" width="109" height="108" align="left" style="border:1px solid #BFBFBF; margin:7px; padding:2px;" />

La naturaleza del Discernimiento. Las Escrituras enseñan que hay fe falsa y fe verdadera. La verdadera tiene un ojo capaz de ver las cosas invisibles. Y aquí radica la importancia vital del discernimiento, ya que indica cuando la fe es verdadera; no sólo ve lo invisible, sino que además distingue entre un objeto espiritual bueno y otro que no lo es.

 

No podemos decir que alguien tiene su visión buena sino puede distinguir lo que dice ver. Así que, la fe expresa en una sola palabra lo que el apóstol aquí expresa con dos: conocimiento y discernimiento: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo discernimiento” (Fil.1:9).

 

Pregunta: ¿Qué es la fe?

 

Un sentido de lo invisible o espiritual. El conocimiento es la unión de la visión y el objeto. La vista se pone en contacto con la pared, y conocemos que es una pared, y percibimos que es un objeto duro, no blando. El conocimiento espiritual es la unión de los ojos del alma con el objeto invisible del mundo espiritual. Con el discernimiento se siente, se percibe, se distingue su cualidad, si es buena o mala. El caso del Cristiano ya crecido en la fe: “El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebr.5:14). Todos los Creyentes tienen ese sentido espiritual o discernimiento; los maduros lo tienen más ejercitados.

 

La palabra que aquí es traducida como sentidos y discernimiento en Fil.1:9 derivan de la misma raíz griega (Gr. Aisqhnomai), o que son términos equivalentes. Entonces el discernimiento es: La facultad espiritual de la mente regenerada que le capacita para sentir, entender, percibir y juzgar los asuntos espirituales. El Señor Jesús lo dice de forma ilustrada: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios… El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jun.3:3,5). El verdadero Cristiano, el hombre o mujer que ha nacido de nuevo, o el que ha sido regenerado, no sólo ve el Reino de Dios, sino que además distingue el camino que lleva a la perdición del que lleva a la vida, desecha uno y escoge el segundo, entra al Reino de Dios.

 

En otras palabras, que el discernimiento espiritual corona la fe verdadera. 



Herramientas