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Luego de este anuncio, el Señor Jesús revela quien gobernaría sobre la ciudad y el tiempo del dominio: “Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (v24), y cuando el tiempo de los gentiles se cumpla, ahí entra el “entonces” de nuestro pasaje: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas…” (v25). Pero previo de ver nuestro pasaje, veamos algunos asuntos de la destrucción de Jerusalén que llaman nuestra atención.

 

Leo: “Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (v24), esto es, que no será gobernada ya más por los judíos, sino por los no judíos o incrédulos; dicho de otro modo, que los judíos nunca más se reunirían como nación para habitar juntos en la ciudad de Jerusalén. Esta palabra traducida como “hollada”, también puede ser traducida como “conquistada.” Cuando una ciudad es conquistada no significa que no puedan habitar allí sus ciudadanos, sino que no tendrán dominio sobre lo que antes tuvieron. Además, notemos donde estaba Jesús cuando dijo esta profecía: “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” (v5-6); en el templo, el centro del poder político y religioso. Hoy día la capital de Israel es Tel Aviv, no Jerusalén, a pesar de todos los intentos que históricamente han hecho, no han podido volver a dominarla. Los judíos han dicho: “Jerusalén, capital eterna de Israel”, pero sólo lo han dicho, no han podido cumplir. Todavía está allí el centro de los musulmanes; la famosa “Mezquita de la Cúpula de la Roca.

 

El punto es, que aun cuando Jerusalén sea construida otra vez, los judíos no tendrán más gobierno o dominio sobre ella, sino los gentiles, y así será hasta que lleguemos a la recta final donde se inicie la cuenta regresiva del fin del mundo, o el Regreso Glorioso de nuestro Gran Dios y Salvador Cristo Jesús. Además se profetizó que seguirían existiendo como pueblo: “Serán llevados cautivos a todas las naciones”, y hoy día tenemos judíos en todos los países de la tierra. Es interesante que no fueron borrados del planeta aun siendo Jerusalén destruida. La maldición divina se limitó a que no dominasen en esa ciudad. A partir de ahí no serían dueños de la casa, sino que habitarían en casa alquilada.

 

Con este testimonio histórico es claramente manifiesto, que ningún hombre, o grupo de hombres puede prevalecer contra Dios, o frustrar Sus designios, planes o voluntad. Cristo lo sentenció, que los judíos no podrán gobernar otra vez sobre Jerusalén; y esta maldición es firme y confirmada al día de hoy, y así será hasta el fin del mundo, porque el dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (v33). Amén. 



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