
Texto: “El que
reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la
lengua” (Pro.28:23)
Para nadie es un secreto que vivimos en una generación donde la pecaminosidad ha llegado a niveles escandalosos, de desenfreno; hay mucha maldad oculta y manifiesta. Eso coloca al Creyente en una situación de peligro contra su fe, tanto en lo creído como en lo practicado. Los verdaderos Creyentes no están exentos de ser contagiado con el mal del mundo. Cuando eso sucede no significa que la ley de Dios ha sido cambiada, sino que el modo del mundo vivir puede afectar nuestro buen juicio. Cuando hay mucha maldad el pecado es corriente, menos odioso, y el amor se enfría. Familiares que llevan una vida escandalosa, por ser objetos de nuestro amor filial, le vemos menos aborrecibles. Nos contagiamos. Ese contagio se hace general, toca casi todas las áreas de la vida piadosa. El sentido correcto de lo espiritual se hace tan nublado, que el juicio se pierde.
Una de las áreas afectadas es la
amistad, se pierde el concepto de lo que ello significa. Es por esa razón que
se ha escogido este versículo, ya que arroja luz sobre lo que es parte de la
verdadera amistad, y sobre que se fundamenta. El sabio dice: “El que reprende
al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua”.
Habla de la amistad entre dos personas, y que esta puede ser fingida o
verdadera. Leo el verso: “El que lisonjea con la lengua”. Es evidente que se
trata de una relación amistosa de alguien con su prójimo. Somos criaturas
sociales y necesitamos no sólo tener amistad, sino también cultivarla. En eso
este hombre ha hecho bien, su falla fue en como lo hizo, se valió de la
lisonja. Pregunta: ¿Qué es una lisonja? Esta palabra lisonja (Hebr. chalaq)
tiene por significado primario dividir, se usó esta palabra cuando Jacob al
encuentro con Esaú, dividió el campamento en dos, tal es su uso ordinario. Pero
en sentido moral denota debilitar el alma ajena. Un caso: “El hombre que
lisonjea a su prójimo le tiende red ante sus pasos” (Pro.29:5). O que su
lisonja coloca a su prójimo en situación adversa, de peligro o debilidad.
Entonces la lisonja es: El conjunto de palabras que se emplea para adular al
amigo, es un motivo para que el otro se envanezca, y esto por medio de un falso
cariño o adulación. La lisonja es mala, no sólo porque sale de un corazón
dividido, sino también porque incita al otro a malos deseos. Por medio de
la lisonja llevamos al otro a ignorar su realidad. Lo hundimos en
tinieblas o ignorancia, y peor aun que allí toma decisiones injustas contrarias
al bien de su alma. Un santo del pasado dijo: “Estaré en mayor problemas por
elogios injustos, que por injustas difamaciones”. La lisonja no es pequeño mal.
La difamación es cierto que debilita el alma (Neh.6:10), y uno lo nota; eso me
lleva a orar. En cambio la lisonja debilita también, pero uno no se da cuenta
de su mal. Es peor.
Si no reprendes a tu hermano cuando fuese necesario, entonces tu amor es deficiente y tu fe cuestionada. Una de la causas por lo cual tú no amonestas tu hermano es, porque te parece que si lo haces perdería su amistad, y estás en lo cierto, es muy posible que la pierdas por un tiempo, pero si el otro es honesto y ama a Cristo, de seguro que volverá a ti, y lo que te pareció pérdida vendrá con el pago del principal y los interés. Ten muy presente que los que confían en Jehová no serán avergonzados para siempre, talvez por un tiempo pero no más. Amen.