Meditación Diaria

Meditacion del 10 de Marzo

Texto: “Más no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? ” (Lucas 9:54).

Es cierto que Elías bajó  fuego del cielo, pero no para consumir los posibles Creyentes, sino para quemar el holocausto. Entre aquellos dos estaba Juan el apóstol del amor. No se percataron ni habían entendido que estaban siendo entrenados, no para quemar gente, sino para luego venir donde esos mismos y predicarles el Evangelio con fines de salvarlos, no destruirlos. El punto es la debilidad aun de grandes apóstoles. Así que, no te desanimes de seguir tras Jesús a pesar de tus debilidades espirituales.

Es cierto que fueron impacientes o intolerantes con las debilidades ajenas, sin embargo actuaron como verdaderos discípulos, ya que no se limitaron a pedir fuego sobre los Samaritanos, sino que preguntaron al Maestro. La pregunta fue inmisericorde, pero consultaron. Es cierto que Jesús tenía poder para mandar sobre los cielos y la tierra, pero limitado a libertar las almas del pecado, no era para tanto. Le dieron un dedo y se cogieron el codo. Un verdadero discípulo de Cristo es como el automóvil que no va a otro lugar, sino sólo a donde el conductor lo dirija. Es como si ellos hubiesen preguntado: ¿Debemos dirigir el carro hacia allá?

Pregunta: ¿Donde reside su falta? Fue doble, presumidos, y deseos de venganza personal. Su arrogancia fue que no preguntaron si su moción era de Su agrado, sino que lo dieron como un hecho. Eso es soberbia o arrogancia. Pidieron permiso y eso es correcto, pero sin la voluntad el Señor consideraron correcto enviar fuego. El hecho de preguntar tal asunto deja entrever como si pensaran que Jesús se lo aprobaría, lo cual se constituye en ofensa contra el santo carácter del Señor. “Perdieron la chaveta”. Se hicieron crueles y vengativos. Su celo, no era de elogio, sino de censura. Pidieron igual trato que a Sodomitas, cuando su falta había sido simple descortesía.

Volvamos a leer: “Más no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén” (v53). Es muy probable que si Jesús hubiese venido como simple hombre y vestido para ir a Jerusalén le habrían recibido, pero no le recibieron porque se dirigía hacia la fiesta en Jerusalén, de modo que el rechazo no fue a Su Persona, sino a su nación, y quizás por el maltrato que habían recibido de los judíos en el pasado. No hubo rechazo de hijo de Dios, ni blasfemia, ni injurias, ni asaltos, ni persecución ni opresión. Todo se reduce a esto: “no le recibieron”. ¿Merecía eso ser arrasados con fuego de la faz de la tierra? De ninguna manera. Oigamos el merecido que Jesús había dicho que se aplicara: “Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos” (9:5). Y eso debía ser pronunciado sólo cuando fuesen rechazados como predicadores del Evangelio, pero aquí no se trata de eso, sino de simples viajeros que le han negado hospitalidad. Gran diferencia en los casos. Cuando corresponda, pues, hacer juicio en nombre del Señor no podemos ir más allá de lo que El mismo ha establecido en Su Palabra. No debemos ponerle la misma medida a las ofensas contra el Señor, hay grados.

 Amén

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