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Nuestro Blog

Jesús
Lo que el nombre "Jesús" nos revela sobre El Hijo de DiosLeer Mas

Nos Afanamos porque dudamos del Amor de Dios
¿De donde surge la ansiedad? ¿Cual es la raíz del afán?

Mateo 6:28-30 nos da la respuesta.

28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
¿Por qué nos afanamos por las necesidades temporales?Leer Mas

El Principio espiritual y la experiencia
El orden de la vida cristiana es así: Uno oye la verdad, luego asiente en el corazón o lo cree, y finalmente uno conforma la conducta a ese principio evangelico aprendido: “Conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad” (Ti.1:1). Esto es, que el fin o propósito del Evangelio es formar personas piadosas, o trasformarlos a la imagen de CristoLeer Mas

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Expositor: Juan José Pérez

Sermón: El celo que destruye y la gracia que salva

Descripción:

Expositor: Oscar Arocha

Sermón: La voluntad de Dios para ti

Descripción:

Expositor: Juan José Pérez

Sermón: El camino olvidado hacia la grandeza

Descripción:

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Meditacion del 31 de Marzo

Texto: “Jehová es quien hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Salmos 103:6).


Es sabio que mejores manos nos defiendan, que hacerlo uno mismo. En ocasiones nos hemos encontrado en situación tan desaventajada que sin uno pedirlo otros hablan por uno y nos defienden. Cuanto más el Justo Dios abogará por la causa de los mansos. Recordemos que el trabajo mayor de la mansedumbre es cuando somos provocados, y en esto volvemos al ejemplo de David, quien fue provocado por aquellos que buscaban su mal, y le tendieron trampas con improperios de todos los colores en su contra para ver si caía en el gancho, sin embargo oiga como dijo: “Pero yo, como si fuera sordo, no escuchaba, y era como un mudo que no abre la boca” (Sal.38:13). Ahora preguntémosle al hijo de Isaí: ¿Por qué no respondiste a las provocaciones, y el dice: “Pues en ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, oh Jehová, Dios mío” (v15).




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