
Texto: "Las ancianas
asimismo sean reverentes en su porte… Maestras del bien" (Tito 2:3).
Alguno dirá, que esta verdad parecería entrar en contradicción con (1
Ti.2:11-12), donde se le manda a las mujeres a no tomar poder ni función
de enseñar en la iglesia. La respuesta es no, porque allá se refiere a la
congregación, pero aquí esta claramente definido y limitado quienes son las
alumnas de las ancianas, las mujeres jóvenes. No hay tal contradicción; uno se
refiere a una enseñanza pública y otra a una de carácter privado. Son asuntos
diferentes. Además que las lecciones a impartir no son temas abiertos, sino
deberes personales, cuyo fin es hacer a las mas jóvenes mujeres sabias para
toda buena conversación y conducta. Hasta aquí todo lo concerniente al carácter
de estas maestras.
Nuestro pasaje de hoy enseña claramente que el fruto de las hermanas mas viejas en la fe, debe ser visto en hacer las mas jóvenes
sabias en la sabiduría general de las piedad y la honestidad. La mujer virtuosa
abre su boca con sabiduría, refiere (Pro.31:26). Las esposas probadas en la fe,
se les da el privilegio de enseñar esta lección a mujeres mas jóvenes:
"Amar a sus maridos". La primera de todas las virtudes es el amor,
porque el amor es el líder de todo el resto y el jefe de las demás. Este amor
debe ser dispensado hacia dos objetos: el marido y los hijos, pero el esposo de
primero y los hijos de segundo, cada uno en su debido lugar y momento. Que este
amor de ella sobrepase todos los otros, el egoísmo y la propia comodidad deben
estar ausentes por causa de él. Será en la práctica de este afecto que ella
revelara a quien tiene por cabeza, ¿la de ella misma o la de él?
El marido son los espejuelos de la esposa, todo lo ve a través de él. La
protección de su visión estará asegurada siempre y cuando ella tenga puesto
estos espejuelos. Si tú miras de esta manera, entonces estarás librándote de
asumir responsabilidades y cargas, de este modo tu
alma siempre estará aligerada y libre de las amarguras que trae el usurpar
funciones ajenas. Sobre todo ama el alma de tu esposo, que tu mayor influencia
sobre él sea para librarlo del pecado, pero estudia antes el como y cuando
hablarle; en esto, y quizás solo en esto, debes imitar la esposa de Pilato: "Su mujer le mandó a decir: No tengas nada que
ver con ese justo" (Mt.27:19); ella fue ayuda
idónea. Sobre todo procura ser diligente con las cosas de tu marido y lucha
contra la indiferencia marital.
Amén.