
Texto:"El
que da testimonio de estas cosas dice: ¡Si, vengo pronto! ¡Amen!
¡Ven,
Señor Jesús!" (Apoc.22:20).
La Iglesia transforma en una ferviente oración la promesa de Cristo. El asunto
no es que Cristo retarde Su regreso, sino que la Iglesia es fervorosa en pedir
lo mismo que El ha prometido, puesto que los deseos de los Creyentes son las
promesas de Dios, y la voz de Cristo y la Iglesia son una sola: El dice:
"¡Si, vengo pronto! ¡Amen!", y ella que desea la comunión y compañía
del Esposo exclama: "¡Ven, Señor Jesús!".
Todo quien crea cualquier cosa de Cristo, por necesidad desea verle, aun los
que vivieron antes de Su venida en la carne: "Abraham, vuestro padre, se
regocijo de ver mi día. El lo vio y se gozo" (Jn.8:56);
y el mismo afecto es poseído por los que viven después de Su primera venida. Todo
lo que sabemos de El es por carta o que otro nos lo ha contado, lo que hemos
oído es tan bueno que le creemos y hemos llegado amarle entrañablemente:
"A el le amáis, sin haberle visto. En el creéis; y aunque no lo veáis
ahora, creyendo en el os alegráis con gozo inefable y glorioso... Puesto que
habéis probado que el Señor es bondadoso" (1Ped.1:8, 2:3). Ellos han
experimentado Sus consuelos y amor, solo falta verle cara a cara, por eso
anhelan Su venida y constantemente oran: "Venga pronto tu reino", que
aparezca en gloria, majestad y realeza.
Hay algo en estas personas que inevitablemente los mueve a este ferviente
deseo. Ellos tienen el Espíritu de Cristo, las gracias de Cristo y recompensas
en El.
La gran obra del Espíritu es llevarnos junto a Cristo, y en esto expresa Su
deseo a través de la Iglesia: "El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! El que
oye diga: ¡Ven! El que tiene sed, venga. El que quiere, tome del agua de vida
gratuitamente" (Apoc.22:17); esto lo hace porque
Su ocupación es casar nuestras almas con Cristo, entonces siendo dada la
promesa de matrimonio, o estando ella desposada, es propio en ella clamar por
su marido, ella solo tiene el contrato de matrimonio en la mano, pero la unión
plena no se ha efectuado: "La esposa dice: ¡Ven!". Por el contrario
los incrédulos son de otra mente, puesto que todos ellos aman, no a Cristo,
sino al mundo y la cosas que están en el mundo, y tal cual espíritus inmundo se
disgustan contra Cristo y gritan contra Jesús con este lenguaje: "¿Que
tienes con nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de
tiempo?" (Mat.8:29). Pero el Espíritu Santo que mora en la esposa es de
otra naturaleza, y nos ha dado otra inclinación, mientras mas
pronto venga Cristo, mejor.
Ellos también tiene fe, esperanza y amor en El. La fe
cree que el Señor Jesús están bueno como Sus palabras: "Voy, pues, a
preparar lugar para vosotros. Vendré otra vez y os tomare conmigo" (Jn.14:2). El amor es un afecto de unión, y por ello se
desea siempre estar con la parte amada: "Tengo el deseo de partir y estar
con Cristo, lo cual es muchísimo mejor" (Fil.1:23).
Ahora mismo cuando oímos Su voz se hace dulce al paladar del alma, y pensando
en esto se concluye, que si ahora la reconciliación ha sido placentera, cuanto mas su disfrute. Ahora El tiene comunión con nosotros en
nuestra choza de barro, por eso deseamos y anhelamos estar con Jesús en Su
palacio de gloria, y para invitarnos a poseerlo nos diga: "Entonces el Rey
dirá a los de su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino que ha
sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo" (Mat.25:34).
Ese día será también de recompensa para todo verdadero Creyente: "He aquí
vengo pronto, y mi recompensa conmigo" (Apoc.22:12);
El no viene con las manos vacías, sino llena de premios para todos y cada uno
de los creyentes, aun para el de menor fe tendrá recompensa. En aquel día El
llenara de gloria a honor a los Cristianos, y lo hará delante de todos aquellos
que te oponían y te despreciaban. Lo consuelos que vienen ahora de El son
secretos, solo conocidos por uno mismo, pero en Su regreso será gloria publica:
"Por lo demás, me esta reservada la corona de justicia, la cual me dará el
Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no solo a mi, sino también a todos los
que han amado su venida" (2Tim.4:8).
¿Como esperarlo? La sobriedad es una Gracia de suma importancia en eso de estar
preparados para el regreso de Cristo. Lo contrario de
sobrio es ebrio o sin el uso debido de la razón, sinónimo de sobriedad es
moderación en todo. Con relación a eso el apóstol Pedro nos dice: "Por
eso, con la mente preparada para actuar y siendo sobrios, poned vuestra
esperanza completamente en la Gracia que os es traída en la revelación de
Jesucristo" (1Ped.1:13).
Al leer uno se pregunta: ¿En que debemos ser sobrios, si nunca hemos estado
ebrios?, a seguidas el apóstol agrega: "Como hijos obedientes, no os
conforméis a las pasiones que antes teníais, estando en vuestra
ignorancia" (v14).
Los asaltos del diablo se dan en el Creyente, cuando la puerta de la sobriedad
es dejada abierta, o que el enemigo de nuestras almas saca ventaja sobre
nosotros por medio de las pasiones inmoderadas, nos embriagamos con las cosas
del mundo. Como dice Calvino: "Que ser sobrio y velad no es otra cosa que
estar atentos contra el diablo y resistiéndolo".
Haz esto, y el regreso de Cristo no será como un lazo para ti, ni tu mente será
sacudida sobre la certeza de Su regreso en gloria.
Amen.