Texto:
Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el
sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del
sepulcro?” (Marcos 16:3).
Ellas compraron las especias cuando había pasado el día de reposo, o que sábado
por la noche fueron a comprarlas. El domingo a oscuras se levantaron y salieron
para el sepulcro, llegaron allí cuando el Sol salía. Ellas habían sido testigos
de cómo donde fue enterrado y como fue sellada la entrada, y concluyeron que
por fuerza física no podrían remover la piedra, eso no las detuvo para venir al
deber de ungirlo con perfume. Es interesante que en ningún momento se les oyó
decir que tuvieran cuidado por lo que pensaran otros, ni aun tuvieron temor del
curso de acción que tomaran contra ellas los gobernantes.






