
Texto:
“Nos escogió en el desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos
y sin mancha delante de el” (Efesios 1:4).
Los hombres, cuando van referir el hecho de que tienen un cabal conocimiento
sobre el carácter de uno de sus semejantes, por lo general, dicen conocer esa
otra persona desde hace ya mucho tiempo, o que ha transcurrido lo suficiente
recibiendo información que se encuentran en capacidad de emitir un justo juicio
sobre ese otro.
Con relación a Cristo, la mente de ningún hombre puede trazar desde el
principio la trayectoria de ese amor, y la razón es bien sencilla, porque tal
amor es desde eternidad hasta eternidad. Ahora recibimos sus frutos y efectos,
pero cuan antigua es la raíz que lo sostiene.
Cristo ama los Suyos desde antes de la formación y el inicio de este mundo, y
así mismo continuara amándolos, y cuando los cielos que vemos ahora sean
desvanecidos, y la tierra sea hecha cenizas, nos seguirá amando, como esta
escrito: "Cuando dio al mar sus limites y a las aguas ordeno que no
traspasasen su mandato. Cuando establecía los cimientos de la tierra, con el
estaba yo, como un artífice maestro. Yo era su delicia todos los días y me
regocijaba en su presencia en todo tiempo. Yo me recreo en su tierra habitada,
y tengo mi delicia con los hijos del hombre" (Pro.8:29-31); como el
arquitecto que esta edificando un lugar, donde su deleite no es tanto la
hermosura de la casa, sino que el objeto de su amor son los inquilinos, tal es
lo que se nos revela aquí sobre el amor de Cristo a los Creyentes.
Este amor es trascendente, penetra en el tiempo y mas allá del tiempo, antes y
después de la creación de los cielos y la tierra; pero uno de los aspecto que
mas llama la atención de este amor, es lo raro y extraño que es, sobre todo
cuando lo comparamos con el amor de las criaturas, véase como se habla de el en
otro lugar: "Porque aun siendo nosotros débiles, a su tiempo Cristo murió
por los impíos. Difícilmente muere alguno por un justo. Con todo, podría ser
que alguno osara morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con
nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros" (Ro.5:6-8); esto es, que Cristo vio desde la eternidad, lo
que en Su tiempo iba a ejecutar por Sus elegidos.
El vio los objetos de Su amor desde antes del tiempo, no ignoraba que tu tienes
un corazón natural perverso y depravado, y como no puede ser comparado con
ningún amor sobre la tierra, es que El compara Su amor por los pecadores
perdidos con el amor del Padre por El: “Como el Padre ha amado, así también yo
os he amado" (Jn.15:9); esto es, que Su amor es
eterno, inescrutable e inmutable.”
Amen.