los mansos de la tierra que ejecutáis su decreto. Buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis protegidos en el día del furor de Jehová” (Zofonías 2:3).


Este versículo enseña que la mansedumbre es conveniente para nuestra se seguridad física. Está profetizado que pronto caerá la ira de Dios sobre los habitantes de la tierra, no habrá seguridad para nadie en aquellos días, sin embargo el lugar más seguro es la mansedumbre: “Buscad mansedumbre; quizás seréis protegidos en el día del furor de Jehová”. Lo dice claramente, el manso. Si hay un estado moral más próximo a la inocencia es ser manso. En los litigios judiciales los jueces tienen en cuenta dos grandes cosas, los hechos y el carácter de las personas envueltas. Los mansos son de mucho peso para cuando van tomar la decisiones, sobre todo en caso donde los hechos no son tan claros. No dudamos que hay hombres que se trasforman en valiente cuando el otro está desarmado, pero a un espíritu noble es un acto de cobardía estropear al que no responde a las provocaciones, ni guarda rencor. El apóstol lo proclama con meridiana claridad: “¿Quién es aquel que os podrá hacer daño, si sois ávidos por el bien?” (1Ped.3:13).


Es un hombre honorable quien en su trato con el prójimo ve de antemano los riesgos de una contienda, y se aparta; prefiere sufrirlo que contender, aun cuando tenga la razón. No niega su derecho de defensa, pero evita al máximo las contiendas. El hombre sabio lo confirma: “Los labios del necio entran en contienda, y su boca clama por los golpes. La boca del necio es su propia ruina; sus labios son la trampa de su vida” (Pro.18:6-7). La falta de mansedumbre le puso en lugar de peligro y le sobrevino la ruina. El hombre o mujer que aspire estar dentro de su propia piel y con una conciencia quieta debe escoger siempre la senda que le trace la mansedumbre. Más aun, los amigos son preservados con el ejercicio de esta gracia. El enojo separa los amigos, pero ser manso los atrae, o como diría Mathew Henry, es la forma de conquistarlos. Cuando el estomago tiene hambre caprichosa, no importa el manjar que le ofrezcan, no se siente inclinado a comer, porque no sabe lo que quiere, es un capricho. Así hay hombres que se enemistan contra su prójimo sin causa, y haga lo que hagas no podrás ganarlos, porque ni ellos saben porque están en tu contra. Saúl se enemistó contra David sin causa. Aun en esos caso extremos e irracionales la mansedumbre tiene gran poder para cambiar el enemigo en amigo, nótese: “Y sucedió que cuando David acabó de decir a Saúl estas palabras, Saúl preguntó: ¿No es ésa tu voz, David, hijo mío? Entonces Saúl alzó su voz y lloró. Luego dijo a David: Tú eres más justo que yo, porque tú me has tratado bien, cuando yo te he tratado mal. Tú has demostrado hoy que me has hecho bien, porque Jehová me entregó en tu mano, y tú no me mataste” (1Sam.24:16-17). David salvó su pellejo de manos de Saúl por ser manso. Concluimos, que la mansedumbre es muy rentable a nuestra seguridad física.

 

Amén.

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