
Texto:
“Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón” (Mateo 6:21).
Sería imposible esperar el disfrute una gran herencia, y no darle mente. Cuando
estamos a la espera de una gran fortuna festejamos la mente con la imaginación
de lo que esperamos. Es obligado disfrutar los favores antes de poseerlos, es
esa imaginación y esperanza lo que nos mueve. Del mismo modo la contemplación
del cielo es una fiesta a la imaginación. La sentencia divina es bien clara:
“Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón” (Mat.6:21). Supongamos
un mendigo adoptado por la realeza de Inglaterra, no será difícil adivinar
donde estaría su imaginación durante el viaje hacia aquel palacio. Tiene paz
porque se acabó la pobreza, gozo porque es rico, y todo ello alimenta su
esperanza de la moradas celestiales.
Aquí hacemos conciencia que aun un poderoso discurso, racional y deleitoso a la
mente humana no puede afectar la volunta del hombre, sino que la obediencia a
la verdad es obra exclusiva de Dios en el poder de Su Santo Espíritu obrando
sobre la voluntad humana. En particular es, que esta vida de paz, gozo y sólida
esperanza es exclusiva de los verdaderos Creyentes, porque el Espíritu de Dios
reside sólo y únicamente en ellos. Leámoslo: “Por el poder del Espíritu Santo”.
Es harto difícil mover la voluntad de hombres y mujeres, aun de uno mismo. Los
padres son los que más poder han tenido sobre la
voluntad ajena, o sus hijos, y en el mejor de los casos no pueden moverlos a la
obediencia, a menos que Dios bendiga sus labores paternales. Si alguno piensa
el bien es cosa fácil que trate de controlar su imaginación, y de seguro no
podrá. Sólo y únicamente el Espíritu Santo puede controlar la imaginación y
llevarnos a paz y gozo que produce esperanza de vida eterna.
Amén.