Texto: "Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro,
y he aquí Dios me ha hecho ver también tu descendencia" (Génesis 48:11).
Jacob ahora está ciego, y no puede ver ni siquiera sus propios hijos, aún así
su corazón está lleno de gozo y su boca de alabanzas para con Dios. El saboreó
la ternura del Señor en el abrazo que dio a sus dos nietos: "Y dijo Israel
a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu
descendencia" (v11). Atribuye toda su felicidad al favor divino.
Un abuelo cualquiera puede gozarse con sus nietos, pero los gozos de esta
escena están santificados, son mucho más dulce, pues
se trata no solo de volver a ver sus hijos, sino también de ver el favor de
Dios en ellos, sus sentidos y su conciencia hicieron fiesta para alegrar el
corazón de este buen hombre.






