Texto: “Y
enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés
en tierra de Galaad, a Finees
hijo del sacerdote Eleazar, y a diez príncipes con él: un príncipe por cada
casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era jefe de
la casa de sus padres entre los millares de Israel” (Jos.22:13-14).
La actitud fue de guerra, y la acción presente, diálogo. El designio de tal
sabiduría fue indagar y disuadir. Averiguar el propósito del maltrato, y
disuadirlos de lo que los hijos de Israel suponían que fue el propósito. Será
la sabiduría quien dirija correctamente el celo religioso, y nos guardará de que termine en furia carnal. Si la discreción no toma las
riendas en situaciones de posible contienda, al caballo y al jinete se les quebrarán
el cuello. Sin la sabiduría bíblica, el celo por Dios nos aparta de Dios.






