
Texto: "Porque la apariencia de este mundo se
pasa" (1 Corintios 7:29-30)
Nuestro tiempo aquí es breve, por esa razón es que debemos apremiar nuestro
paso en el camino al cielo, al decir del apóstol a los Corintios. Es ese
sentir lo que nos hará indiferente hacia las cosas de este mundo, a
desprendernos de lo material.
Cuando la idea de la muerte nace en la mente de un ser humano, no hay nada en
esta tierra que pueda apagar esos pensamientos. Ninguna invitación, por
sublime que sea, ni noble compañía, ni deleites diversos en este mundo puede
apagar los pensamientos de la realidad de la muerte, cuando tales pensamientos
comienzan a crecer en el hombre. Cuando la muerte empieza a cosquillear,
nada de lo creado satisface. Nada puede silenciar la sirena o la alarma
de la muerte, ni el sueño puede apagar tales pensamientos. Mientras el
hombre camina por calles pequeñas en su camino al fin de la vida, nada lo
perturba, pero cuando cae en el camino principal, en la recta final, hasta el
sueño se le ausenta. La idea de la mortalidad no se silencia, hace un
gran ruido.
No debemos olvidar nuestra última morada, toda habitación sobre esta tierra es
momentánea, por lo que es obligado prestar la debida atención, con seriedad, al
hogar permanente, toda compañía será dejada atrás para ese día. Los
pensamientos acerca de la seguridad de la muerte traen un beneficio doble. Por
un lado nos previenen de hacer el mal y por el otro nos conducen a obtener el
bien. El pensamiento constante acerca de la muerte produce un temor que la
conciencia se sensibiliza, el corazón se ablanda de tal modo que nos amarra a
la buena conducta, el hombre en ese estado quiere salir de este mundo no
teniendo deudas pendientes y esto lo guía al buen hacer.
Cuando no hay sentido de la muerte la mente se endurece de tal modo que al
hombre creerse que no va a morir, comete hechos malos pensando que podrá
salirse con la suya. Ellos niegan toda regla y no respetan las leyes,
pero cuando el sentido del fin se acerca se hacen esfuerzos por hacer el bien,
por ganar lo que no había hecho antes "Ya se lo que haré para que cuando
se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas" (Luc. 16:4), nótese como la idea de muerte le hizo cambiar
de conducta. Igual hizo Job, a quien la idea de tener que dar cuenta a Dios
como juez modero sus hechos: "¿Que haría yo cuando Dios se
levantase?" (Job 31:13-14).
La idea de mortalidad cuando el hombre la ve lejos lo pervierte, lo contamina,
la parábola de los talentos lo enseña así "A uno dio cinco talentos, y a
otro dos, y a otro uno, cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue
lejos" (Mat.25:15). Conocí un hombre perverso y degenerado en
extremo, a quien una mortal enfermedad (SIDA) lo obligo a buscar refugio seguro
en Cristo. Los pensamientos de muerte eran tan fuertes en aquel mortal,
que lo hizo recluirse totalmente y abandonó por completo sus antiguas y malas
compañías.
Cuando la idea de la muerte esta ausente los hombres se comportan como las
prostitutas o malas mujeres, quienes se alborotan al sentirse que el marido no
esta. Salomón dice así de las malas mujeres "Porque el marido no
esta en casa; se ha ido a un largo viaje." (Pro. 7:19). Así
como la presencia del marido previene a estas malas mujeres de la infidelidad.
Los pensamientos de la muerte nos libran del peligro de la muerte, pues
tales ideas hacen poner guarda al corazón, tales ideas de mortalidad producen
ternura en el alma.
Pero los pensamientos de mortalidad, no solo nos previenen del mal, sino
también que nos estimulan hacer el bien. ¿Como lo hacen? Ellos
hacen al hombre cuidadoso de su deber. Un empleado que este bajo
observación de su patrón laborara con esmero; en el camino de la fe los hace
industriosos de su vocación, se cuida de lo que hace "Conociendo, pues, el
temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que
somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias" (2 Co. 5:11). Pablo dice: siendo Apóstol, me esmero en mí
deber de apóstol. Tales fueron sus palabras, persuadido de la cercanía de
la muerte, quiero que ella me encuentre en mi debido lugar, tranquilo en mi
casa, confiando en Dios.
Además los empuja a ser cuidadosos de su oficio, deber o vocación, esto hace a
los hombres ser mas útiles a los demás. Los hace mas celosos de su propio
oficio "Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el
despertaros con amonestación" (2 Pe. 1:13), Pedro se esfuerza en
recordarles aquellas cosas que ellos habían aprendido. Por esta razón
también la predicación del Evangelio, casi siempre va acompañada del temor a la
muerte.
Por otro lado, los pensamientos de mortalidad harán a un hombre paciente en
medio de todas las duras adversidades que se le presenten, tales ideas nos
preservan del desespero, mas aun se acrecienta la gentileza:
"Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor esta
cerca". (Fil.4:5). Tales asuntos nos mantienen quieto ante la
provocación, y los aquietara en el desconsuelo.
También si un hombre sabe que va a morir, el trata de poner todo en orden antes
de su partida, es como si sabe que va a recibir invitados, el se prepara
primero y luego se sienta a esperar la llegada del invitado. De modo que es
buena cosa tener la mente pensando a menudo sobre en la seguridad de la muerte,
pues nos ablanda el corazón, aumenta la fe y nos estimula hacer el bien con
gentileza y evitar el mal ante la idea de ser juzgados.
Amen.