
Texto: “Dijo entonces Eliseo:
Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo,
y dos seahs de cebada un siclo,
a la puerta de Samaria.” (2 Reyes 7:1-9)
Esta historia se inicia así: “Dijo entonces Eliseo”; o en aquel momento o
circunstancias se pronunció. La situación fue de una gran crisis nacional en la
tierra de Israel. Dicha crisis o hambruna vino en castigo divino por su pecado,
y de manera particular la ciudad fue sitiada por el ejército sirio. La espada
no había entrado, pero su estado era peor, morían de hambre. Peor que si
hubiesen entrado dentro de sus muros. Sus torturadores eran sus propios
estómagos.
La crisis fue tan grande que cosas que para ellos habían sido despreciables por
su naturaleza, ahora vinieron a ser muy apetecidas. El burro un animal inmundo,
de pronto se hizo como un sabroso filete, y el estiércol de paloma una basura,
en un rico cereal, nótese: “Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de
aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de
plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de
palomas por cinco piezas de plata” (6:25). El costo de la vida subió de manera
extraordinaria. Guarda cierto parecido con nuestra situación actual, pues antes
un aguacate era dado como comida a los puercos, cuesta ahora veinte pesos. En
otras palabras que el dinero llego a valer tan y tan poco, que mucho dinero se
necesitaba para poder comer de la cabeza sancochada de un burro, o de la caca
de una paloma. Esa calamidad vino por el pecado de los hombres. En aquel tiempo
algunos tuvieron la dicha de verlo como un castigo divino, y no tanto como
culpa exclusiva de malos hombres. Estamos atravesando una profunda crisis
nacional, no sólo en lo económico sino también en lo espiritual. Así que, nos
ha parecido apropiado recordar esa gran crisis que atravesó Samaria, y en la
medida de lo posible aplicarla a nuestra presente situación. Que por medio del
estudio de las Escrituras seamos edificados en la fe, y las circunstancias
hagan el menor daño posible a nuestras almas.
En tiempos de crisis la impaciencia y desconfianza agravan tu mala situación.
Tu sabiduría ha de ser decir honestamente: “Que el Señor haga conmigo lo que El
quiera”. No importa el extremo de tu necesidad, tristeza, turbación, angustia,
o cualquier otra calamidad personal; aun así, el Señor es bueno y para siempre
es su misericordia. Porque si tú desesperas porque Dios es justo en castigar la
maldad y el pecado, entonces estarías desafiándole. Dios es desafiado cuando
murmures bajo Su corrección, y esto cuando tú veas que su favor contigo se
dilata. Despreciar la corrección divina es síntoma de desvarió espiritual, es
impiedad, locura. Espera en Dios tranquilamente es lo que llamaríamos, vivir
por encima de las circunstancias. O que tu presente circunstancias pudiera ser
calamitosa, sin embargo si tu esperanza está en el Señor es como si vivieras el
cielo estando sobre la tierra.
Amén.