Meditación Diaria

Meditacion del 15 de Junio

Texto: " Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla" (Hebreos 13:4).


La castidad es el principal deber matrimonial de una pareja cristiana. Como si esto fuese la mayor aportación que pueden hacer al matrimonio, pues coloca la castidad o el lecho sin mancilla sinónimo del matrimonio. Favor no interpretar este énfasis como un discrimen o injusticia contra la mujer, pero déjenme hablarles a ellas. Leemos: “Que enseñen a las  mujeres jóvenes a amar  a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas” (Ti3:4). En este verso el apóstol pone de primero los deberes de la mujer que hacen camino a la castidad y los que siguen como los preservativos. Semejante al hombre que ahorra con mucho esfuerzo para construir una casa, y después que la construye sigue trabajando para pagar los seguros de protección.


De este modo, El Espíritu Santo nos instruye, diciéndonos, que la manera mas segura de ella guardar la castidad es siendo una mujer cuidadora de su casa. No que la mujer no deba salir de su casa, pues habrán muchas ocasiones legitimas en que ella será encontrada fuera del hogar, como los Creyentes en general que tiene deberes de adoración publica, pero sus mas frecuentes han de ser las obras de misericordia a los pobres y los enfermos. La excepción confirma la regla general, no la contradice.


Si Dios manda las esposas que sean cuidadosas de sus casas, entonces es condenable cuando ellas se aburren sin causa y consideran el estar dentro de la casa como una prisión en lugar de un hogar, las que así piensan se ausentarían con las amigas sin que hayan razones que lo justifiquen, sino puro capricho; reflejando que sus valores cristianos no estarían correctos, porque el hogar no es una prisión, sino el lugar mas apropiado de la mujer. Ellas son llamadas a ser ejecutivas, pero de los asuntos domésticos que den gloria a Cristo.


El Señor se deleita en preservar la unidad familiar y una de las cosas que mas atenta contra el matrimonio es cuando se violan aquellos preceptos que El ha puesto para preservarlos, entre los cuales está este que estamos considerando. Un texto para probarlo: "Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar" (Pro.27:8); el lugar propio de un ave es su nido, cuando ella lo abandona se multiplican los peligros, es tanto así que los cazadores nunca o casi nunca cazan sus presas cuando están en el nido, sino cuando lo abandonan, Dios les restringe el corazón para que no las maten en su propios nidos. De manera semejante, cuando la mujer abandona el deber que Dios les ha impuesto de ser cuidadosa de su casa, entonces el peligro aumenta, como si la providencia retira la protección que les ha prometido para cuando permanecen dentro del hogar.


Cuando el Ángel del Señor le preguntó a Abraham donde estaba Sara, el patriarca contestó: "Aquí en la tienda" (Gen.18:9). Se espera que las hijas de Sara deban estar con ella, dentro de sus hogares.

 

Amén.

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