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La bondad del Creador se extiende a todas y cada una de las criaturas, aun así, este bien no llega en igual grado a todas. En general es así: “Tu justicia es como los montes de Dios; tus juicios son como profundo abismo. Tú preservas, oh Señor, al hombre y al animal. ¡Cuán preciosa es, oh Dios, tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de tus alas” (Sal.36:6-7). En particular a los seres humanos: “Jamás dejó de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría” (Hech.14:17). Y especialmente con Sus elegidos: “¡Ciertamente bueno es Dios para con Israel, para con los limpios de corazón!” (Salm.73:1).

El amor divino puede ser de tres clases: Benevolencia, beneficencia y complacencia. Veamos estos detalles. Benevolencia. Esto es, que desde la eternidad Dios quiere el bien de las criaturas: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gen.1:31). Lo otro es su amor de beneficencia: Esto es, el bien o favor que hace a las criaturas en el tiempo: “Oh Señor Dios, levántate ahora para habitar en tu reposo, tú y el arca de tu poder; oh Señor Dios, sean vestidos de salvación tus sacerdotes, y tus santos se regocijen en tu bondad” (2Cro.6:41). O del beneficio que de Dios estaban recibiendo en ese mismo instante. Complacencia, es el deleite que Dios experimenta cuando los rasgos de Su santidad brillan en las criaturas. Que los favorecidos imiten las buenas cualidades de su benefactor. Un caso: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay , y que es galardonador de los que le buscan… Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebr.11:6,8). La sumisión de Abraham produjo deleite en Dios, pues actuó como santo o Creyente.

 

Enfoquemos este otro texto, y podrá notarse como si Dios mismo resumiera todos Sus Nombres en uno solo, Su Bondad: “El que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia…” (Jer.9:24).  Esto es, que Yo Soy Bueno. Más aun, que cuando uno lee todas y cada una de las páginas del libro de la Creación, podrá notar que ningún otro de Sus Nombres es más rápidamente evidente o manifiesto que éste: “Dios es Bueno”, o que decir Dios y Bueno es decir lo mismo. Dicho de otro modo, y de acuerdo a la exhortación divina del contexto: Mientras un hombre conozca más de la bondad de Dios, sería más feliz, más protegido, mejor suplido y más preservado.

 

Leamos de nuevo: “El que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce,” se infiere que lo común en la humanidad no es este conocimiento, pues de serlo esta exhortación carecería de sentido, o que lo común es que el ser humano no conoce a Dios, lo ignora, aun cuando ese conocimiento es más común que el aire que respiramos. Un texto en el NT lo prueba: “Desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa” (Ro.1:20). Aun cuando una persona no haya leído nunca la Biblia, por medio de la creación podrá ver con toda claridad los dos atributos esenciales del Creador, Su poder y bondad, o deidad que es lo mismo. Hace unos meses los norteamericanos pusieron una nave en el suelo del planeta Marte, y tal portento no habla del poder del hombre, sino de la Bondad de Dios; notémoslo: “Los bendijo Dios y les dijo: Ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra… Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gen.1:28,31). El Creador les dio dominio sobre lo sólido, líquido y gaseoso para que el hombre pudiese transformar el polvo de la tierra en una nave espacial y ponerla sobre la superficie marciana. Así que, todas las veces que el progreso científico y tecnológico del hombre se manifiesten, veámoslo con los ojos del Creador: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno.” Un brillo de Su Bondad.

 

Cuando Moisés pidió al Señor que le mostrase Su gloria, encontramos similar mensaje: “Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado” (Exo.34:6), esto es, Moisés, mi gloria es mi Bondad en salvar a los pecadores. Y el salmista lo pone en lenguaje aun más claro: “Los hombres hablarán del poder de tus hechos portentosos, y yo contaré tu grandeza. Ellos proclamarán con entusiasmo la memoria de tu mucha bondad” (Sal.145:7). Resume portentos y grandeza en Bondad. En palabras del puritano Charnock: “El poder de Dios en hacer, y Su sabiduría en organizarlo todo, están subordinadas a Su Bondad.” En breve: Nuestra perfección es conocer y entender cada día más la Bondad de Dios. Toda predicación sin excepción debiera proclamarlo: Dios es Bueno. Porque cuando Cristo mandó los apóstoles a predicar el Evangelio les dio similar encomienda: “Que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc.24:47), esto es, que enseñen a toda la humanidad la Bondad del Señor. Amén. 

 



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