Texto: "Sea el mundo, sea la vida, sea la
muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro" (1 Corintios 1:22).
El Nuevo Testamento nos enseña que las aflicciones o los sufrimientos de los
Creyentes fueron comprados por el Señor Jesucristo para los suyos. Nótese que
Pablo dice que la muerte, el rey del miedo y de las angustias, es aquí citado
como uno de los bienes que Cristo compro en Su sacrificio, y lo compro para
usted y se lo dejo a usted. Si la muerte es suya, todas las aflicciones que son
hijos de ella, también son suyas, y uno se pregunta: ¿Quien va a tener miedo de
lo que es de su propiedad?
Por otro lado se nos dice que son parte de los dones de Dios: "Porque se
os ha concedido a vosotros, a causa de Cristo, no solamente el privilegio de
creer en el, sino también el de sufrir por su causa" (Fil.1:29); Cristo no
da males a los Suyos, de ninguna manera, y aunque estas aflicciones parecen ser
un mal, en realidad son un bien.






