Meditación Diaria

Meditacion del 22 de Mayo

Texto: “Simón hijo de Jonás, ¿me amas? Le contestó: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas” (Juan 21:16).


El amor al hermano es hijo de la piedad. Quien ama a Dios por Su propia causa, de seguro que amará a su hermano: el amor de Pedro por Dios le capacitaría amar a los que son de Cristo. El río del amor nace allá arriba, en la fuente de la piedad. Quien beba agua del cielo, tendrá el cielo en sus venas, y podrá soportar las debilidades del hermano.


La tendencia nuestra es amar y soportar a quienes son recomendados por los grandes hombres o por su propia grandeza, pero el mandato de Dios es amar aquellos que son recomendados por Cristo: “Cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos. Y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden retribuir, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (Luc.14:13-14); aplicado al tema es soportar a los más débiles, ser compasivos con los que nos ofenden. La semilla del amor al hermano es tan poderosa que puede germinar y dar buenos frutos aun en tierra no apta, porque tu recompensa está en Cristo ama, pues a los que Cristo te recomiende. Aquí es valido la encomienda que nuestro Señor dio a sus discípulos: “Si hay allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; pero si no, volverá a vosotros” (Luc.10:6); esto es, que si soportas con paciencia en amor a tu prójimo, y el prójimo es bueno, tu paciencia hará bien a otro, y si la persona no es buena la paciencia y el amor empleado no se perderá, volverá a ti. Aun cuando pudieras toparte con alguna cizaña, si ese fuera el caso, con todo y eso el Señor es bueno: Hagamos Su voluntad. La indignidad del beneficiario no quitará tu celeste recompensa. Cuando hagas el bien a otro, lo estás haciendo a ti mismo.


Por tanto, No podemos esperar que los otros nos soporten, si no estamos dispuestos a hacerlo así con los hermanos. Cada uno de nosotros tiene fallas y errores, y en eso debemos ser cuidadosos por equidad y justicia, porque Dios paga con palos a los que dan palos: “No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mat.7:1); si no practicamos amor en soportar a los demás, tampoco lo recibiremos cuando más lo necesitemos.
En lo particular. es muy reprobado quien tenga sus deudas perdonadas, y aun así tome por el cuello a su consiervo y no le muestre misericordia: “Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano” (Mat.18:35). Piensa del amor de Dios que fue tan paciente con nosotros mucho antes de que recibiéramos la luz de la verdad y fuésemos llevados a la obediencia. Soportémonos unos a otros, y sobre todo en nuestro caso que estamos atados por lazo de mellizos, porque somos hijos de Dios e hijos de una misma patria. Que se diga de nosotros, como es dicho de una de las Iglesia de Apocalipsis: “Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia” (Apoc.3:7); hermanos que por amor a Cristo nos amemos y soportemos en paciencia unos a otros en amor.

 

Amén.

Buscar Meditaciones

Fecha: