
Texto: “Al regresar ellos, acabada la
fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su
madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y
le buscaban entre los parientes y los conocidos” (Lucas 2:43).
Nótese: “le buscaban entre los parientes y los conocidos”. La religión en grupo
es fuerte estimulo, ayuda nuestra devoción. Fue la costumbre de aquellos
tiempos y lugares, que al regreso se juntaban en grupo de Jerusalén a sus
hogares. Un vecindario completo de subía y regresaba hubo que volver a nuestras
tareas diarias, y sucedió lo inesperado: “le buscaban entre los parientes y los
conocidos”. La religión en grupo es fuerte estimulo, ayuda nuestra devoción.
Ahora bien, nadie piense que hubo descuido en sus padres, de ninguna manera;
era la costumbre de la época. José nunca fue negligente con la encomienda que
le dio el Cielo sobre el cuido del niño. Era costumbre en el regreso que las
mujeres fuesen delante y los hombres detrás; José pensaría que el muchacho
estaba con su mamá, y ella que estaba con José. Lo que sí es claro que desde
niño su rostro era hacia el Templo. Sus padres sabían muy bien cual era la
disposición del niño, dulce y sociable con amigos y vecinos por eso cuando no
le hallaron buscaron entre el grupo: “le buscaban entre los parientes y los
conocidos”. También sabían, aunque oscuramente, que en El moraba la plenitud de
la Deidad, entonces fue propio encontrarlo en el Templo entre los teólogos de
la época. En ningún momento pensaron que se había extraviado en los montes
adyacentes al camino. Surge la pregunta: ¿Quién pudiera expresar las angustia
de la virgen cuando notó la ausencia del niño? Nadie puede saberlo. Es posible
que haya venido a su imaginación la profecía que dijo Simeón de que una espada
traspasaría alma. O quizás Arquelao el hijo de
Herodes había tramado algún plan macabro con el niño. No sabemos. Sí podemos
inferir las horas de angustias por el extravío. Que multitud de imaginaciones
sospechosas pudieron haber surgido en ellos. ¿Quizás que había decidido
regresar a su divina gloria sin avisarlo? El asunto es que aun desde niño el
sentido de Su ausencia produce tristeza en el alma Creyente, y Su presencia
gozo. La esencia del gozo Cristiano es sentir que Cristo nos ama. Será signo de
verdadera fe y amor, experimentar esos sentimientos que pudieron sentir los
padres del niño.
Amén.