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Esos instintos tienen un solo objetivo: la preservación del hombre, o que el Yo fue hecho para ser el centro de mi vida individual. Mis instintos defienden mi Yo. Cada hombre debe cuidar su propia existencia. La condición de ayudar a otros será cuando se tenga el poder de hacerlo. Así lo experimentamos y así lo enseña la Biblia; nótese: “Amarás a tu PRÓJIMO como a ti mismo” (Mar.12:31); esto es, YO antes que el otro. Uno más: “Hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gal.6:10), esto es, a los nuestros antes que a los otros. La observación o consideración de los instintos naturales revelan que Dios en Su infinita sabiduría hizo al hombre para que en muchos aspectos fuese el centro del Universo.

 

Mensaje de los sentimientos


En la mente humana está plantada la facultad de autoconsideración. No es una facultad pensante, sino de simple sentir involuntario. Como la esperanza, o el amor, o la conciencia, o el temor, la Autoestima natural en todo hombre es un fuerte sentimiento, y su tipo y fuerza depende de ciertos sentimientos peculiares. O que aun siendo Autoestima, no siempre son iguales ni tienen la misma fuerza; sino dependerá de las condiciones e impulso que uno reciba en el entendimiento. Un caso: “Saúl se enfureció, pues este dicho le desagradó, y dijo: Han atribuido a David diez miles, pero a mí me han atribuido miles. ¿Y qué más le falta sino el reino?” (1 Sam.18:8). Se enfureció porque su Autoestima fue herida. Esta facultad tiene diferentes tipos, grados y fuerza. No todas son iguales. El idioma de Saúl fue hebreo, si se le hubiese hablado en español, no reaccionaría igual. El entendimiento despierta la Autoestima.

 

Ahora bien, cuando uno nace, recibe mente y cuerpo, y no somos responsables de las diferentes proporciones con que nacimos. No somos responsables de nuestras debilidades o deformidades, ni del tamaño ni la forma de nuestros miembros; pero sí somos responsables de su uso, sea bueno o malo. Más aún, también somos responsables del entrenamiento o hábito que le demos. Aun cuando la Autoestima tiene diferentes tipos y grados, y que es algo instintivo, no obstante, y sabiendo que entra por el entendimiento, somos responsables de cómo la eduquemos y en qué manera la hagamos reaccionar.

 

El Señor nos manda a restringir algunas de sus partes, y desarrollar otras, de tal modo que nuestra Autoestima sea evangélica. Oigámoslo: “En virtud de la Gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio” (Ro.12:3).

 

“Aun cuando la Autoestima tiene diferentes tipos y grados, somos responsables de cómo la eduquemos y en qué manera la hagamos reaccionar”.

 

Autoestima negativa


Enfocamos: “Dos hombres subieron al templo a orar… El fariseo… Oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. “Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano” (Luc.18:10-11). El fariseo subió al Templo a orar, y estando allí miró a su alrededor a otros que también adoraban; no vio a Dios, por eso no pidió nada, sino que estuvo satisfecho en sí mismo, o en lo que era y poseía. La Autoestima negativa le hizo ver que era rico sin carencia alguna. No vio necesidad de perdón ni de Gracia.

La autoestima de este fariseo es la misma de la psicología moderna; la definen así: “Autoestima es la capacidad desarrollable de experimentar nuestra existencia, de confiar en nosotros mismos para lograr objetivos, independientemente de las limitaciones que podamos tener”. Tal cual el fariseo no necesita a Dios. La autoestima del fariseo fue sentirse bien, aun cuando no tenía méritos ni causa alguna para sentirlo. En la portada de la famosa revista americana, “Newsweek” (Feb. 1992), la Autoestima de la psicología moderna fue titulada así: "La maldición de la Autoestima o lo que está mal con el Movimiento de sentirse bien". Como alguien ha indicado: “Los dioses del materialismo nos urgen a poner nuestra seguridad y Autoestima en ellos. Pero tan pronto como uno lo haga, ahí mismo perdemos la seguridad, y al Dios Único y verdadero”.

