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Una asistencia

Decimos asistencia porque quien toma prestado lo hace porque atraviesa por un estado terrenal de insuficiencia, de otro modo no se justificaría su deuda: “El que toma prestado.” La necesidad, justa o no, fue como el anzuelo que lo condujo a esta carnada del préstamo, que luego lo esclaviza. Leemos de nuevo: “El que toma prestado.” El verso no dice el que “tomó" como si fuese un hecho pasado y resuelto, sino de alguien que no ha resuelto su problema o que sigue endeudado, note el contraste de “toma” en presente y “prestado” en participio. Quizás sabía que no podía pagar, y se engañó a sí mismo, erró al blanco, no se dio cuenta que un préstamo no es capital, sino una simple ayuda pasajera y que requiere rápida solución. Cogió prestado y no cumplió lo acordado, se hizo mala paga. Quizás dijo: Préstame y te pago el día treinta, llegó la fecha, no pudo, y no ha pagado. Cayó en la trampa. La palabra “prestado” (Hebr. lavah) también se traduce como permanecer, o siguió pegado al estimulante.

 

Lo cierto es que no existe mandamiento alguno del Señor que prohíba el tomar prestado, más aun, Moisés prescribe reglas para este asunto: “Cuando entregares a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda. Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda. Y si el hombre fuere pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios.” (Det.24:10-13). O que da por un hecho el uso de prestamos, e indica que ocurriría con más frecuencia en los pobres. Así que, la Biblia no lo prohíbe, sí le pone reglas. Los prestamos suelen afectar la vida de fe: “Y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios” (v13). Fue una real ayuda. Entonces una deuda sería correcta o incorrecta, depende de si seguimos o no las reglas.

 

 Leo: “El que toma prestado.” Esta persona experimentó carencia de bienes materiales para su existencia, o que necesitaba ayuda, o que las deudas son contraídas siempre o casi siempre como una ayuda. Es como una medicina, mejora al paciente mientras su efecto esté activo dentro de su cuerpo, pero tan pronto como el efecto pasa, los dolores de la enfermedad vuelven. La medicina no añade nada al sistema permanente del cuerpo humano, sólo estimula partes vitales por un breve tiempo. No es como el alimento que agrega nutrientes al organismo. Si quien toma prestado no tiene esto en cuenta, fácilmente podrá endeudarse y endeudarse, pensando erróneamente que resolvería su mal estado, cuando lo cierto es que estaría bajo la influencia de una forma de pensar incorrecta que le hundiría en el error.

 

La deuda no siempre es mala, pero no es alimento, sino medicina. Cuando un virus o bacteria ataca, el organismo levanta su sistema de defensa, eso es como si alguno tuviese necesidad y de su propio capital resuelve; con la deuda es diferente, la persona no tiene esa defensa monetaria y toma prestado. Y así como el paciente es cuidados con el uso de medicina por su efecto secundario, el manejo de la deuda requiere ser dirigido por las reglas del Buen Medico para no crear adicción o disminuir sus efectos secundarios. Si los enfermos pudieran recetarse a sí mismos no necesitaríamos médicos; muchos agravan su enfermedad por seguir la mala práctica de auto recetarse.

 

Los préstamos son como la medicina, útiles, pero nunca piense que puede usarla como un agente curativo, sino como simple calmante momentáneo, y si así es prescrito y usado es legitimo y útil. Es como otras criaturas de Dios, que si son bien administradas le traería buen provecho. Pero así como no es sabio pedir peras al árbol de naranjo; tampoco solución definitiva a un préstamo.

Una perdida de libertad

El resultado del yerro: “Es siervo”. O que mientras permanezca endeudado se hace esclavo de otro. Ser siervo no siempre es un perjuicio, pero este caso sí. El lenguaje del texto lo denota como alguien caído en un grado de inutilidad. Todos las personas son iguales frente a la ley de Dios y de los hombres, pero esta persona por un mal manejo de un préstamo recibido se ha colocado por debajo de su prójimo, le han tapado la boca y limitado su libertad de movimiento. Su reputación ha caído baja. Antes veía su prójimo de frente, ahora no, su rostro y fama ha sido puesta en vergüenza, y por una simple causa, buscó el favor de sus conocidos, y no del Señor. El Creador le hizo igual a sus semejantes, y al momento ha caído de su dignidad como persona.

 

Tiene que pagar el capital tomado, los intereses, y además pagar la deuda con una mancha sobre su reputación y libertad como individuo; no se duda que también le estén quitando el sueno de cada noche. Le han quitado su testimonio, la libertad, la paz, el sueno, y la credibilidad. Quizás ni pueda orar con quietud de corazón. Caso triste. Es posible que al momento de recibir el dinero festejó su imaginación con pensamientos necios, se sintió libre, capaz, pudiente, pero olvidó que el día de pago llegaría. Allí se cumplió esta verdad: Que el entusiasmo terrenal suele ser mal consejero. Como dice el refrán: Hay errores que cuestan muy caros. Este es uno de esos.

 

Un dueño o señor

 La vida cristiana es una vida de gozo y paz en el Espíritu Santo, pero el que debe dinero a su prójimo no puede disfrutar de tales bendiciones, y ahora es amargura y turbación en el espíritu “Del que presta”. No poder pagar le coloca en amarga y dolorosa esclavitud. Es un mal incalculable para él y los suyos. Lo que al principio le pareció dulce remedio es ahora terrible enfermedad. Es amargura tan profunda que ni siquiera pueden oír con provecho la Poderosa Palabra de Dios, veamos su caso: “De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.” (Exo.6:9). Quien debe y no puede pagar casi lo pierde todo, ni las consolaciones divinas le serían de provecho. Amén.

 



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