Meditación Diaria

Meditacion del 8 de Marzo

Texto: “Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura” (Números 13:31).


Ellos subieron a investigar confiando en sus propias capacidades, y ahora se muestra la verdadera motivación o la realidad de sus almas, que no confiaban en Dios, sino en ellos mismos. Eso es idolatría: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.” (v31). Dios nunca les dijo que haría esa obra con el poder de ellos, sino con el Suyo: “Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Jehová” (Ex.6:8). Así que, hubiese sido mejor examinar su propia debilidad, y no investigar la fortaleza de sus enemigos. Esa no fue no fue su tarea, sino confiar en la promesa divina. Si se hubiesen examinado, habrían visto sus debilidades, hubieran doblados sus rodillas en oración para mortificar el corazón incrédulo.  

 

De aquí aprendemos: Que cuando medimos nuestro éxito espiritual basado en nuestro propio poder, seremos vencidos antes de pelear. El que espera vencer el mal, no debiera ver sobre su propia poder, sino la boca y mano de Dios, quien lo ha prometido y es poderoso para cumplirlo. No tenemos fuerzas para luchar contra las obras de las tinieblas. Cuantas veces hemos sido avergonzados por las debilidades de nuestro carácter moral o le hemos daño a aquellos a quienes amamos, les prometemos cambiar de carácter y no podemos, repetimos las mismas ofensas contra el prójimo, caemos en desespero y nos deprimimos. No podemos, la lucha es desigual. Somos como hormigas frente al poder de los demonios, pero si vemos el poder de Dios, entonces no seremos frustrados; la victoria estará de nuestra parte. Oh si los hermanos viésemos esta realidad más a menudo, tendríamos mucho menos problemas entre nosotros mismos.


Volvemos al punto, la incredulidad anula la razón y borra de la memoria las buenas experiencias que hemos tenido con Dios. Los hijos de Israel olvidaron que los malecitas eran mucho más fuerte que ellos, lo mimos Faraón y su gente armada. El ejército de Israel destruyó los Amalecitas con sólo Moisés mantener su mano levantada, y los egipcios ahogados en el mar como si fueran plomo sumergido. Decimos que la incredulidad anula el buen pensar o razonamiento, porque el comparar es una facultad del buen juicio y ellos no pudieron comparar sus adversarios con otros, sino sólo con ellos mismos. Como si no estuviesen pensando, o estaban apoyado en su propia prudencia y capacidad. La fe es el canal para traer a nuestro favor el poder de Dios, pero la incredulidad lo aleja. El reporte fue veraz: “El pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas” (v28). El miedo les hizo subestimar su propia fuera, le rebajó sus propios tamaños y le agrando la estatura del enemigo. La desconfianza en Dios hace ver nuestros peligros más grande de lo que son, y nuestra ayuda más débil, y peor aun, predecimos una derrota más grande, y si el peligro es sólo una posibilidad, entonces lo vemos seguro. Desfigura la realidad, y somos vencidos antes de salir.  Pero si vemos el poder de Dios, entonces no seremos frustrados; la victoria estará de nuestra parte.

 

Amén.

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