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 Siendo un don, significa que el Creyente ha de encontrarse, no bajo el disgusto divino, sino bajo Su agrado. Dicho en otras palabras, este gozo llega teniendo buena comunión con Dios, pues quien santifica al Creyente es el Espíritu Santo. Si el Creyente camina en pecado o incredulidad el Espíritu se contrita, la santificación se detiene, en cambio si se disfruta de buen testimonio, el Espíritu sonríe, la santificación se acrecienta; lo cual trae gozo: “Por el poder del Espíritu Santo.”

 

Veamos esto con mayor claridad: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido” (1Jn.1:3-4). Aquí se pueden ver varios asuntos: Su testimonio: “Lo que hemos visto y oído”. Una acción, predicarlo: “Eso os anunciamos”. Un propósito, comunión espiritual: “Para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”. Una proclamación: “Estas cosas os escribimos”. La finalidad de todo este asunto: “Para que vuestro gozo sea cumplido”. No es nuestra presente intención considerar las partes del texto, sino que se despejó el panorama para fijar nuestro interés en lo tocante al gozo: “Para que vuestro gozo sea cumplido”. Llamo la atención a esta palabra que aquí es traducida como “cumplido”; tiene por significado suplir o proveer con abundancia o generosidad.

 

En resumen: Se puede afirmar en base a lo que aquí es revelado por  el  apóstol Juan, que el gozo Cristiano no nace de  la posesión de bienes materiales, o recibir salud o dinero en abundancia, sino que surge al ejercer fe sobre la Palabra escrita, y en particular las promesas, o lo que es  lo mismo, tener comunión con Dios por medio de Sus preciosas Promesas.

 

Una precaución. Ahora bien, nos ha tocado vivir en una generación donde la falsificación del gozo abunda. El mundo nos está bombardeando con el anzuelo de la diversión y el entretenimiento, como si eso pudiera sustituir el gozo de Dios. El engaño consiste en el anuncio encubierto de que almas inmortales como los seres humanos puedan encontrar gozo y paz en las criaturas. Tal es la técnica mercadológica del mundo y sus instrumentos de tinieblas. Entonces como negociantes de la verdad necesitamos distinguir lo verdadero de lo falso.

 

El objeto o propósito de un hombre define su gozo. Lo carnal, en los asuntos relacionados con el gozo o satisfacción de vida, se encierra en tres asuntos, y sólo estos tres: Honor, dinero y placer. Si el gozo de un hombre está en ser honrado, apreciado por sus semejantes, o en la posesión y disfrute de bienes materiales o el placer temporal de las cosas, tal gozo es carnal, ya que es producido por las criaturas, no por Dios. Este gozo no sólo es terrenal, sino también que es menor al verdadero; David lo proclama así: “Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto” (Sal.4:7). El salmista no dice que el gozo de los otros sea malo o pecaminoso, sino inferior. El gozo cristiano es un gozo que viene del Cielo: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer” (Ro. 15:13).

 

El Señor Jesús también hace esta distinción entre gozo carnal y espiritual, nótese: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lc.10:19-20). Uno puede gozarse en asuntos materiales o terrenales, pero el regocijo o gozo pleno de nuestros corazones pertenece sólo a Cristo. Richard Baxter comenta este texto: “No se regocijen que los espíritus se le sujeten a ustedes, sino que ustedes están sujetos a quien redimió vuestras almas. O que nadie se regocije porque posee una alta posición en la sociedad o aun dentro del pueblo de Dios, sino porque Dios te incluyó en el Nuevo Pacto.

 

En conclusión. Los incrédulos viven en falsedad y así mismo se gozan. Eso es gozarse apoyado en falsos principios, pero eso no es tan peligroso como un mal gozo surgido de buenos principios espirituales, y tal es la advertencia que el Señor Jesús dio a los discípulos. Si un loco viola la luz roja del semáforo no contrae tanta culpa a que sea hecho por un intelectual. Es preferible ser fuerte con apariencia de débil, y no ser débil con apariencia de fuerte. Gozarse en hacer milagros, o exhibir dones extraordinarios, y no gozarse tanto en ser Cristiano, sería no pequeño yerro.

 

La Biblia narra de impíos obrando milagros, pero tener el Espíritu de Gracia en el corazón costó la Sangre del Hijo de Dios, y eso ha de traer mucho, y el mayor de los gozo. Sea pues, nuestra oración: Señor enséname a gozarme en ti.  Amén.



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