
Texto: “Entonces
volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu
sois” (Lucas 9:55).
El Señor no les permitió disfrazar su desamor con santo celo, así que les quito
la careta. Cristo nunca, nunca permitirá que una buena causa en los Suyos se
haga violando el amor. Nuestros buenos sentimientos no pueden excusar nuestras
malas acciones. Es cierto que tenía buenos sentimientos por Jesús, pero no los
excusaba para no ser reprendidos: Fue una censura cortante y amarga, por que
tuvieron sentimientos desordenados.
Volvamos a las palabras de Jacobo y Juan: “Jacobo y Juan, dijeron: Señor,
¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los
consuma?” (v54). Como si les hubiese dicho, aunque lo hayan aprendido de la
Biblia, sus sentimientos no son bíblicos, ni del cielo como el fuego de Elías,
eso terrenal, animal, mundano. Ellos habían leído y aprendido eso en su
Biblia, pero lo mal aplicaron. De aquí aprendemos: Lo
que imprime sello de fidelidad bíblica a nuestras declaraciones, no es sólo que
lo hagamos citando un verso de la Biblia, sino que además esté bien aplicado. Mire
como los discípulos disfrazaron un sentimiento carnal de ropaje bíblico. El hábito
no hace el monje. Mire cuan fácil el amor por Cristo se torna en crueldad. La
misericordia nuca es cruel, ni severa, ni desordenada, es apacible. El Señor
Jesús prohíbe la venganza personal en Su nombre. Los cristianos no son águilas,
ni buitres, sino mansas palomas. Oiga esto: “Y tras el terremoto un fuego; pero
Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado”
(1Re.19:12). El Señor vino después de la serena voz.
Ellos dijeron: “Como hizo Elías” (v54). Le pusieron un color divino a sus
impotentes deseos, el color era falso, disimulado. Ellos no habían considerado
la diferencia en el espíritu de Jesús y el de ellos, quines por una simple
impaciencia fueron movidos hacer una sugerencia furiosa. Para imitar
correctamente los santos de Dios en acciones particulares hay que hacerlo sobre
los mismos fundamentos, de lo contrario sería una burla o torpe imitación. Notemos:
“¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los
consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis
de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las
almas de los hombres, sino para salvarlas” (v54-56). Esto es, vuestras acciones
serán dignas de elogio y alabanza, cuando estén acorde con mis acciones de
salvación.
Amén.