
Texto: “A éste miraré con
aprobación: al que es humilde y contrito de espíritu, y que
tiembla ante mi palabra” (Isa.66:2).
Los montes tiemblan ante la presencia de Dios, y pregunto:
¿quedarían nuestros corazones fríos y muertos al adorar? ¿Acaso
somos más insensibles que los montes? Cuéntase que un rey
prometió una gran recompensa al hombre que le trajera el mejor presente.
Vinieron al rey un médico, un filósofo, un poeta, un negociante y
un mendigo. El medico trajo un remedio para rejuvenecer; el poeta con una
cautivante poema; el filosofo con un libro de grandes misterios; el negociante
con una joya de gran precio, y el mendigo se acercó al rey de rodillas y
le dijo, no tengo nada digno que darte, me doy yo mismo a tu servicio. Bendito
son, pues, los pobres en espíritu que se dan ellos mismos a Dios. Es
tener tu mente de acuerdo a cada parte de la adoración. Sentado cuando
haya que estarlo, cantado al alabar, orando al orar, y oyendo la
predicación. Las bendiciones del cielo son para esos: “A los
hambrientos sació de bienes y a los ricos los despidió
vacíos” (Luc.1:53). Un corazón
reverente en la adoración a Dios se proporcionará a sí
mismo muchos bienes.
La reverencia es una cualidad de mucha importancia en la adoración. Si
el corazón no está sintonizado con este estado del alma, no se
puede adorar. Cuando nos encontramos en la presencia del Presidente nuestra
reacción es ser circunspectos, de manera semejante el corazón
Creyente reacciona con reverencia ante la presencia del Creador:
“Entonces Moisés se apresuró a bajar la cabeza hacia el
suelo, y adoró” (Exo.34:8); la
reverencia es a la adoración como el calor al fuego, inseparables.
Si lees los Diez Mandamientos encontrarás que contiene sólo
dos preceptos positivos y ocho negativos; esto es, que solamente el Cuarto y el
Quinto son positivos, pero los demás empiezan con NO. A saber significa,
que en el servicio a Dios debemos ocuparnos más en evitar el pecado que
en hacer los deberes. En otras palabras, que el pecado perturba más la
razón que la carencia de Gracia. En tu caso significa, que para venir
adorar, lo primero es presionar tu corazón para evitar el mal, antes de
estar en condiciones de hacer el bien. Un instrumento como la guitarra, dejada
a sí misma se desafinará y no podrá ejecutar la
melodía, pero si está afinado es más fácil tocarlo.
Evitando tus faltas estarás en mejor condición de agradar a Dios.
Ten en cuenta que la comunión con el Señor se corta con el
pecado, más que por la carencia de Gracia. La frialdad y las
distracciones te hacen inadecuado para el Señor, pero el pecado aun
más. Presiona tu corazón a que se abstenga del mal. Amen.