Texto: "El que creyere no se apresure"
(Isa.28:16).
Es claro de nuestro texto, lo que el precepto divino establece con relación al
ejercicio de la fe en Dios. Entiéndase que quien espera en el Altísimo no es
precipitado. Una de las maneras más usual de tentar a Dios es cuando somos
impacientes esperando Su ayuda, como si nos ofendiera la senda que El ha
establecido para hacerlo. Espera, pues, en la misericordia divina en el poder,
la bondad, y en los términos del cielo, y no en los de la tierra.
Por tanto, cuidémonos de no limitar el poder de Dios en nuestras imaginaciones,
o pensar que Dios solo puede actuar según nos parezca.
Entiende, pues, que seria un gran pecado limitar la misericordia de Dios, como
también limitar Su poder en tu corazón. Se tienta a Dios con respecto a Su
providencia, cuando establecemos en nuestro corazón el tiempo, la manera y los
medios de El obrar; esto lo hacemos al limitar Su sabiduría y poder, como si el
Creador no pudiera hacer mas de lo se concibe como probable, o que nada mas
puede ayudarnos como pensamos, como aquel niño que al iniciar sus estudios de
aritmética concluyo que el numero nueve solo es posible al sumar seis mas tres.
Para que la impaciencia no te coja desprevenido, ten presente, que recibirás
una sentencia de muerte, antes de una gran misericordia.






