
Texto: “… María
su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando
ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo
primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había
lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7).
Llegó el momento del parto, rápidamente hay que buscar donde acostar la mujer y
traer a luz el niño. Y esto sucedió, quien vino a salvar los hombres, es
enviado en su primer acostada a echarlo con los animales:” Lo acostó en un
pesebre”. Su hotel fue un pesebre y su cama un montón de paja, esa fue la
extraña cuna del Rey de reyes. Santificó la pobreza, o que no debemos quejarnos
cuando Dios nos llame a un condición donde tengamos necesidades temporales. Si
consideramos debidamente este humilde ejemplo no debiera haber nada que nos
produzca descontento
En su nacimiento no tuvo amigos que lo celebraran, ni siervos que le sirvieran,
sino animales recibieron al Rey de los cielos, quizás por eso el apóstol Pablo
escribe: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue
manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles”
(1Tim.3:16). Su humillación fue la más grande. Lo hizo por nosotros, para
salvarnos y enseñarnos que en este mundo de pecado el camino de la humillación
es la senda de la salud y victoria. Salud mental, emocional y anímica; victoria
eterna.
Ahora trasladémonos al lugar donde estaba ocurriendo todo esto, notaremos que
fue una noche oscura, o cualquiera que la ciudad siguió su curso normal como si
nada hubiese ocurrido, todo paso desapercibido; sin embargo, Dios dejó
testimonio de su obra, pues también participaron unos pastores, que si ellos
hubiesen estado roncando en sus camas, no hubiesen vistos los ángeles, ni oído
las buenas nuevas de un Salvador, así que su diligencia y vigilancia es
honrada con esta visión celestial: “Había pastores en la misma región, que
velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les
presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y
tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy
nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la
ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal:
Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente
apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a
Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena
voluntad para con los hombres!” (v8-14). Ellos estaban
cuidando el rebano, pero nada terrenal debe ser tan querido que no pueda ser
abandonado para ir donde Cristo. Cuidemos más nuestras almas que nuestras
posesiones. Un alma sensible que sea informada donde está Cristo, ha de salir
en su búsqueda, para verle y disfrutar con El para siempre. Por tanto, que tu determinación se mantenga,
no para seguir con la corriente del mundo, sino para que comiences hacer lo que
Dios manda, seguir a Cristo y heredar vida eterna. Jesús nació en un
pesebre; el emperador y su corte, ni los gobernantes judíos se enteraron. Sino
unos pobres pastores en el campo, ni siquiera en la ciudad; tuvieron la dicha
de ser invitados al nacimiento del Hijo de Dios. A ti te digo, que la compañía
de Jesús es, ha sido y siempre será con los humildes. Anda, pues, en la senda
de la humildad y El andará contigo.
Amén.