Texto: "Padre, no ruego que los quites del
mundo, sino que los guardes del mal" (Jun.17:15).
No seremos aguardados a menos que Dios mismo nos guarde: Cristo nunca hubiese
hecho una petición semejante si hubiésemos sido capaces de guardarnos a
nosotros mismos.
El establecimiento y preservación del Creyente del mal del pecado esta entre
las bendiciones del Pacto de la Gracia: "Pero fiel es el Señor, que os
establecerá y os guardara del mal" (2Tes.3:3). El apóstol Pablo supo
experimentar muchos y variados peligros que pudo haber llegado a pensar que en
alguno fracasaría, por el contrario apelo en su corazón a la fidelidad del
Señor: "Por esta razón padezco estas cosas, pero no me avergüenzo; porque
yo se a quien he creído, y estoy convencido de que el es poderoso para guardar
mi deposito para aquel día" (2Tim.1:12).






