Texto:"Pues aunque andamos en la carne, no
militamos según la carne" (2 Corintios 10:3).
En principio, estas palabras son una defensa a los comentarios negativos o
ataques que habían hecho los corintios al apóstol Pablo con relación a su
apostolado, pues ellos injustamente interpretaron gentileza, condescendencia y
amabilidad de Pablo como un propósito egoísta, como una adulación del apóstol
par ganarlos u obtener la aprobación de ellos a su persona; pero aquí se
defiende diciéndoles que Cristo no necesita de tales métodos, sino que el
método divino es con armas espirituales.
Que la obra del ministro es una lucha, ellos están enrolados en una milicia,
son militares en un pleito espiritual contra enemigos espirituales y para un
propósito espiritual. Y aunque los verdaderos ministros andan en la carne, o
viven en el cuerpo, y en los asuntos del diario vivir como los demás seres
humanos, ellos no son regidos con los mismos principios bajo lo cual vive la
humanidad, cuyo fin es complacer los deseos carnales, sino que por el contrario
ellos deben crucificar sus afectos y deseos mundanos. Es cierto que todos ellos
tienen malos deseos, porque estos no desaparecen hasta que uno se muera, pero
los malos deseos son mortificados, no pasan de ser eso, solo deseos, que en el
patrón general de sus conductas mueren en el mismo lugar donde nacen, en la
naturaleza pecaminosa o el malvado.






