Texto: “Y se
enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová
Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca
de esto, que no siguiese a dioses ajenos; más él no guardó lo que le mandó
Jehová. Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has
guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo
entregaré a tu siervo” (1 Reyes11:9).
Hubo tiempo en que el Señor se agradó de las obras de Salomón, en cambio ahora
se enojó, y no era para menos; sin embargo el enojo fue con una gran dosis de
compasión, porque no lo mató ni lo despreció, sino que lo castigó como hace un
padre con su hijo rebelde. El castigo fue castigo de hombre: “Por cuanto ha
habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé,
romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo” (v11). O que en medio de
esta horrible escena hay una copa de consuelo. Lo castigó, pero no lo mandó al
infierno.






