Meditación Diaria

Meditacion del 21 de Junio

Texto: “Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos” (Lucas 2:43).


Nótese: “le buscaban entre los parientes y los conocidos”. La religión en grupo es fuerte estimulo, ayuda nuestra devoción. Fue la costumbre de aquellos tiempos y lugares, que al regreso se juntaban en grupo de Jerusalén a sus hogares. Un vecindario completo de subía y regresaba hubo que volver a nuestras tareas diarias, y sucedió lo inesperado: “le buscaban entre los parientes y los conocidos”. La religión en grupo es fuerte estimulo, ayuda nuestra devoción.

 
Ahora bien, nadie piense que hubo descuido en sus padres, de ninguna manera; era la costumbre de la época. José nunca fue negligente con la encomienda que le dio el Cielo sobre el cuido del niño. Era costumbre en el regreso que las mujeres fuesen  delante y los hombres detrás; José pensaría que el muchacho estaba con su mamá, y ella que estaba con José. Lo que sí es claro que desde niño su rostro era hacia el Templo. Sus padres sabían muy bien cual era la disposición del niño, dulce y sociable con amigos y vecinos por eso cuando no le hallaron buscaron entre el grupo: “le buscaban entre los parientes y los conocidos”. También sabían, aunque oscuramente, que en El moraba la plenitud de la Deidad, entonces fue propio encontrarlo en el Templo entre los teólogos de la época. En ningún momento pensaron que se había extraviado en los montes adyacentes al camino. Surge la pregunta: ¿Quién pudiera expresar las angustia de la virgen cuando notó la ausencia del niño? Nadie puede saberlo. Es posible que haya venido a su imaginación la profecía que dijo Simeón de que una espada traspasaría alma. O quizás Arquelao el hijo de Herodes había tramado algún plan macabro con el niño. No sabemos. Sí podemos inferir las horas de angustias por el extravío. Que multitud de imaginaciones sospechosas pudieron haber surgido en ellos. ¿Quizás que había decidido regresar a su divina gloria sin avisarlo? El asunto es que aun desde niño el sentido de Su ausencia produce tristeza en el alma Creyente, y Su presencia gozo. La esencia del gozo Cristiano es sentir que Cristo nos ama. Será signo de verdadera fe y amor, experimentar esos sentimientos que pudieron sentir los padres del niño.

 

Amén.

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