
Texto: "Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, y tome su cruz, y
sígame" (Mateo 16:24).
La cruz aquí significa todo clase de sufrimientos, desde la menor aflicción del
mal, hasta la muerte física si es necesario. Esta es la ley del Cristianismo.
En la mente es posible soportar toda clase de sufrimientos por causa de la
verdad; pero es el dolor del cuerpo lo que nos hace opuestos padecer por el
Evangelio, el hombre interior siempre esta dispuesto.
Leyendo este verso uno se pregunta: ¿Cual es la causa por lo cual muchos
rehúsan llevar la cruz de Cristo? Esta es la respuesta: Quienes disfrutan o
aman la prosperidad terrenal son los mas miedosos y adversos a padecer por
causa de Cristo.
El vivir en las delicadezas y los placeres de esta vida, apaga el vigor
masculino del espíritu y enfría las decisiones virtuosas cuando somos asaltados
con dificultades. El hombre que ama la prosperidad es conocido porque
desatiende la felicidad de su parte inmortal y atiende pecaminosamente su parte
material o los asuntos mas para esta vida presente, que para la venidera.
Este ama más su cuerpo que su alma. Todos aman lo que es de acuerdo a su
propia naturaleza; un gato ama una gata, un toro una vaca, y el corazón humano
amara de acuerdo a su propia constitución; si este es espiritual se ocupara mas del cuido del alma, pero si es carnal atenderá mas su
carnalidad que su espiritualidad. Entonces, todo quien ame la prosperidad
tendrá por mayor tesoro la vana gloria de este mundo, que el padecer por causa
de Cristo: "Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la
carne" (Ro.8:5). La fe de estas personas existe
solo cuando hay prosperidad, y desaparece en las adversidades.
La prosperidad hace a los hombres descuidados de los males que puedan venir:
"En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido" (Sal.30:6). El
gozo carnal y la irracionalidad son íntimos, y se engañan a ellos mismos
diciendo que nunca les vendrá el mal al poseedor de la fortuna terrenal. Por
tanto, de acuerdo como sea tu circunstancias en la abundancia, tal será tu
coraje en la adversidad; esto es, que si tu estas desprevenido con relación a
los males, entonces la aflicción no esperada traerá mayor dolor cuando te
lleguen.
Las profecías parecen referirse a esto con respecto al día final, como si
insinuara que la humanidad será ahogada en seguridad carnal para cuando este
cercano el día de Cristo: "Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces
vendrá sobre ellos destrucción repentina" (1 Tes.5:3).El ultimo día será
de enorme sorpresa para los impíos. Nuestro Señor recomendó a los discípulos
ser imitadores del sabio constructor que calculo seriamente el costo del
edificio antes de empezar, para determinar si el era capaz de hacerlo. Un
hombre que ame la prosperidad esta descalificado para amar a Cristo y sufrir
por su causa: "Los cobardes tendrán su parte en el lago que arde con fuego
y azufre, que es la muerte segunda" (Apoc.21:8).
La prosperidad suele incapacitar para padecer por amor a Dios, por la sencilla
razón de que debilita los principios espirituales de donde brotan las virtudes
cristianas. El principio universal que soporta y estimula el hombre carnal es
ser feliz aquí y ahora: "Muchos son los que dicen: ¿Quien nos mostrara el
bien?" (Sal.4:6), ellos quieren ver la felicidad con sus ojos, en cambio
el Creyente vive por fe y su felicidad viene como resultado de buscar el agrado
de Dios. La naturaleza de uno y otro es diferente, el uno ama lo visible o
material y el otro lo invisible o espiritual.
El apóstol describe el camino de la felicidad verdadera así: "Palabra fiel
es esta: Si somos muertos con el, también viviremos con el; si sufrimos,
también reinaremos con el" (2Ti.2;11-12); nótese
que dice: "Palabra fiel", esto es, que es contrario a los
pensamientos y sentimientos de nuestra naturaleza; a la carne le parece irreal,
pero el dicho es verdadero.
Y a ti te digo: Creedlo y vivirás.
Amen.