Meditación Diaria

Meditacion del 21 de Abril

Texto: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Juan 16:8).

La idea aquí es que Dios comunica una revelación de Sí mismo al Creyente, que lo satisface y lo deleita.  Cuando el deseo de un hombre está sintonizado sólo en Dios, lo que le llena es conocerle aun más. Note que la revelación divina en el corazón de todo buen hombre satisface el alma, llena el corazón, que basta o es suficiente. Y en otro lugar el profeta lo escribe así: “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová” (Ose.6:3). La declaración del profeta denota entusiasmo, o inicio deleitoso, o que la entrada al deleite inicia con una iluminación del cielo. La ausencia de luz perturba, impide ver la entrada a la fiesta, pero si el lugar está debidamente iluminado el corazón se alegra de lo cercano  de la fiesta, nótese: “conoceremos, y proseguiremos”; luz o conocer es previo al entusiasmo. Dicho de otro modo es, que cuando Dios comienza mostrar misericordia, seguirá, y nos meterá dentro de su habitación de deleite. Recordemos que nuestro personaje habitaba en época de oscuridad, y al ver la aparente felicidad de los impíos, sus sentimientos experimentaron: “Impaciencia… envidia… enojo… excitación hacer lo malo” (Sal.37).


Entonces el remedio para tiempo como el que nos ha tocado vivir es, deleitarnos en Dios; lo cual se inicia con una entrada de luz. Lo que se desea significar es: Que el conocimiento de Dios produce gozo, alegría o deleite en el corazón del hombre o mujer Creyente. El Señor Jesús lo dice maravillosamente: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn.17:3). Vida es equivalente de gozo, alegría o deleite. El sentido de este texto es paralelo al del salmista: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, para inquirir en su templo” (Sal.27:4). Esto así, porque es un dictado de nuestra naturaleza conocer cada vez más del original de donde venimos, o conocer más al Creador. El asunto es conocer al Señor y sus tratos con nosotros de manera más clara y distintiva. Quien mejor conoce un marido es su propia mujer. Y si ella está en peligro, con oír los pasos del marido o protector, siente seguridad, crece en ella un claro sentido de preservación, y esto le da gozo o deleite, conlleva sentido de confianza al corazón. Sea esta nuestra oración: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Jn.16:8).

 

Amen.

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