Meditación Diaria

Meditación del 5 de Agosto

Texto: "El mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen" (Pro.6:23).

 

Es necesario tener una lámpara cuando uno se encuentra en un lugar oscuro, y la ley de Dios es una lámpara para disipar la oscuridad de este mundo y guiar nuestros pasos en seguridad. Cristo es el Sol de los justos, brilla sobre nosotros por la Palabra de Su Gracia, iluminando nuestras mentes en el conocimiento de cada útil verdad, y llevándonos  hacia un mundo mejor, donde esperamos conocer y experimentar la verdadera felicidad, el anhelo ferviente de nuestras almas.

 
Todos hemos experimentado, que las doctrinas y preceptos de la Palabra de Dios son útiles y agradables como la luz, pero no pensamos lo mismo cuando se trata de los reproches, los cuales son, en general, muy desagradables; sin embargo, son tan necesarios y beneficiosos como los principios de instrucción. Porque las amonestaciones nos advierten contra el pecado, y tienen una poderosa influencia para guardarnos de los lazos del Maligno: "Camino de vida son las reprensiones que te instruyen".

  
Esta cláusula contiene dos asuntos: Por un lado, que hay una senda de felicidad: "Camino de vida", una vía para ser librados de la muerte, y donde nuestra esencia como ser racional puede ser acentuada y mejorada, y por el otro, que esa vía tiene un nombre muy especifico: "las reprensiones que te instruyen", no todos los reproches son buenos, solo los que instruyen son los que benefician, porque cuando carecen de instrucción entonces no están motivados por el amor verdadero o son hechos en ignorancia; en tal caso no seria una buena reprensión, sino un hablar ofensivo o injurioso. El reproche Cristiano es muy necesario para santificarnos.

 
Entonces el reproche cristiano es en general: "El tierno y fiel argumento que decimos a un hermano en privado, con el fin de rescatarlo del error para traerlo a la verdad, y cuya causa es el celo por la gloria de Dios, y el amor a nuestro prójimo". Se ha dicho tierno argumento, pero no estamos ajenos a que los médicos puedan, en ocasiones especiales, emplear el afilado bisturí con la debida delicadeza y ternura.


El reproche es un acto de amor y misericordia, no de orgullo o vanagloria, pues se trata de ver al hermano en miseria o yerro espiritual e ir en procura de librarlo de la ira de Dios; por eso los medios para hacerlo no son el castigo ni la censura, sino el apropiado discurso o amonestación. Este medio solo es empleado cuando el propósito del reproche sea rescatar al pecador y sanar su alma; no obstante debe quedar establecido que no hay una regla fija en cuanto a su grado o intensidad, porque para algunos será mas tierno, en cambio a otros pudiera ser mas cortante.


El fin de este amargo remedio es rescatar al hermano del error, por tanto su aplicación debe estar basada en la verdad: "La palabra de Dios more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría" (Col.3:16); esto es, que el ofensor puede ver a Dios reprendiéndole en lugar del hombre; tal como Cristo reprendió a los fariseos con las Escrituras: "Hipócritas, bien profetizo de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra, pero su corazón esta lejos de mi" (Mt.15:7-9); el reproche debe ser insinuado como el asunto requerido, sea este por exhortación, amonestación o advertencia.

  
La misma forma se ve en el reproche dado por el profeta Natán a David (2Sam.12:1-7). El fin de la reprensión no es avergonzar ni destruir la buena reputación del hermano, sino traerlo del pecado al deber. Se trata de un hermano, alguien que procura ser una buena persona, de modo que no será difícil traerlo al camino de hacer el bien.

 
Cuando vayas a reprender a otro, cuídate de que eres inocente de ese mismo pecado. El culpable es digno de juicio por eso no esta en capacidad de juzgar a nadie: "¿Porque miras la paja que esta en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que esta en tu propio ojo?" (Mt.7:3).

  
Un pecador no está exonerado de la deuda de amor a todos, sino que está atado humildemente a reconocer su falta y abandonarla, para que pueda ayudar a otros con el mismo remedio que él ha sido beneficiado; siendo reprendidos aprendemos a reprender.  "Camino de vida son las reprensiones que te instruyen".

 

Amen.

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