Meditación Diaria

Meditacion del 25 de Junio

Texto:"Jesús clamo a gran voz, diciendo: Dios mío, Dios mío, ¿por que me has desamparado?"(Mateo 27:46).


Una esposa sufriría mucho si es abandonada por su marido, porque lo mas natural para ella es que el marido este con ella, la consuele y la sustente; ellas sufren mucho por el desamor de ellos. Para Cristo lo natural fue disfrutar del consuelo y solaz de Dios Padre, por eso grito con tanta vehemencia: "Dios mío, Dios mío, ¿por que me has desamparado?". El sentido del amor y el consuelo del Padre le fue retirado, por eso no se quejo que los discípulos le abandonaran, sino que Dios lo dejara, ahí era su dolor del alma.

 
Por causa de este abandono Cristo mucho sufrió, porque los hombres tan solo pierden una gota de disfrute cuando les falta algo, pero Cristo al no tener el consuelo del Padre estaba perdiendo un mar de consuelo. Mientras mayor el disfrute, mayor es el dolor por la falta o perdida de el. Perder la luz de una linterna es poca cosa, pero perder la luz del sol es una desgracia; Cristo fue el Dios-hombre su perdida era mayor que cualquier otra que podamos imaginar. A pesar de sus dolores no renuncio a su oficio.


Los hijos de Dios tan solo han conocido una pequeña porción del amor de Dios que ha sido derramado en sus corazones, y ellos prefieren perder la vida y todo el mundo que ser separados del Señor; pero Cristo como Dios-Hombre tenia un entendimiento puro, afecciones celestiales y excelentes contemplaciones del amor divino, por tanto el dolor suyo es incomparable con el dolor que podemos imaginar cuando fue abandonado por Dios Padre. Como ellos no conocen ese valor, tampoco pueden ser sensibles del dolor de tal desamparo.

 

Además de eso, las aflicciones de Cristo son mucho mayores que las de un Creyente, porque los dolores del Creyente son para prueba o corrección en cambio los del Señor fueron para dar satisfacción a la justicia divina; recibir en todo su ser la venganza de Dios contra nuestros pecados, si los hombres deben vengarse cuanto mas debe hacerlo Dios contra los seres que han pecado contra El. Por nuestras faltas Cristo fue abandonado por un tiempo para luego ser recibido por siempre.


Cristo sufrió en lugar del pecador y todos los dolores del pecado cayeron sobre El; había una deuda de los transgresores para con Dios y el cobro de tal deuda debía ser saldado en su totalidad, se requería una restitución completa de la suma adeudada, la justicia divina cayo con todo su peso sobre el ser del Señor Jesús en cobro por nuestros pecados. El peso del pecado cayo todo sobre El: "Mi alma esta muy triste, hasta la muerte."(Mt.26:38). Los efectos de sus aflicciones fueron claramente vistos en el sudor de su cuerpo: "Su sudor era como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra."(Lc.22:44).

 
El evangelio de Marcos dice: ".... comenzó a entristecerse y a angustiarse."(Mrc.14:33); y en otro lugar leemos: "Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y suplicas con gran clamor y lagrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente."(Heb.5:7). Estos fueron una parte del fuego en el cual nuestro sacrificio fue quemado, al ser Jesucristo crucificado por la voluntad de Dios: "Hecho por nosotros maldición."(GAL.3:13).Tenemos pensamientos muy débiles del pecado y de la ira de Dios que el pecado merece; pero Cristo tiene otros pensamientos del mal y su castigo. Cuando Dios viene a tratar con el en nuestro lugar, nosotros, que no conocemos el poder de la ira de Dios, no somos afectado con ella, porque nuestro entendimiento es muy débil con tal ira. Pero cuando el Padre cayo sobre Jesús con toda su fuerza, esto fue propiamente como dice el profeta: "Las aflicciones de su alma."


De aquí aprendemos la grandeza de la obligación que tenemos con Cristo. El fue molido en nuestro lugar. La justicia divina le decreto así: Hijo, tu debes tomar un cuerpo de hombre y sufrir. La sangre humana debe mancharte, debes ser formado como uno de ellos, sufrir, ser tentado, ser desamparado por Dios Padre, y soportar mi ira; y he aquí su respuesta: "Entonces dije: He aquí que vengo oh Dios, para hacer tu voluntad."(Heb.10:7).

 
!Oh cuan amante Salvador es el Señor Jesucristo! Así que, cualquier queja, murmuración o impaciencia bajo la cruz que nos haya puesto el Señor, es signo de que no tenemos el debido sentido de los sufrimientos de Cristo y que  valoramos y amamos muy poco lo que El padeció en nuestro lugar. Ve usted que no es un asunto fácil reconciliar los pecadores con Dios; costo a Cristo un mar de dolores y aflicciones, el terrible peso de la ira del Creador con todas sus fuerzas sobre El. Nosotros somos excesivamente descuidados con la salvación de nuestras almas, algo que para Cristo fue muy difícil, duro y doloroso salvarnos del dominio del pecado y llevarnos a tener comunión con Dios.

  
Sea, pues, la exhortación apostólica para ti y para mi: "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor".

 

Amen.

Buscar Meditaciones

Fecha: