
Texto: "Padre, no ruego que los quites del
mundo, sino que los guardes del mal" (Jun.17:15).
No seremos aguardados a menos que Dios mismo nos guarde: Cristo nunca hubiese
hecho una petición semejante si hubiésemos sido capaces de guardarnos a
nosotros mismos.
El establecimiento y preservación del Creyente del mal del pecado esta entre
las bendiciones del Pacto de la Gracia: "Pero fiel es el Señor, que os
establecerá y os guardara del mal" (2Tes.3:3). El apóstol Pablo supo
experimentar muchos y variados peligros que pudo haber llegado a pensar que en
alguno fracasaría, por el contrario apelo en su corazón a la fidelidad del
Señor: "Por esta razón padezco estas cosas, pero no me avergüenzo; porque
yo se a quien he creído, y estoy convencido de que el es poderoso para guardar
mi deposito para aquel día" (2Tim.1:12).
Nuestras oraciones deben ser, no tanto para ser librados del mundo como del mal
del mundo; del pecado que de las aflicciones. Los santos buscan Gracia que
viene del cielo que ser protegido de las aflicciones de la tierra, dirección
tanto como protección, o que no hagan nada incorrecto mientras se encuentran
sufriendo: "Pon, oh Jehová, guardia a mi boca; guarda la puerta de mis
labios. No dejes que mi corazón se incline a cosa mala, para hacer obras
perversas con los hombres que obran iniquidad. No coma yo de sus manjares"
(Sal.141:3-4).
La diferencia entre un verdadero Creyente y otro falso no es tanto los
sufrimientos, sino la Gracia de Cristo gobernando el corazón, que mientras
estén en adversidad puedan mejorar la fe. Pablo fue muy diligente para ser
librado de su problema, pero una voz de arriba le dijo: " Bástate mi
gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad" (2Co.12:9); solo
la predicación que viene del cielo es la que capacita a un santo a gozarse en
las debilidades. Las bendiciones compradas por Cristo para Su pueblo son mas
espirituales que materiales; por eso El es mas solicito en librarnos del pecado
que de las dificultades: "Llamaras su nombre Jesús, porque el salvara a su
pueblo de sus pecados" (Mat.1:21); Cristo es un Salvador espiritual, y los
que son de El manifestaran la salvación en sus propias vidas haciendo Su
voluntad contra el pecado, que enredarse en actividades religiosas: "No
todo el que me dice Señor, Señor entrara en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos. Muchos me dirán en aquel
día: ¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos
demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas? Entonces yo les
declarare: Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mi, obradores de maldad!"
(Mat.7:21-23). Esto nos ayude a como orar mejor.
De todos modos, cuídate, porque el mundo es un lugar muy peligroso, aun para un
verdadero discípulo de Cristo. Dios ha dado dos remedios inseparables para
guardarnos contra este peligro: "Velad y orad, para que no entréis en
tentación" (Mat.26:41); velamos para no ser descuidados y oramos para no
ser auto confiados. El Creyente vela para descubrir la aproximación del enemigo
y ora para clamar por la ayuda de Dios contra la tentación. Estos dos remedios
se ayudan mutuamente.
Hay dos cosas sobre las cuales debes velar: La ocasión de pecar y contra el
desorden del corazón. No te expongas al peligro, porque en ocasiones tan solo
el olor del pecado pude ser mortal. A Lot y su mujer
se les prohibió mirar hacia atrás: "Entonces la mujer de Lot miro atrás, a espaldas de el, y se convirtió en una
columna de sal. Abraham se levanto muy de mañana, fue al lugar donde había estado
delante de Jehová y miro hacia Sodoma y Gomorra" (Gen.19:26-27); Abraham podía ver hacia Sodoma, pero a ellos esa visión era ocasión de pecar.
Hay cosas y ocasiones que a tu hermano le será legítimo, pero a ti eso mismo
puede ser una tentación contra el bien de tu alma. Finalmente te exhorto a orar
siempre, en todo y para todo, que haya en ti espíritu de oración constante. No
abandones la guarda divina:
"Padre, no nos metas en tentación, mas líbranos del mal"
(Mat.6:12-14).
Amen.