 

Autoestima Evangélica


En otra versión dice así: “Digo, pues, por la Gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro.12:3 RV60). El ministro del SXIX, Henry Ward, la comenta así: “Esta palabra “cordura” en el NT, cuando es aplicada a la mente, más que a la conducta y moralidad, significa la seriedad y el sentir del estado de ánimo que surge en uno, cuando es inspirado por un propósito moral, a diferencia del descuido y superficialidad que se experimenta cuando no estamos bajo la influencia de la verdad y buena conciencia”.

 

Una mente sobria o en cordura, es cuando la persona piensa y mide las cosas con buen juicio, y conocimiento. En tal caso decimos: “Fulano está en sus cabales”, o “está pensando bien”. El asunto que nos concierne no queda ahí, pues el escritor divino agrega: “Conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (v.3). Según el grado de conocimiento o madurez en la fe que cada uno tenga. En la vida cristiana nada puede ser bien hecho sin cordura o sobriedad. Bajo esta Gracia seríamos resguardados del mal influjo de la vanidad y el orgullo. Es juicio desapasionado, aunque no del todo desapasionado, sino de lo carnal.

 

La Autoestima del ser humano, como ser inmortal, no consiste tanto en su capacidad intelectual y poderes con que fue dotado en su creación, sino más bien en su capacidad de excelencia moral, y su poder para imitar las perfecciones del Señor, lo cual es revelado así: “Sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a El… Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor” (1Jn.32:2; Ef.5:1).

 

Un contraste


Es incuestionable que Satanás es inteligentísimo, culto, diestro, con grandes riquezas como ningún hombre pueda tener, y además domina sobre millones de personas. El diablo tiene autoestima, animal, terrenal, diabólica; pero nunca podrá ser feliz, estado al cual pueden y alcanzarán los verdaderos Cristianos. El diablo es un ser profundamente degradado.

 

La Autoestima del hombre descansa en su capacidad de excelencia moral, y su imitación de las perfecciones del Señor”.

 

Su composición y Orden


La verdadera Autoestima se compone de dos elementos: Identidad y posesión. Los intelectuales y ricos de la tierra, por lo general, tienen una alta Autoestima, cual los diablos, aunque falsa y degradante de la naturaleza humana. En el caso de los Creyentes esa identidad es ser hijos de Dios en Cristo, y la posesión, ser morada del Espíritu de Gracia. Alguien la ha definido con estas palabras: “La Autoestima cristiana o verdadera, es el resultado de la aplicación de principios morales correctos, con santos sentimientos, que nos permitirían asimilar y reflejar el carácter del más Alto, más Bueno y Hermoso de todos los seres. El carácter del Único Hombre Perfecto, nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Se trata de un fruto, resultado o efecto. Requiere nuestra colaboración o el uso de nuestro buen juicio; nótese: “Digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno” (v3). Se puede ver que en esta evaluación hay una negación: “No piense más alto de sí que lo que debe pensar”.

Pon el debido cuidado sobre el estado espiritual de tu alma, cuando pienses con agrado, encanto o satisfacción de ti mismo, o posesiones. Y una afirmación: “Que sí piense con buen juicio”. Este ejercicio requiere una obra de cuidado o estudio. Y es lo contrario a ese descuido y superficialidad que se experimenta cuando no estamos bajo la influencia de la Gracia divina.

 

 

Conclusión:

 

Si los deberes son antes que la Autoestima, y así son, entonces hay que ser útil para ser estimado. Todas las personas aspiran que su memoria no sea puesta en olvido, y que de algún modo sea recordada con estima y agrado. En el Reino de Cristo, no hay manera que eso suceda que no sea por medio de una vida de utilidad al pueblo santo. Amén.



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