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Para los Hebreos la conciencia era regularmente denominada por dos palabras: "corazón" y "espíritu." En Proverbios 4:23, "guarda tu corazón" (esto es, guarda tu conciencia) "con toda diligencia".  Así también en el Nuevo Testamento, el apóstol Juan, "Si nuestro corazón nos reprende" (1Jn.3:20); esto es, si nuestra conciencia nos censura. Otro verso: "¿Quién soportará el espíritu angustiado?" (Pro.18:14), esto es la conciencia herida, ésta tumba el ánimo del hombre. La conciencia es la guía moral del hombre y está colocada entre Dios y el hombre, por debajo de Dios y por encima del hombre.  "En los cielos está mi testigo" (Job 16:19), el patriarca señala que su testigo está por encima de él mismo, el apóstol agrega: "Mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo." (Ro.9:1).  Pablo dice aquí que su conciencia sube a la presencia del Espíritu Santo.

 Debido a que la conciencia es la facultad que permite a los hombres juzgarse a sí mismo, se puede decir que en cierto sentido es un juez, o el representante de la Ley Moral del Creador dentro de uno. Es un juez, ya que dicta sentencia. Agradó, pues, al Creador establecer un tribunal en el corazón de todo ser humano, lo cual tiene entre otros beneficios, darnos convicción de la existencia del Creador, ya que la fuerza de Su ley a menudo el hombre la siente en su ser interior; o que se levanta dentro de uno, y nos presiona al deber moral con el prójimo. En cuanto a sus funciones, el ministro inglés Brochmandus (S. XVII – UK) la describe así: “Es una clase de razonamiento silencioso, cuya sentencia definitiva es recibida por algún sentimiento del corazón, donde aquellas cosas que son juzgadas como correctas y buenas son aprobadas con agrado, pero las cosas que son malas y perversas, desaprobadas con vergüenza y lamento. Dios la ha colocado en todos los hombre; parcialmente para ser juez y testimonio de la integridad con que el hombre fue criado y de la corrupción que siguió al pecado; parcialmente que Dios tenga un tribunal levantado en el pecho de los hombres para acusar a los delincuentes o transgresores, y para excusar aquellos que hacen lo que es bueno y correcto.”

Educando la Conciencia

En ciertas tribus del Amazona las personas en lugares públicos andan desnudas sin avergonzarse, pero cuando la civilización les llega, sus conciencias son educadas con la virtud del pudor y visten sus cuerpos. La Biblia es el manual de instrucción dado por el Creador al hombre para el entrenamiento moral necesario. Así que, no necesitamos las lecciones de los últimos experimentos que han desarrollado no pocos palabreros modernos. Como dijera un Cristiano, cuyo nombre ahora no recuerdo: “No es en las aulas universitarias donde se gana o pierde la batalla moral que hemos de librar, sino en los corazones de los hombres. Ellos necesitan la Biblia en sus conciencias.  Que puedan alcanzar un conocimiento comprensivo, íntimo, y personal de la anchura de la Ley moral de Dios y sus respectivas aplicaciones a la vida diaria. Las lecciones para sus conciencias están sólo en la Biblia. Si  hemos de ser instrumentos de transformación ética, la Palabra del Único y Sabio Dios ha de estar atesorada en sus corazones.”

 Educándola Negativamente.  La conciencia errada produce que algunos estén sinceramente equivocados. Violar la conciencia es malo, y seguir la conciencia errada también, se condenan los pecadores voluntarios, y los sinceramente errados.  Una conciencia mal educada puede ser llevada a sentir pecado en algo que no lo es. Si un sacerdote católico honra la institución del matrimonio siente que ha pecado. En ciertos grupos religiosos consideran la enfermedad como un castigo divino, y si el  adventista come carne de cerdo  o camarones siente que ha pecado; similar sentir de falta se da en algunos si toman cerveza o alcohol.  Otros satanizan el uso de ciertos instrumentos musicales en la adoración pública de la Iglesia local. Un vaso de vidrio se rompe si usted lo estrella en el concreto, como si también se le cae. Una conciencia mal educada pudiera poner al hombre en grave peligro, porque si no hay una conciencia recta, la piedad naufragaría: “Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos.” (1Ti.1:19). Hay un punto intermedio de seguridad y salvación, educar y seguir nuestras conciencias con el Evangelio de Dios.

 Educándola Positivamente. Consulta el deber, y no los resultados.  Dios ha creado el ser humano con la facultad de buscar su propia felicidad, el hombre duerme y se levanta con el propósito de satisfacer este deseo innato de ser feliz.  Pero también ha establecido la manera de ser feliz  al alcanzar este bendito estado de dicha.  Cristo nos dice como llegar a ser feliz: "Si sabéis estas cosas, bienaventurado (felices) seréis si las hiciereis" (Juan 13:17).  La felicidad está reservada para quienes se doblan a la voluntad de Dios y obedecen el Evangelio.

    Guarda tu conciencia para que no sea violada y seguro que no serás infeliz.  Hay dos tipos de personas en busca de la felicidad, el incrédulo y el creyente, ambos desean ser llenados y estar satisfechos.  El inconverso toma su propio camino, pero el cristiano toma el consejo de Dios, o educa su conciencia con las verdades del Evangelio.  El hombre malo busca los resultados que le interesan, aún tenga que violar su conciencia, pero el creyente buscaría hacer su deber dado por el Señor y deja los resultados en manos de Dios, porque ha renunciado al pragmatismo religioso. El malo tiene lo suficiente de sus propios caminos cuando ello le haya llevado al infierno, pero el bueno tendrá lo suficiente cuando venga al disfrute de Dios.

 

   Por tanto, tu mayor interés y cuidado ha de ser conocer y hacer tu deber y dejar los resultados en manos del Señor.  Dios es el Creador de la felicidad y no puedes alcanzarla ni encontrarla, si no sigues el consejo divino.  Amén. 

 



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