
Texto: "Yo soy la vid, vosotros las ramas. El
que permanece en mi y yo en el, este lleva mucho fruto. Pero separados de mi,
nada podéis hacer" (Juan 15:5).
De la boca de Cristo salió esta sentencia, de lo cual se infiere que los que
hagan descansar sus almas en su propio poder natural, terminarán apostatando si
no recapacitan a tiempo, y la razón es sencilla, es que no hay en el hombre
poder suficiente que pueda sostenerlo a sí mismo.
Aprendamos, pues, de los apóstoles quienes fueron débiles hasta que vino sobre
ellos el poder de arriba. Recuerde como fue Pedro avergonzado con la pregunta
de una doncella: "Le dijo Pedro: Señor, ¿por que no te puedo seguir ahora?
¡Mi vida pondré por ti!... Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿Tú no
serás también de los discípulos de ese hombre? El dijo: No lo soy"
(Jun.13:37 y 18:17). Por esto en toda caída, prueba, desaliento en que caigas,
no busque poder en ti, sino en levantas tus ojos al poder de la resurrección de
Cristo, cuyo Espíritu es suficiente para todo: Todo es de El, por El y para El.
Por eso cuando estemos frente a tales peligros hagamos como Josafat: "Oh Dios nuestro, ¿no los juzgaras tu? Porque nosotros no
disponemos de fuerzas contra esta multitud tan grande que viene contra
nosotros. No sabemos que hacer, pero en ti ponemos nuestros ojos. Todo Judá estaba de pie delante de Jehová, con sus pequeños, sus
mujeres y sus hijos" (2 Cro.20:12-13).
Satanás sabe muy bien que nada puede prevalecer contra Cristo o contra los que
descansan en Su eterno poder. Por eso se pasa el tiempo tratando de mantenernos
en nosotros mismos y en las criaturas. Sobre esto el ministro Sibbes dijo: "Quien comienza con auto confianza,
terminara en vergüenza". El mayor de los apostatas es Satanás, el fue un
ángel de luz y cayo de la verdad por su propia voluntad y trata de arrastrar a
todos con el. El es un espíritu maldito echado del paraíso y labora para que
los hombres tengan el destino de condenación que el diablo tiene. Fue sacado
del paraíso por su pecado, y por la envidia no soporta que criaturas de menor
rango que el puedan disfrutar la eterna felicidad del cielo que Dios ha
prometido a todos los que aman a Cristo.
El cristiano que vela y ora será librado de las tentaciones que conducen a la
caída. Hay vientos que combaten contra grandes árboles movimiento tras
movimiento hasta hacerlos caer. El daño de los ciclones no es tanto el furor de
cada viento, sino la recurrencia de los mismos, por eso hay que mantenerse
velando. No es fácil mantenerse en pie ante tantos ataques. Para una persona
permanecer en pie trabajando con eficiencia, necesita el descanso diario del
sueño. El poder de estar en pie viene de saber descansar en Cristo, y quien no
aprenda esto puede caer en cualquier momento.
Lo que es sincero es constante. Esta constancia nos asegura ser verdaderos:
"Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venia a el diciendo:
'Hazme justicia contra mi adversario. El no quiso por algún tiempo, pero
después se dijo a si mismo: 'Aunque ni temo a Dios ni respeto al hombre, le
haré justicia a esta viuda, porque no me deja de molestar; para que no venga
continuamente a cansarme" (Luc.18:3-5); el caso
de la viuda ilustra este principio de la sinceridad. En otras palabras,
esforcémonos para ser constantes.
Amen.