Meditación Diaria

Meditacion del 9 de Septiembre

Texto :"Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad" (Santiago 2:12).

 

 Que la Ley en las manos de Cristo es una ley de la libertad.

 

     ¿Que es una ley?: "No estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo" (1Co.9:21). Toda ley tiene un yugo, pero el del Cristiano es ligero y fácil de llevar. Es cierto que no hay rigor, pero si una beneficiosa regla: "Oh hombre, el te ha declarado lo que es bueno" (Miq.6:8). La aceptable voluntad de Dios es descubierta en la Ley, y la parte moral de las Escrituras no es sino el comentario de ella.  Además es imperativo, pues no hay ley  que no sea obligatoria por definición: "La ley es santa y el mandamiento justo, santo y bueno" (Ro.7:12).

     

     Ella requiere una obligación perpetua, pues si la ley no fuera obligatoria, entonces no habría pecado, ya que "el pecado es trasgresión de la ley" (Jn.3:4). La conciencia natural se sentiría ofendida por esa doctrina, pues haría que el crimen, el incesto y el adulterio no serian pecado; por esta razón no es sino un vano concepto de ciertos hombres profanos en estos tiempos, quienes piensan tontamente que el evangelio nos libra de la obligación de la ley, porque hemos sido librados de la maldición de ella. De ser así todas las obras serian adoración voluntaria y el pecado un pasatiempo inofensivo.

 

     Hay un gran tratado o convenio de libertad comprado por Cristo. Hemos sido librados de la ley, como un pacto de obras.  No estamos atados al rigor y exactitud que ella requiere. La vida y la gloria no han sido ofrecidas en términos tan estrictos. Debemos procurar exactitud en la obediencia, pero no para desesperarnos sino lo alcanzamos. La exactitud de obediencia es por amor, pero no para salvarnos. Un buen corazón no puede ofender al buen Dios, sin dolerse por la ofensa. Tenemos más ayuda y más ventajas, por eso debemos ser cuidadosos con el deber: "Si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos" (Fil.3:11), es decir la santidad de ese estado. La obediencia que se requiere  de nosotros no es como sirvientes, sino como hijos: "Y los perdonare como el hombre que perdona a su hijo que le sirve" (Mal.3:17).

 

     Libertados somos de la maldición y de la condenación. La ley  puede condenar las acciones, pero no puede condenar las personas de los Creyentes. Para ellos el juicio es sobre las cualidades de las obras, pero no sobre la personas. Ellos, nos dicen las Escrituras: "Están muertos a la ley (GAL.2:19). Por eso dice el apóstol: "Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Ro.8:1). Somos librados de la ira de la ley: "El pecado tomando ocasión del mandamiento" (Ro.7:8). Cuando al corazón carnal se le prohíbe algo, entonces aumenta su deseo, se pone peor, como las aguas cuando su curso normal se detiene que se desbordan". Pero el corazón en la Gracia cuando se le hacen las prohibiciones del Evangelio, humilde se somete y es motivo suficiente para el deber.

 

 Somos librados de la esclavitud y el miedo. Por naturaleza todos los deberes del humano son hechos por un principio de esclavitud: "Pero no hemos recibido el espíritu de esclavitud para estar en temor" (Ro.8:15). En el AT el principio del deber y adoración era el temor: "El todo del hombre es temer a Dios y guardar sus mandamientos" (Ecl.12:13). Pero en el NT el principio es el amor: "El amor de Cristo nos constriñe" (2Co.5:14) y luego: "Este es el amor, que guardemos sus mandamientos" (Jn.5:2).

 

     Esto nos muestra lo ligero y fácil que es el yugo de la ley de Cristo, la ley de la libertad; porque para otros es la ley del rigor, la ley de muerte y esclavitud. Podemos "servirle sin temor" (Lc.1:57), esto es sin el miedo esclavizante. El cristiano es elevado por sentimientos santificantes, motivos de Gracia y consideraciones de gratitud. Mira a ti mismo si estas en Cristo. No te incomodes con el mandamiento, sino del pecado. Servimos al Señor Jesucristo por amor, él nos amo primero y nosotros le hemos correspondido, él es el esposo amado de nuestras almas.

 

 Los que son de Cristo marchan bajo la bandera del amor y los privilegios del evangelio y cuando ellos vengan a ser juzgados lo serán por los términos del evangelio: El Juez que los juzgara será su Hermano Mayor, el mismo que murió por ellos en la Cruz del Calvario.

 

Amen.

 

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