Meditación Diaria

Meditacion del 19 de Abril

Texto: “Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto” (Salmos 4:7).


Como rey David conocía el gozo de una abundante cosecha, poseyó o vivió esa experiencia; y ahora confiesa que el deleite divino es mayor. Participó en ambos casos, en lo material y espiritual. Lo que se desea significar es, que en el deleite divino ha de haber una comunicación y participación de Dios con uno. Y mientras haya más luz o conocimiento en el corazón del Creyente mayor el deleite. El salmista tuvo luz natural, espiritual, comparó en fe o con buen juicio y concluyó con un argumento certero: “Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos”. Allí Dios es disfrutado, el alma goza el cielo estando en la tierra. ¿Significa esto que hay que probar el pecado y luego comparar con la senda cristiana? No, la Palabra de Dios da la luz para eso, por eso somos llamados a confiar: Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad” (Sal.37:3).


Significamos así, que estos deleites son comunicables en la senda del amor a Cristo. A un niño le es muy difícil aceptar que una inyección en su carne sea beneficiosa para sanarle, y esto porque no es agradable, pero con una mente madura, prudente o sana, un bien conveniente ha de ser también agradable a su buen juicio, aunque no lo sea a su mente carnal. Que el deleite sea agradable y honesto. Agradable en el disfrute y honesto en la manera de obtenerlo. Hay deleites legítimos e ilegítimos.  La idea es que no podemos deleitarnos o disfrutar un bien a menos que una manera u otra participemos de ese bien. Que los sentidos, el apetito, la imaginación, la memoria o la voluntad en un grado mayor o menor, por corto o largo tiempo lo posea o entre en contacto con el gozo divino.

 
Hermano amado: Haz todo cuanto tengas a tu alcance para ser dirigido al amor de Dios. Lo que deseo decirte es que el Espíritu de amor, virtud y sano juicio gobiernen tu vida; como está escrito: “Que el Señor encamine tu corazón al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (2Tes.3:5). Procura incentivar esa semilla divina de compasión y generosidad que fue sembrada en ti en el día de tu conversión. Procura además guardar tu alma de las codicias mundanas; desvía tus deseos a los tesoros celestiales, y no tanto a los bienes terrenales. También pon guarda a tu hablar, que tus palabras sean sabias, sazonadas con Gracia. Diariamente ama la lectura de tu Biblia, y procura estar en paz con todos tus familiares, amigos y relacionados. Esto te exhorto, por esta sencilla y poderosa razón: El deleite de Dios es para un alma santificada.

 

Amén

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