Texto: "Yo soy la vid, vosotros las ramas. El
que permanece en mi y yo en el, este lleva mucho fruto. Pero separados de mi,
nada podéis hacer" (Juan 15:5).
De la boca de Cristo salió esta sentencia, de lo cual se infiere que los que
hagan descansar sus almas en su propio poder natural, terminarán apostatando si
no recapacitan a tiempo, y la razón es sencilla, es que no hay en el hombre
poder suficiente que pueda sostenerlo a sí mismo.
Aprendamos, pues, de los apóstoles quienes fueron débiles hasta que vino sobre
ellos el poder de arriba. Recuerde como fue Pedro avergonzado con la pregunta
de una doncella: "Le dijo Pedro: Señor, ¿por que no te puedo seguir ahora?
¡Mi vida pondré por ti!... Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿Tú no
serás también de los discípulos de ese hombre? El dijo: No lo soy"
(Jun.13:37 y 18:17). Por esto en toda caída, prueba, desaliento en que caigas,
no busque poder en ti, sino en levantas tus ojos al poder de la resurrección de
Cristo, cuyo Espíritu es suficiente para todo: Todo es de El, por El y para El.





