Meditación Diaria

Meditacion del 23 de Abril

Texto: “Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar… Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:64,69).

Este último verso es una expresión de un corazón con fe y que se deleita en Dios. Es una expresión de grado en el alma. Algunos de ellos creían de manera racional, o era lógico aceptar que este hombre venía de Dios al hacer tantos milagros y prodigios, pero cuando llegó la prueba se volvieron atrás, su fe en Jesús fue simple ejercicio de razón. En cambio Pedro, aun cuando le negó tenía fe verdadera, venció la inclinación de su voluntad corrupta. En otras palabras, hay dos clases de fe, una intelectual y otra espiritual. Una se deleita en Dios por la Palabra revelada, y otra no puede. Dicho de otro modo, que hay un deleite en Dios meramente racional, y otro superior, el deleite de la fe.

 

Pregunta: ¿Cómo viene el deleite divino? Por medio de una iluminación de fe, la cual trae claridad y seguridad obrada por el Espíritu de Dios en el alma Creyente. Dicho de otra manera: Su inicio es en claridad del conocimiento de Dios y seguridad de Su amor. La bondad del Señor relacionado con uno.


La doctrina cristiana ha sido testificada por Dios mismo, y sus testimonios por naturaleza no pueden engañar. Es la verdad y lo sabe muy bien la conciencia humana, y sobre todo en el Creyente. Entonces no se necesita más que ganar el corazón humano y por necesidad lo conocido será deleitoso. A manera de contraste decimos: ¿Podrá el hombre natural tener más certeza que la seguridad de la muerte?, sin embargo son muy escaso en los que esta realidad afecte para bien su conducta. Esto nos lleva a decir sin duda alguna: Que la eficacia de un concepto depende de la evidencia en el corazón. Óigalo: “Creí; por tanto hablé” (Sal.116:10). Siendo, pues, la obra del Espíritu Santo dar convicción a la fe, entonces la fe nos lleva al deleite en Dios. Como se dijo, el deleitarse en Dios es además un instrumento de probación, ya que es una de las obras más radicales para probar el amor por Cristo. Repito la idea, si alguno se deleita en Dios, entonces es signo incuestionable que posee fe, tiene el poder de la verdad, como está escrito: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Sal.119:103). Sólo la fe capacita para hablar así, o decirlo sin fingimiento. La fe produce un efecto obligado en el corazón. El conocimiento de Dios produce deleite en el corazón del hombre o mujer Creyente.

 

Amen.

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