" width="109" height="108" align="left" style="border:1px solid #BFBFBF; margin:7px; padding:2px;" />

El final de este mundo.

Nuestra creencia es, que un día perecerá. Mire como lo sentenció el Señor: “Los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos… En el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas" (v7,10). Todas las criaturas que están en el aire, la atmósfera, el espacio ínter estelar, y las que están sobre la tierra y debajo de la tierra serán consumidos por el fuego, habrá una purga total, cada rincón del universo será pasado por el fuego. Los elementos que componen el universo material sufrirán una mutación por efecto del fuego, no total disolución. No habrá una desaparición de la materia, sino que todo forma compleja será trasformada por la fundición a un estado de su esencia elemental, no así en su cualidad presente. Es como si tomásemos un automóvil y los quemamos, el carro es destruido por el fuego, pero sus elementos constitutivos permanecen.

 

El hierro sigue siendo hierro. Entonces el universo será como un enorme taller de fundición. Dios hará uno nuevo para morada y residencia perramente de Sus hijos.

 

Será como el grano que cae a tierra y muere y en su lugar sube el germen nuevo, o que en su lugar tendremos uno mejor: "Nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra." Se trata de una declaración general, pues el apóstol no menciona particulares, sino sólo cielos y tierra, aunque lo incluye todo. La expresión es semejante a la empleada por Moisés en la primera creación: "En “En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Gén.1:1).

 

Pregunta: ¿serán todas las bombas atómicas estallando una tras otra? O, ¿quizás lo que los científicos llaman una reacción nuclear en cadena? El fuego generalizado no es el efecto de un error o voluntad humana, sino el juicio del Omnipotente Dios sobre la maldad e inmoralidad de los hombres, el mismo que la creó, ahora purgándola para morada de sus redimidos.

 

Así que, no es algo ordinario, como hacer y explotar bombas lo cual sería un acto humano ordinario, sino un portento divino extra ordinario; es fuego divino, no humano. Las bombas dejarían el ambiente trasformado, pero no puro. Para purificar algo debe actuar un agente transformador superior a lo naturaleza, Dios con Su poder lo hará. Cuando Sodoma y Gomorra fueron quemadas no fueron reducidas a nada, así también el final profetizado aquí: "Una generación va y otra generación viene, mas la tierra permanece para siempre" (Ecle.1:4). Los seres aquí nunca dejarán de ser, sino que serán trasformados. Si tú posee una pieza de oro corrompida, entonces tu labor es purificarla, y esto con fuego, tale s ala idea aquí. La corrupción de una cosa se acaba al transformarla. La semilla que cae a tierra en parte se pudre, y en su lugar aparece un brote puro.

 

Un nuevo mundo.

El apóstol dice: "Nosotros esperamos"; como si dijera que Dios ha preparado una herencia, y ha prometida darla para el disfrute de los Cristianos; entonces nuestra tarea es confiadamente esperarla, porque de cierto vendrá. La esperanza tiene dos partes, el estado de espera y la acción de esperar, lo que se conoce como la expectación; o que el corazón espera y el alma tiene expectación aguardando lo prometido. La vida del verdadero Creyente tiene dos etapas, Gracia y gloria. Mientras estemos en este mundo es Gracia, y el porvenir es disfrutar de la gloria. Estamos esperando, o que todavía no poseemos lo nuestro. Así que, en esta vida nuestra obra es esperar, y en la próxima disfrutar: "Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve?" (Ro.8:24).

Lo que esperamos son nuevos cielos, y nueva tierra. Ahora lo vemos por fe, nos gozamos al verlo, pero todavía no lo disfrutamos por posesión. El caso de Esteban lo deja entrever: "Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios" (Hech.7:55). El vio la gloria de Dios, o la que habría de tener, lo que esperamos disfrutar en el nuevo mundo. Hasta la hora de su muerte no la disfrutó sino en esperanza, ahora ve lo que ha de poseer. Es como el atleta que ve la meta de su competencia, pero todavía no ha llegado. Sería una necedad poner nuestra esperanza en algo que ha de morir o desaparecer; eso le llamaríamos una vana esperanza. En cambio la esperanza Cristiana no puede fallar.

 

Es como el individuo que posee mucha tierra, pero no tiene efectivo, o liquidez. No podemos decir que sea pobre, cuando posee mucho, aunque al presente no tenga efectivo ni siquiera para comer, o que siendo rico puede pasar hambre. No obstante, llegará un día donde venda sus propiedades y entonces disfrutará en grande de sus posesiones. De manera semejante es con los Creyentes, ellos son ricos, pues Dios les ha hecho coherederos con Cristo, poseen una herencia en papeles, en esperanza, pero en ese día del fuego universal, Dios los hará entrar a ese mundo nuevo, y jamás conocerán de necesidad alguna, ni adversidad.

 

Concluimos haciendo coro con el apóstol:

"Digo, pues: Mientras el heredero es menor de edad, en nada es diferente del siervo, aunque sea el dueño de todo“ (Gál.4:1). Todo el bien que hay en el universo, todos los placeres y deleites del universo son de los convertidos al Señor. Amén.

 



Herramientas