Meditación Diaria

Meditación del 21 de Julio

Texto: “Y le dijeron: Mujer, ¿Por que lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no se donde le han puesto” (Jn.20:13).

 
Ama mucho, a quien muchos pecados se le ha perdonado, y Jesús había echado de Maria Magdalena siete demonios (Mrc.16:9), por eso ella mucho le amaba. Ella fue la primera que vino al sepulcro a servir a su Maestro después de la muerte; muy de mañana vino presurosa a rendir honra al Salvador.


Los ángeles sabían muy bien la razón de sus lagrimas y el porque la tumba estaba vacía,  de ahí nos preguntamos: ¿Por que le hicieron la pregunta y no le informaron de inmediato? La respuesta tiene varias razones:

  
Primero para enseñarnos la simpatía de ellos por todos y cada uno de los Creyentes; cuan pendiente están los ángeles por las tristezas de los hijos de Dios. Se interesan no solo de nuestras alegrías, sino también de nuestras lagrimas. Son espíritus ministradores que se gozan en ver los hombres enfermos de amor por el Señor Jesús.


La otra razón, es que se trata de un tierno reproche: “¿Por que lloras? ya que no había causa para llorar, sino que por el contrario era para saltar de alegría, pues el cuerpo de Jesús no estaba en la tumba como El mismo había predicho. Muchas de nuestras lagrimas se secarían al instante si pudiéramos considerar y recordar las Palabras y las promesas del Señor Jesús.

 
La tercera y ultima razón es, que la pregunta fue para abrir conversación y luego informarle aquella verdad que transformaría su lamento en gozo, quitarse la ropa de luto y vestirse de un traje de alegres colores.

 
Así que, supongamos un pobre hombre tratando de vadear aguas profundas con dos niños a sus espaldas; los niños al ver el enorme peligro empiezan a llorar por miedo, y el les dice: ‘Cierren la boca mis niños, porque yo les prometí que salvaría sus vidas’, entonces llega a la otra orilla y enjuga sus lágrimas. Del mismo modo Cristo, el tenia en la tumba todos los elegidos sobre Sus espaldas, colgando legalmente de Su cuello y Sus brazos. Todos los Creyentes fueron bajados con El al sepulcro y de allí los levanto A todos para llevarlos al cielo. De donde se puede ver, que el pueblo de Dios es fortalecido en la presencia, como en la ausencia de Cristo.

  
Cuando la noche nos llega se acentúa nuestra estima y valor por los rayos del sol, y cuando Cristo se nos esconde aumenta en los Creyentes el deseo de volver a experimentar las muestras o seguridades de Su amor. La comida al ser ingerida nutre y fortalece el cuerpo, pero cuando el agua y el alimento se escasea aumenta el apetito o la sed, para cuando se obtenga y se ingiera el aprovechamiento sea mayor, porque la mejor salsa de toda comida es el hambre, y el mejor ingrediente de todo refresco es la sed.

 
El desear a Cristo cuando se ausenta, es prueba evidente de amor.  Por esa razón es que ciertas disciplinas justas en la iglesia son convenientes, pues por ella se podrá saber de que esta hecho ese corazón, si al privarnos de la Mesa del Señor aumenta en uno el deseo de salir rápido de la falta de comunión con el Redentor por medio de la Santa Cena. Se notara si valoramos la comunión con cristo y Su pueblo. Son como males necesarios.


Además se nota que la ignorancia de fe puede estar presente en un  corazón bueno y creyente. Un verdadero hijo de Dios como Nicodemo puede amar la compañía y las instrucciones del Señor, y aun así tener una gran ignorancia de El, mire aquí el caso muy elocuente de Maria Magdalena que amaba entrañablemente a nuestro Señor, pero ignoraba ciertas verdades de la vida y de las promesas de Dios.

  
La incredulidad borra la memoria espiritual. Los discípulos le siguieron por donde quiera que El iba, pero con todo y esa gran muestra de amor fueron tardos de corazón para creer las Escrituras: “Entonces el les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo los que los profetas han dicho” (Lc.24:25). Nuestras almas son como una guitarra con una cuerda rota o desentonada; y nuestras mentes y nuestros afectos son como una pierna rota o tullida.

 
Esto es, que tenemos mucho conocimiento en la cabeza, pero nuestro amor es frió como el hielo, porque con suma facilidad cualquier viento de conocimiento natural o mundano, nos enferma y saca de nuestra memoria las verdades inmutables y las fieles promesas de la Palabra de Dios.

 

Amen.

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