
Texto: “Yo dije en medio de mi
tranquilidad: No seré movido jamás. Tú, oh Jehová,
por tu buena voluntad estableciste mi monte con poder. Pero escondiste tu
rostro, y quedé turbado… Escucha, oh Jehová, y ten
misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador" (Salmos 30:6-7,10).
Cuando el salmista estuvo disfrutando facilidad terrenal, entonces fue tentado
a confiar en su propio poder. Pero este texto enseña, que las cosas
terrenales no son dadas para nuestro mero descanso, tales como honor, dinero,
amigos, etc., más bien son dadas para nuestro disfrute y consuelo en el camino
al cielo, siendo la roca firme de sostén, no las criaturas, sino el Creador.
Las porciones aquí son para gastarlas o más bien invertirlas en nuestra
principal empresa que es el cielo. Dios ha sembrado la Gracia de la fe en
nosotros, para que nuestras almas puedan ser llevadas a El mismo y no se echen
sobre cosas vanas que perecen, hasta este punto son buenas si no confiamos en
ellas. Si confiamos en amigos o en cualquier buen estado, más que en Dios,
estamos haciendo ídolos de ellos. Un avaro es alguien que cree que el dinero le
resolverá todos sus problemas.
Una de las lecciones divinas en nuestro peregrinar es permitir que corramos
lejos confiando sobre las cosas de este mundo, luego Dios las quita y el
Espíritu Santo nos conduce de nuevo al camino hacia el Creador: “oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi
ayudador”. Todo verdadero Cristiano sabe que las cosas de este mundo tienen un
sabor diferente a las celestiales, más temprano que tarde sale su propio amargo
y allí mismo se les da a saborear las del cielo, lo cual inclina el corazón a
la salvación. Por naturaleza espiritual ellos tienen la capacidad de gustar lo
excelente y el Espíritu de Dios los conduce hacia ese manjar. La Gracia y lo
natural tienden a busca el mismo bienestar, la diferencia es que la primera lo
hecha en cisternas rotas, en cambio la Gracia es la fuente de toda corriente de
felicidad.
La naturaleza lo ilustra. Si tomas un recipiente cerrado y le echas agua, al
cabo del tiempo el agua desaparece para regresar a la fuente. Entonces se puede
afirmar que el descubrimiento de la verdadera felicidad se inicia diferenciando
lo verdadero de lo falso. Hasta que alguien no descubra esto no puede decirse
que está en condiciones de llegar a ser feliz. Pues así el alma podrá ver lo
que es mejor y seguro, para luego descansar sobre eso y trabajar para eso. Las
criaturas o el Creador. Las criaturas son buenas mientras ayuden a tener los
ojos de la fe abiertos; esto es, ver al Creador, en las buenas o en las malas:
“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le
aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito” (Ro.8:28). No es pequeño privilegio lo que el Señor concede
algunos de despertar el paladar con aperitivos de esta tierra, para que luego
puedan disfrutar a plenitud de los deleites de una más alta naturaleza.
Amén