
Texto:
“Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falte el
producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean
quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me
alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación" (Habacuc 3:17-18)
El pasaje nos enseña que en tiempos donde veamos la aproximación u ocurrencia
de calamidad pública, la respuesta de un alma Creyente es ejercitar la fe:
"Con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi
salvación" (v18). Tal es el significado de este pasaje. Otro caso: A Noé
se le anunció la venida de una calamidad universal, y su reacción fue un temor
reverente, se esforzó en trabajar para su salvación y la de se familia. La
seguridad carnal se ausenta, el vivir por fe se hace más difícil de lo
habitual, aun cuando la persona sea un verdadero Creyente. Ahora tenemos más
razón que ellos para temer más los juicios de Dios y las calamidades. Donde la
fe reina sobre el corazón con este temor reverente, entonces el individuo se
preparara para lo que viene. Así que, Las calamidades abrirán tus ojos de fe
para ver la santidad de Dios.
El estado del corazón Creyente frente a las calamidades debe estar sintonizado
en ejercer la fe en Dios. Es cierto que cuando el río suena, es que agua trae.
El sonido llega primero y nuestros ojos entonces esperan por ver la corriente
de agua. De manera semejante la fe con las calamidades, ellas deben poner los
ojos de la fe en espera de ver la santidad divina. Cuando se ejercita la fe una
cosa sigue la otra. Veamos esto en el profeta Habacuc:
"Observad entre las naciones y mirad. Quedaos asombrados y atónitos,
porque yo haré en vuestros días algo que aun si se os contase, no lo creeríais…
Luego pasará como el huracán" (Hab.1:5,11). Esto es, que viene una gran
mal sobre el pueblo. El vio calamidad publica, y a seguidas sus ojos también
vieron la santidad divina: "Eres demasiado limpio como para mirar el mal;
tú no puedes ver el agravio" (1:13). En un ojo de fe una cosa sigue la
otra. En caso de que así no sea, entonces debes ejercitar tu fe para verlo. Si
oyes la gallina cacareando y vas al nido, pero no encuentras el huevo, entonces
es tu obra no descansar hasta encontrar donde la gallina lo dejó. Lo normal es
que el Creyente tan pronto vea calamidad, vea también la santidad, pero si no
lo ve, entonces no debe descansar hasta que la visión sea la santidad divina.
Esto mismo es presentado en otro lugar de las Escrituras así: "En aquel
día los hombres arrojarán a los topos y a los murciélagos sus ídolos de plata y
sus ídolos de oro que habían hecho para adorarlos, a fin de meterse en las
grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a causa de la temible
presencia de Jehová y del esplendor de su majestad, cuando Jehová se levante
para hacer temblar la tierra" (Isa.2:20-21). Cuando el corazón tiene la
luz de la fe en Cristo, entonces veremos la gloria de Dios actuando en los
juicios o calamidades públicas. Tal visión producirá humillación o abatimiento
en el alma, la grandeza del poder de Dios y Su terrible majestad se hará
presente en nuestros pensamientos.
El orden es este: juicios y tras eso la manifestación de Su santidad. Otro
caso: "Oh Señor, ¿quién no temerá y glorificará tu nombre? Porque sólo tú
eres santo. Todas las naciones vendrán y adorarán delante de ti; porque tus
juicios han sido manifestados" (Apoc.15:4).
Uno se pregunta ¿por qué? Y la respuesta no se hace esperar: “Porque tus
juicios han sido manifestados".
Así que, las calamidades abrirán tus ojos de fe para ver la santidad de
Dios.
Amen.