
Texto: "Viendo los hermanos de José que
su padre había muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago
de todo el mal que le hicimos.” (Génesis 50:15)
La ocasión de estas palabras fue después que los hijos de Israel habían
participado del funeral y enterramiento de Jacob en la tierra de
Canaan, todos los que fueron con José regresaron a Egipto después del entierro,
nadie se quedo en la tierra prometida porque aun no era el tiempo de poseerla.
Después del regreso de Canaan, cada uno regresó a su propio lugar, los hermanos
a la tierra de Gosén y José a la corte real, bien distante uno de otros, no
obstante la distancia, siempre se mantuvo un buen entendimiento entre ellos, y
una buena afección; la altura de José no disminuyó su amor e interés por el
pueblo de Dios, sus hermanos, nunca olvidó su verdadera vocación, un peregrino
sobre la tierra, y eso somos todos nosotros y debemos hacer esfuerzo por
practicarlo.
Los hermanos de José se inquietaron sobremanera después de la muerte de Jacob,
y todo por un importante olvido que nos ocurre muy frecuente, se olvidaron que
tenían un segundo Padre que no muere, eterno en los cielos. Cuan a menudo somos
presa del miedo por causa de este corriente olvido, que Dios es nuestro Padre,
los padres terrenales son sombra del verdadero Padre, y nadie puede cuidarnos
como el Verdadero Padre celestial. Un corazón piadoso no tomará venganza contra
sus ofensores, porque la venganza pertenece a Dios.
Comenzaron con ser celosos de José, no que él les había dado razón para un
pensamiento tan perverso, sino que la culpa de sus conciencias y la propia
incapacidad de ellos para perdonar y olvidar, hizo que sospecharan de la
sinceridad y la constancia del favor suyo, sobre todo si se piensa que por algo
menos que de lo que habían hecho a José, algunos de ellos habían
destruido toda una ciudad (Ge.34:25). Aquí se hace cierto el refrán: "El
ladrón juzga por su condición". El corazón del hombre recto piensa cosas
rectas, pero el corazón del hombre malo piensa siempre lo peor, se le hace muy
difícil hacer una buena construcción de las buenas intenciones de su prójimo.
Las aflicciones y el miedo de los hijos de Jacob trajeron a la memoria sus
pecados y se levantaron de nuevo los temores de venganza en su contra. Tenemos
razón de pensar que verdaderamente ellos se habían arrepentido; y ningún
verdadero convertido será condenado por Dios, pero esto no quita, que en alguna
manera ellos sean atormentados y afligidos por ellos mismos. Esforcémonos a cultivar
una buena conciencia, y no seamos torturadores de notros mismos.
Amen.