
Texto: "El pecado no se enseñoreara de
vosotros, ya que no estáis bajo la ley, sino bajo la Gracia" (Romanos 6:14).
Alguien pregunta: ¿Como puedo saber cual es mi dependencia? ¿En que Pacto
estoy? ¿Si estoy bajo la ley, o fui mudado a estar bajo la Gracia?
Es seguro que alguien este todavía bajo la vieja frontera, si esa persona no
puede discernir como su titulo fue cambiado. Los herederos de la promesa son
descritos así: "Han acudido para asirse de la esperanza puesta delante de
ellos" (Heb.6:18). Los hijos de Dios son
temerosos del vengador de la sangre, y diligentemente han entrado en las nuevas
fronteras de la libertad, al Nuevo Pacto, acudieron a Cristo, por considerar el
enorme peligro y miseria que tenían en Adán.
La ira de Dios anda tras los pasos de los descendiente de Adán y por eso
claman: "Y ser hallados en El" (Fil.3:19). Los presumidos en cambio,
son como el joven rico, "todo eso lo he guardado desde mi juventud"
(Mat.19:20). En cambio los salvos, ser hallados en Cristo. Mucho puede ser conocido
del presente estado en que se encuentran sus corazones. Un espíritu legalista
es signo del Viejo Pacto de las obras. Ellos tienen una mezcla de Ley y
Evangelio. Tienen el carácter de los religiosos, pero fuera de Cristo:
"Están toda su vida sujetos a esclavitud" (Heb.2:15).
Es cierto que la piedad es cuidadosa, pero un carácter escrupuloso y
servil pertenece a querer salvarse por obras: "Dios no nos ha dado
espíritu de cobardía" (2 Tim.1:7).
Los que quieren salvarse por las obras, procuran tener "su propia
justicia", brillar con luz propia (Ro.10:3);
buscar la paz y el asiento de sus almas sobre sus propias obras. Muy sutilmente
quieren ganarse la salvación, ser aceptados por Dios por sus oraciones. Los
judíos lo preguntaron así: "¿Cuales son las obras de Dios?"
(Jun.6:28). En otras palabras, dinos como hallar la divina Gracia con nuestras
obras.
Algunos dicen así: No se lo que me sucede, pues leo la Biblia, asisto a los
cultos, oro mis oraciones, etc., y a pesar de eso las cosas me salen mal. Esperan
ganar el favor de Dios con lo que hacen, como esta escrito: "¿Por que
dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas y no te diste por
entendido? (Isa.58:2-3). Quieren acercarse a Dios con las obras de sus manos.
Así hizo el fariseo de (Lc.18:11).
En cambio los santos de Dios, los verdaderos creyentes no están atentos a esas
cosas, sus obras son por amor, se sorprenden de ser recompensados. Nótese:
"Señor, ¿cuando te vimos hambriento, y te sustentamos...?"
(Mat.25:37). Hay auto negación en hacerlo y también en cobrarlo. Para ellos es
un privilegio que Dios les conceda servir, donde para otros es construir sobre
sus propios dones.
Están bajo el pacto de las obras, o en condenación cuando se toman libertad
para pecar, y al mismo tiempo reparar lo malo, haciendo luego cosas buenas. Son
como Robin Hood, que roban
para dar de comer a los pobres. La convicción no los dejaría pecar tan
abiertamente, si ellos no hacen una clara promesa de deformación.
Los religiosos incrédulos son como Balaan que
construyo siete altares, después de rebelarse contra Dios y allí ofreció siete
sacrificios. Se dice que los italianos cometían mucho pecado para después tener
mucho que confesar. Se puede reunir muchas pruebas de lo inadecuado de esos
corazones al estado de la Gracia. Viven bajo el reino de cualquier pecado
cuando es constante y permitido: "El que ofende en un punto se hace
culpable de todos" (Stgo.2:10). El diablo tiene
interés en ellos, no Cristo. La regla segura es esta: La disposición habitual
en una persona, sea esta disposición buena o mala, muestra quien es su padre.
La sentencia bíblica para los creyentes es esta: "El pecado no se
enseñoreara de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la Gracia"
(Ro.6:14). Un interés en la Gracia no puede convivir
con un pecado conocido.
Si alguien abusa de la Gracia, entonces la Gracia no es su amiga, porque no se
abusa de los amigos. La justicia defenderá la Gracia y juicio sin misericordia
se ara con ellos. Es un consciente error en muchos hombres que por el hecho de
pertenecer a una congregación donde se predique la sana doctrina, entonces eso
es signo de estar en la verdad, pero al mismo tiempo ser un enemigo de esa
verdad viviendo en el hábito del pecado. Gustan de la buena doctrina, pero no
toman el debido cuidado en sus maneras de vida. Si ellos encontraran otra
congregación donde se predique sana doctrina, pero no se metan con ellos,
entonces estarían felices. "Hombres impíos, que convierten en libertinaje
la Gracia de nuestro Dios" (Judas 4).
Los hombres que toman la Gracia o libertad cristiana para excusar el pecado,
sabiendo de antemano que hay arrepentimiento, tienen una aprehensión o sentido
de la Gracia, pero pudiera decirse que tristemente no tienen interés en ella.
Amen.