Meditación Diaria

Meditacion del 8 de Mayo, 2006

Texto: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma.” (Salmos  94:19)


Empiezo haciendo una pregunta retórica: ¿Cuál es tu aspiración más anhelada? Ser feliz. Esto es, vivir en el paraíso de Dios. Ese es el anhelo de todo ser humano. Sí, el paraíso es un lugar de súper abundante deleite, pero el camino que conduce hasta allá está alfombrado de poco gozo, y pavimentado con mucha tribulación. En otras palabras, no hay ser humano de este lado del Cielo exonerado de aflicción, muchos menos los creyentes, ya que ellos son las naranjas que Dios ha escogido para que llenen de jugo Su vaso. Es cierto que la vida natural es un ir cuesta abajo, pero la vida cristiana es lo contrario, el creyente está subiendo hacia el cielo, y en su peregrinar hay un continuo lamento. No que necesitemos las amarguras de esta vida para que el cielo nos sea dulce, sino que agradó a Dios llevarnos de las calamidades al gozo eterno en los cielos, o perfeccionar nuestra salvación por medio de sufrimientos, o llevarnos tal cual Cristo, de la humillación a gloria. Perfeccionarnos por medio de sufrimientos.


Cuando consideramos la vida de David será inmediato darnos cuenta de lo mucho que sufrió. Vivió como si tuviese veneno en su sangre, de la cintura hacia abajo, muchas aflicciones, y de su cintura hacia arriba, poco consuelo. Esa fue su vida. Fue un hombre muy atribulado. Sin embargo siempre encontró sostén en Dios; porque el que sufre en esta vida y no halla sostén en Dios, es muy posible que nunca vea el cielo ni siquiera de lejos. Son dichosos los que sufren en el Evangelio. Si un hombre está enfermo y no coopera para curarse, entonces poco podrán hacer los médicos. Pero si el paciente y el médico se ponen de acuerdo para combatir la enfermedad, entonces la curación está cerca. De manera semejante ocurre con los problemas del alma.  Si el alma actúa con fe, y Dios con Su Gracia, entonces la depresión se va, la mente es curada. Eso aprendemos de David en este salmo; nótese: “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma”. El salmista sintió el ataque de los malos pensamientos que conducen a la depresión, y allí trajo el espíritu de consolación, y sus tristezas se fueron. Terminó su día, no triste, sino consolado. Esa es la manera bíblica o eficaz de consolar el alma, el paciente tiene o debe cooperar con la gracia de Dios, y alcanzará consolación.  

 

Amén.

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