
Texto: "Pero viendo José que su padre ponía la
mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto"
(Gen.48:17).
A menudo no nos es posible conocer a ciencia cierta la manera providencial con
que Dios trata los Suyos, pues aun santos muy amados por el cielo son
desagradados con inusuales providencias, y tal cual lo señala el texto: José se
disgustó.
José se sintió ofendido por la acción de su padre, sin embargo no debemos
culparlo sin la suficiente evidencia del caso, porque si José hubiese imaginado
que Jacob puso así las manos, no por su propio gusto, sino por la guía del
Espíritu Santo, de seguro que no atribuiría faltas a su papa, sino que se
hubiese inclinado para adorar al Dios Soberano, puede decirse que esto fue una
primera, pero breve, reacción. José no es que en si vio faltas, mas bien
atribuyo el hecho a un accidente del patriarca.
El hijo de Raquel aprendió el valor espiritual de la primogenitura del
testimonio que le enseño su padre, y así actuó, de manera que no se trata de
una falta de afecto filial. Su enojo es muestra de su gran reverencia hacia
Jacob, porque este hijo era incapaz de un desafecto de tal naturaleza hacia su
progenitor. El actuó de acuerdo a las enseñanzas que había recibido de su padre
en lo tocante a la primogenitura, no podemos, pues, culparle de prejuicio o
mala voluntad hacia su papa.
Mire la evidencia: "Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque este
es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza" (v18); nótese el
"porque" en sus palabras, como testimonio de las razones que habían
en su corazón para expresarse de esa manera.
Nos parece saludable mencionar aquí que los padres no están por encima del buen
consejo de los hijos cuando lo necesitan, ni debieran tener como una falta de
respeto cuando sus hijos se toman la libertad de objetar sus opiniones y
conducta, en particular si hay apariencia que lo requieran, pero también debe
ser agregado que estas siempre deben ser hechas con la debida reverencia hacia
el juicio y autoridad de los mayores. José se equivoco, pero su culpa fue
excusable por el argumento que se ha dicho. En apariencia Jacob erró, y su hijo
quiso prevenirlo del error.
Pero Jacob le dio a entender que sabia lo que hizo, y que no fue por error, ni
por capricho, ni por arbitrariedad, sino por un espíritu de profecía y en
conformidad con los consejos divinos. José se enojo y Jacob no lo complació, y
no hubo falta de reverencia, por un lado; ni falta de amor, por el otro. Esto
nos hace notar, que aun cuando no respondamos a los deseos legítimos de un hijo
o de un amigo, debiéramos dar la negativa en un manera amistosa o cortes; mease
que Jacob no ofendió a su hijo, ni le hablo con palabras hirientes, sino con
ternura y condescendencia: "Mas su padre no quiso, y dijo: Lo se, hijo
mío, lo se" (v19).
Esa cortesía hacia nuestros seres queridos ha de estar siempre acompañada de
convincentes argumentos: "También el vendrá a ser un pueblo, y será
también engrandecido; pero su hermano menor será mas grande que el, y su descendencia
formara multitud de naciones" (v19); esto es, que se trata de los consejos
de la soberanía de Dios.
El Creador, en el curso de Su providencia, desde las primeras edades del mundo,
ha preferido a veces el mas joven y mas débil de una familia, y en multitud de
ocasiones ha hecho muy evidente que no sigue las reglas que los hombres le
atribuyen cuando El los ha favorecido; una razón de este tratamiento parece
tener el fin de enseñarnos a no gloriarnos en la carne, sino en el Señor.
Por la salud de nuestras almas es mejor que Dios nos trate así, como enseña el
salmista: "Por cuanto no cambian, ni temen a Dios." (Sal.55:19). La
providencia sin cambios tiende hacia una seguridad carnal o atea, porque
podríamos perder todas las impresiones del derecho que Dios tiene de hacer lo
que El quiera con lo que es Suyo; y cuando recibamos sus favores muy
especiales, estaríamos inclinados a sacrificar alabanzas a nuestra propia
destreza o quemar incienso a nuestra propia inteligencia. Dios no sólo da, sino
también cuida y enseña.
Amen.