
Texto: "Y no nos metas en tentación, mas
líbranos del mal" (Mat.6:13).
Nuestro amado Redentor no ora aquí por una absoluta inmunidad y liberación,
sino por una preservación del mal.
Cuando pedimos que no nos meta en tentación, no significa que pedimos por una
absoluta exención de la tentación, sino que no caigamos bajo el peso o gobierno
de la tentación, no caer en las manos de Satanás o ser maltratado por el, como
es explicado en el verso: "Líbranos del mal".
Nos preguntamos: ¿Cuales son los peligros de un estado terrenal? Dos cosas: La
abundancia de lazos contra el alma, y nuestra propia debilidad. Veámoslos.
La
abundancia de lazos. El mundo esta lleno de trampas y aunque podemos caminar
libremente somos fácilmente manchados. Todas las condiciones de la vida son un
lazo, la adversidad y la prosperidad tienen sus peligros: "Vanidad y
palabra mentirosa aparta de mi, y no me des pobreza ni riqueza. Solo dame mi
pan cotidiano; no sea que me sacie y te niegue, o diga: ¿Quien es Jehová? No
sea que me empobrezca y robe, y profane el nombre de mi Dios"
(Pro.30:8-9). Un vestido muy corto que no cubre nuestra desnudez y el
otro muy largo que impide servir a Dios. Como ciertas enfermedades que nacen en
la abundancia y otras por causa de la necesidad.
La prosperidad es lo que los hombres mas buscan, pero también la mas peligrosa;
las hierba mala crece con mayor facilidad en la tierra bien abonada que en el
suelo seco. Las riquezas, los deleites y los placeres nunca serán un motivo
para llevarnos Cristo, pero la miseria si. David no fue asaltado por la codicia
mientras estuvo huyendo en el desierto, sino mientras paseaba en la terraza de
su palacio.
Los hombres que tienen muchas posesiones de las cosas del mundo desarrollan un
espíritu mundano mas acentuado. Muchos hombres con negocios de doble
contabilidad rehúsan el Evangelio diciendo que para servir a Dios tendrían que
cerrar sus negocios, queriendo significar que son guiados por un espíritu
profano. Es una verdad, que cuando el empleo o vocación es mundano, el corazón
es apartado de Dios y encuentra menos sabor en las cosas santas.
Las tentaciones están donde uno menos se las imagina, en el empleo, la
adoración, el comer, el dormir, el beber, la diversión. Son como el viento que
viene del norte, del este, del sur y del oeste. Como esta escrito:
"Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante
Jehová, y entre ellos vino también Satanás" (Job 1:6); es como una fiesta
donde vienen mas personas que las que estaban invitadas.
En la soledad hay peligro como también en la compañía, y sucede como dice
Salomón: "Porque tu no sabes cual será mejor, si esto o lo otro, o si
ambas cosas son igualmente buenas" (Ecles.11:6).
Hay peligro también en nuestro temperamento y el Maligno tiene una carnada para
cada uno: la honra que busca el ambicioso, lo material para el codicioso y los
placeres para el sensual, y Dios en Su justicia lo permite: "Por tanto,
así ha dicho Jehová, he aquí que yo pongo tropiezos a este pueblo, y caerán en
ellos los padres junto con los hijos; el vecino y su prójimo perecerán" (Jer.6:21).
Nuestra debilidad. No solo hay trampas y tentaciones en el mundo, sino
que también hay la inclinación al peligro en la parte tentada: "Cada uno
es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido" (Stgo.1:14); esto es, que Satanás no necesita soplar la
llama, la gasolina siempre esta presta a incendiarse: "El espíritu, a la
verdad, esta dispuesto; pero la carne es débil" (Mat.26:41); Satanás nunca
podría entrar a tentarnos si alguien dentro de nosotros mismos no le abre la
puerta para entrar; como Sansón no hubiese sido vencido por los filisteos si Dalila no lo traiciona.
Cuídate, porque el mundo es un lugar muy peligroso, aun para un verdadero
discípulo de Cristo. Dios ha dado dos remedios inseparables para guardarnos
contra este peligro: "Velad y orad, para que no entréis en tentación"
(Mat.26:41); velamos para no ser descuidados y oramos para no ser auto
confiados. El Creyente vela para descubrir la aproximación del enemigo y
ora para clamar por la ayuda de Dios contra la tentación.
Estos dos remedios se ayudan mutuamente.
Amen.