Texto: "A tus manos se acoge el desdichado; tu
eres el amparo del huérfano" (Sal.10:14).
De este consolador versículo se puede inferir, que el Dios de Abraham es el
Dios de los débiles, porque tanto el desdichado como el huérfano tienen como
cualidad principal su enorme debilidad. En este sentido te invito a que juntos
consideremos estos argumentos.
Mira el encargo que Dios Padre dio a Cristo con respecto a los débiles. Empecemos
con esta profecía: "He aquí mi siervo, a quien sostendré; mi escogido en
quien se complace mi alma. Sobre el he puesto mi Espíritu, y el traerá justicia
a las naciones. No gritara ni alzara su voz, ni la hará oír en la calle. No
quebrara la caña cascada, ni apagara la mecha que se esta extinguiendo; según
la verdad traerá justicia" (Is.42:1-3) y el N.T. lo resume así: "Porque aun siendo nosotros débiles,
a su tiempo Cristo murió por los impíos" (Ro.5:6);
El vino para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia, y
Dios se complace en el humilde y en el débil.






