
Texto: "En tus ordenanzas meditaré;
consideraré tus caminos" (Salmos 119:15).
Una santa meditación es otra de las ramas de la piedad. Nótese en este verso
que David hace la santa determinación de meditar en los mandamientos de Dios,
como si dijera: "En tus mandamientos meditare".
¿Que es la meditación? Es un acto mediante el cual el alma espiritualiza
cada asunto u objeto en que está interesado. Esto es así, porque todo corazón
que ha nacido de nuevo es como un destilador: puede destilar beneficiosos pensamientos
o conclusiones de todo lo que entra a su cerebro. El Señor Jesucristo saco el
discurso del agua de vida estando al lado del pozo de Jacob, (Jun.4); cenando
en la casa de un fariseo discurseo sobre el comer pan en el reino de Dios:
"Al oír esto, uno de los que estaban sentados juntos a la mesa le dijo:
¡Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios!" (Lc.14:15)
y así muchos otros.
Hay una seria y solemne meditación que es un reflexionar del individuo, esto es
una conversación entre el hombre y su propio corazón. "Meditad en vuestro
corazón y callad", (Sal.4:4). Mucho del temperamento o estado de nuestro
propio corazón puede ser discernido o correctamente conocido por el chorro de
nuestros pensamientos. Los pensamientos son los primeros y más fieles signos de
lo que somos y que andamos buscando.
Un corazón dominado por la codicia encontrara deleite con grandes y constantes
pensamientos tras las ganancias y las riquezas. En la lujuria o en la lascivia
la mente correrá hacia los placeres sensuales y la gratificación desordenada de
la carne. El honor y los aplausos engordaran los pensamientos del
ambicioso; pero como las esperanzas y felicidad de un cristiano sincero están
centradas en Dios y Su favor, El puede hacer otra cosa que frecuentemente
centrar su alma en el gozo del Señor.
El que formo el espíritu del hombre ha dictado una sentencia para todos los
humanos: "Donde este nuestro tesoro, allí estará también vuestro
corazón", (Mt.6:21). Ante esta realidad es la
recomendación para todo Creyente que, mientras sus manos estén empleadas en los
negocios de esta vida, su corazón esté en Dios y deleitándose en Sus
perfecciones, palabras y obras. Que ningún nada llene tanto tu mente para
no pensar en Dios y Su bendita gloria que es la deuda de buscar que tiene toda
nueva criatura. No es necesario encerrarse en una habitación para
cultivar una disposición de mente piadosa o una vida virtuosa.
Nuestra meditaciones deben ser consideradas como los medios para obtener un fin
mayor, entiéndase influir, afectar y gobernar nuestras almas por los estatutos
de Dios; debemos estar soplando hasta que la llama se avive. «La esencia
de un perfume afecta más nuestro olfato que una tonelada de pétalos de rosas
sin procesar, de manera semejante las verdades grandes e importantes son
usualmente más segura, menos controversiales y más efectivamente se imprimen
sobre la mente, dejando sobre el alma una agradable influencia para ir tras
ellas. La meditación hace este trabajo».
Empléate, pues, siempre en meditar sobre Dios y Su bendita misericordia en
Cristo Jesús nuestro hermoso y bendito Salvador.
Amen.