Meditación Diaria

Meditacion del 6 de Marzo

Texto: “Entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”(Marcos 6:22).

 
El plan ya fue elaborado, ahora ha llegado el día, la ocasión y el lugar de la trama, entonces empieza la acción. Como dicen por ahí, tal cual hija, tal madre. Ella conquistaba haciendo negocio de su cuerpo, no sería extraño que la idea de éxito en la mente de su hija fuera así mismo. Danzar no es malo en si mismo, si se hace de manera regular, con armoniosos movimientos del cuerpo. Es tan legítimo, como caminar o correr. Pero he aquí que las circunstancias pueden transformarlas en pecado. Es indecente que una virgen contorsione su cuerpo en presencia de hombre encendidos con alcohol, aun si fuese su propia casa, allí cualquier cosa puede pasar. Como es en la naturaleza, también en los hombres. Un suelo sin cultivar produce yerbas y abrojos. Un corazón si las enseñazas de la Gracia, produce mundanalidad.

 


Herodías y su hija tuvieron éxito en la trama: “Agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa”. Las cosas indecentes son de agrado al ojo indecente. La muchacha se empleó a fondo y lo logró. Es posible que Herodes viese en la indecencia de Herodías insinuaciones carnales de su madre, y como otras veces le gustó. Herodías sabía que cosas eran del agrado del rey, así que compuso bien la escena. Ninguna mujer sería tan agradable y atractiva para Herodes como la hija de su amante.

 

Comentando sobre esto el ministro Hall dice: No hay mejor espejo para discernir el rostro de nuestros corazones, que aquellas cosas que nos dan pacer. Uno es como nuestros placeres, vanidad o santidad. En otras palabras: si tu mayor placer, son las cosas del mundo, eres mundano. Si tu mayor placer es el dinero, eres codicioso. Si tu mayor placer es Cristo, Su reino, Su casa de oración, entonces  eres cristiano.
Herodías planificó su vida tras el diseño de sus deseos y placeres mundanos.

 
De los malos hombres el apóstol lo dice así: “Andan según sus propias concupiscencias” (2ped.3:3).  Una de las facultades que el hombre o mujer cristiana guarda y protege con más cuidado es el impulso de sus deseos. Si son carnales los mortifica, si son espirituales los cultiva y promueve. Cuidemos, pues, la inclinación de los deseos que se levanten en nuestros pechos.

 

Amén.

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