
Texto: "Y cuando la reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón...Se quedo
asombrada" (1 Reyes 10:4-5).
La reina había hecho un largo y peligroso viaje y llegado a su destino y oír el
rey no se arrepintió de todo el esfuerzo y trabajo que le costo llegar hasta
aquí, y cuando vio la sabiduría de Salomón aplicada en la vida de la casa del
rey, y de la casa de Jehová, todo su ser fue afectado y quedo alelada,
literalmente desconcertada con agrado.
El escritor menciona varias cosas como causa de su asombro; la multitud de los
asistentes e invitados a la mesa, la colocación de los asientos, cada uno en su
lugar, el servicio de los criados, la adoración, la solemnidad y el servicio de
los ministros en el Templo. Pero lo ultimo mencionado es como la corona de la
descripción, esto es, la piedad o la expresión de amor del rey a la adoración
del Señor: " Y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová"
(v5). Hay que suponer que la mayor impresión de la reina debe haber sido sobre
su conciencia religiosa, en especial cuando pudo observar el fervor del rey y
su pueblo en adorar públicamente a Dios, ella nunca había visto tanta bondad
sabiamente mezclada con tanta grandeza.
Lo normal y corriente en la Saba mente natural es que
los hombres grandes y entendidos se dediquen por entero a cultivar el agrado de
las criaturas, a progresar en las cosas de este mundo, pero es muy poco
frecuente que se entreguen adorar al Creador. Es muy raro que los hombres
grandes tengan buen corazón: "Difícilmente entrara un rico en el reino de
los cielos" (Mr.10:33). Aquí fue diferente y
todo el cuadro le sorprendió gratamente, su espíritu desmayo y se quedo
turulata, nunca había algo semejante, sus ojos no se habían posado sobre tantas
maravillas. La hermosura del lugar le derritió el corazón.
Ahora hemos de fijarnos en como ella expreso su asombro: " Y dijo al rey:
Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría (vs.6-7).
Reconoce lo corta que se había quedado de la realidad del rey y su sabiduría.
Las cosas famosas de este mundo impresionan mucho nuestra imaginación, pero
cuando la conocemos, y nos adentramos en su conocimiento mas intimo, la frustración
aparece, porque es frecuente que nuestro ingenio mental vuele mas allá de la
realidad, pero aquí tenemos un cuadro contrario a esa común experiencia
de los hombres, su imaginación se quedo corta de la verdad. La verdad de
Dios excedió la imaginación y fantasía de la reina.
Así también sucede con la mente de los incrédulos respecto a la sabiduría
divina, ellos tienen buenos afectos hacia el Evangelio, dicen que les gusta,
que algún día les gustaría ser Cristiano, pero cuando por la gracia sean
llevados a la experiencia de los deleites que hay en la comunión con Dios,
dirán que lo que le habían contado no es ni siquiera la mitad de la verdad.
Cuando esto suceda en ellos, dirán como el mismo Salomón: "Todo lo que
puedes desear, no se puede comparar con ella" (Pro.3:13-18).
También los creyentes necesitan ser consolados por el principio encerrado en
este pasaje, porque cuando ellos sean glorificados en la venida de Cristo,
dirán que el reporte que les fue dado acerca del cielo era verdad, pero que tan
solo le dijeron una billonésima parte: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que
le aman" (1 Co.2:9).
La reina entonces pronuncio una bendición: "Bienaventurado tus hombres,
dichosos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu
sabiduría" (v8), como si dijera que todos ellos podían mejorar su
sabiduría oyendo al rey. Ella lo congratulo, pero también tuvo una envidia
inocente de sus criados, deseando ser como uno de ellos, hubiese querido estar
todo el día bajo la luz de esos excelentes conocimientos. En tiempo presente
sería como bendecir a todos aquellos que están de
continuo bajo el ministerio de las enseñanzas fieles del Evangelio glorioso de
Cristo.
La reina de Saba tenía las mismas facultades
racionales que Salomón, pero la diferencia entre uno y otro fue la bendición de
Dios, la luz del saber la da el Creador. Los árboles poseen todos los elementos
para crecer y dar frutos, pero si no les llega la luz del sol es como si no
tuvieran nada. Para ser sabios se necesita la luz del Sol de los justos el cual
es Cristo, pídele, pues a El:
"Y
si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a
todos abundantemente y sin reproche, y le será dada" (Stgo.1:5);
esto es, que la sabiduría debe ser buscada y pedida al Señor.
Amen.