
Texto: “Simón hijo de Jonás, ¿me
amas? Le contestó: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Pastorea mis
ovejas” (Juan 21:16).
El amor al hermano es hijo de la piedad. Quien ama a Dios por Su propia causa,
de seguro que amará a su hermano: el amor de Pedro por Dios le capacitaría amar
a los que son de Cristo. El río del amor nace allá arriba, en la fuente de la
piedad. Quien beba agua del cielo, tendrá el cielo en sus venas, y podrá
soportar las debilidades del hermano.
La tendencia nuestra es amar y soportar a quienes son recomendados por los
grandes hombres o por su propia grandeza, pero el mandato de Dios es amar
aquellos que son recomendados por Cristo: “Cuando hagas banquete, llama a los
pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos. Y serás bienaventurado,
porque ellos no te pueden retribuir, pero te será recompensado en la
resurrección de los justos” (Luc.14:13-14); aplicado
al tema es soportar a los más débiles, ser compasivos con los que nos ofenden.
La semilla del amor al hermano es tan poderosa que puede germinar y dar buenos
frutos aun en tierra no apta, porque tu recompensa está en Cristo ama, pues a
los que Cristo te recomiende. Aquí es valido la encomienda que nuestro Señor
dio a sus discípulos: “Si hay allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre
él; pero si no, volverá a vosotros” (Luc.10:6); esto
es, que si soportas con paciencia en amor a tu prójimo, y el prójimo es bueno,
tu paciencia hará bien a otro, y si la persona no es buena la paciencia y el
amor empleado no se perderá, volverá a ti. Aun cuando pudieras toparte con
alguna cizaña, si ese fuera el caso, con todo y eso el Señor es bueno: Hagamos
Su voluntad. La indignidad del beneficiario no quitará tu celeste recompensa.
Cuando hagas el bien a otro, lo estás haciendo a ti mismo.
Por tanto, No podemos esperar que los otros nos soporten, si no estamos
dispuestos a hacerlo así con los hermanos. Cada uno de nosotros tiene fallas y
errores, y en eso debemos ser cuidadosos por equidad y justicia, porque Dios
paga con palos a los que dan palos: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”
(Mat.7:1); si no practicamos amor en soportar a los demás, tampoco lo
recibiremos cuando más lo necesitemos.
En lo particular. es muy reprobado quien tenga sus
deudas perdonadas, y aun así tome por el cuello a su consiervo y no le muestre
misericordia: “Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no
perdonáis de corazón cada uno a su hermano” (Mat.18:35). Piensa del amor de Dios
que fue tan paciente con nosotros mucho antes de que recibiéramos la luz de la
verdad y fuésemos llevados a la obediencia. Soportémonos unos a otros, y sobre
todo en nuestro caso que estamos atados por lazo de mellizos, porque somos
hijos de Dios e hijos de una misma patria. Que se diga de nosotros, como es
dicho de una de las Iglesia de Apocalipsis: “Escribe al ángel de la iglesia en
Filadelfia” (Apoc.3:7); hermanos que por amor a
Cristo nos amemos y soportemos en paciencia unos a otros en amor.
Amén.