
Texto: “Dice el necio en su corazón: No
hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables” (Salmos 14:1).
Este verso presenta dos asuntos: La naturaleza del ateísmo, y su efecto en la
sociedad. Sobre lo primero se nota, que el ateo no dice lo que le dijo su
conciencia o corazón, sino que le dijo a su conciencia o corazón, que no existe
el Creador: Dice el necio en su corazón. Es una convicción forzada. Si hubiese
atendido su conciencia de seguro que estaría de acuerdo con la verdad, que hay
un Dios Único y Verdadero. El ateo no sólo es irracional, ya que se pone en
contra del testimonio racional de su mente, y el mensaje que de continuo le
anuncia la creación, sino que además es injusto, detiene la voz natural de su
raciocinio y conciencia. Su efecto: El ateísmo produce inmoralidad: “Se
han corrompido, hacen obras abominables.” Esto es, que si el ateismo crece, la
sociedad se corrompe moralmente.
Allí sería difícil confiar en la gente, la predicación fiel del Evangelio se
ausenta, la compasión escasea, la crueldad se entrona, la violencia se hace
cotidiana, los robos se multiplican, las fornicaciones y la prostitución se
popularizan, la homosexualidad aumenta, la desconfianza ciudadana es mucha, y
las instituciones se debilitan. Un cuadro aterrador, todo indica como si la
humanidad se encamina hacia allá, y así está escrito: “Los malos hombres y los
engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2Ti.3:13).
Volviendo sobre la naturaleza del ateismo, sus seguidores piensan que no pudieran
saber nada sobre la existencia humana que no sea el morir, no aceptan la
resurrección del cuerpo, o les parece que no hay nada después de la muerte. Si
uno les dice que el libro de Génesis revela que Dios hizo el mundo, entonces
preguntan quién hizo Génesis. Si los apóstoles dicen que el mundo sería
disuelto, cuestionan quien se lo dijo. Si la Biblia revela que el día de la
muerte de Cristo hubo tinieblas sobre la tierra, dicen que no, sino la
coincidencia de un eclipse. Si la Escritura dice que Jesús hizo milagros con el
poder de Dios, arguyen que fue magia. Si Moisés narra como abrió el mar Rojo,
dicen que en cierta época del año el mar allí se seca. Si los Evangelios
testifican de la divinidad de Cristo; dicen que Jesús planeó en secreto con
Judas y María Magdalena. Son de persuasión forzada y presionan a otros. Ahora
oiga lo está escrito de ellos: “Si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre
los que se pierden está encubierto” (2Co.4:3).Es muy, pero muy triste, decir:
Que nunca creerán los que están ordenados a perecer.
Amén.