Meditación Diaria

Meditacion del 12 de Junio

Texto: “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia” (Proverbios 28:23).

Es claro que su tema es la amistad y la manera de cómo fortalecerla, o cultivar mayor agrado con nuestro prójimo en una manera sincera, espiritual.  Hay aquí tres asuntos: El deber: “Reprender”; el objeto del deber: “Al Hombre”, y la recompensa: “hallará después mayor gracia”. Veamos sus detalles.

El deber es reprender. No dice injuriar, ni difamar, ni maltratar, sino reprenderlo. Lo cual supone que sabemos que ha cometido una falta digna de amonestación, no decimos mera falta, pues hay faltas en los amigos que el amor manda pasarla por alta, sino una que demande amonestación. Todos somos pecadores, si somos honestos tenemos que estar preparados para recibirla y administrar represión. El amor prohíbe el silencio. Por eso una mistad sincera, por necesidad debe incluir estos reproches para bien del alma. Ahora bien, hay que señalar que se trata de un deber circunstancial; esto es, en una situación tal que estemos obligados hacerlo. Que el tiempo, lugar y condiciones lo requieran, y si no lo hacemos, entonces caemos bajo culpa de desamor.

Pregunta: ¿En cuales circunstancias debemos reprender al hermano? La respuesta es así:


Con evidencias. Las faltas a reprender deben ser conocidas y evidentes, nunca por sospechas. El amor da el beneficio de la duda, antes de formular la acusación (1Co.13:7). Paréntesis: Nos encontramos considerando el reproche privado y personal, ya que el pastoral tiene otras reglas, aquello se trata de un oficio de gobernante, con otras características. Culpa probada. La reprensión debe ser por una culpa comprobada: "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar" (Ga.2:11), lo mismo se encuentra cuando el escándalo en Corintios: "De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación" (1Co.5:1); el profeta agrega: "No argüirá por lo que oigan sus oídos" (Isa.11:3), esto así, porque los iguales no tienen poder de castigo o disciplina sobre los otros. El fin de este fraternal deber es ganar al hermano no censurarlo ni castigarlo, porque Cristo no le ha dado a ningún hermano ese poder, sino sólo a los que gobiernan y con reglas ya establecidas en Su Palabra.

El objeto de la represión. Dice el texto: “Al hombre”. Lo cual debe ser entendido en su buen sentido; esto es, al buen hombre, al hermano, al amigo que amas. Como hombre es un ser racional. Es a los que están en la membresía de tu Congregación. Nuestras entrañas deben estar en nuestras palabras. Tal cual Cristo, quien al acercarse a Jerusalén con la vara en Su mano, tenía lagrimas en sus ojos: "Cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella" (Luc.19:41). Samuel tuvo que abandonar a Saúl, pero al dejarlo lloró (1Sam.15:35). Cuando lo hagas no olvide la exhortación apostólica, porque tenemos la inclinación a cometer el mismo pecado: “Hermanos, en caso de que alguien se encuentre enredado en alguna trasgresión, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Ga.6:1). El hacer el bien es lo único que destruye el mal. Sería crueldad espiritual apretar el dedo contra la herida del hermano sin experimentar dolor por él. Pablo es buen ejemplo: "Que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizás tenga que llorar por mucho de los que han pecado" (2Co.12:21). Oremos a Dios que se agrade en darnos gracia para cultivar un corazón así.

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