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Un verdadero discípulo de Cristo es como el automóvil que no va a otro lugar, sino sólo a donde el conductor lo dirija. Es como si ellos hubiesen preguntado: ¿Debemos dirigir el carro hacia allá?

 

Pregunta: ¿Donde reside su falta? Fue doble, presumidos, y con deseos de venganza personal. Su arrogancia fue que no preguntaron si su moción era de Su agrado, sino que lo dieron como un hecho. Eso es soberbia o arrogancia. Pidieron permiso y eso es correcto, pero sin la voluntad el Señor consideraron correcto enviar fuego. El hecho de preguntar tal asunto deja entrever como si pensaran que Jesús se lo aprobaría, lo cual se constituye en ofensa contra el santo carácter del Señor. “Perdieron la chaveta”. Se hicieron crueles y vengativos. Su celo, no era de elogio, sino de censura. Pidieron igual trato que a Sodomitas, cuando su falta había sido simple descortesía.

 

Notemos, pues, que aun los mejores corazones y que andan más cerca de Cristo pueden fácilmente salirse de sus casillas y caer en cruel error. De donde aprendemos que el amor a un objeto es difícil separarlo del aborrecimiento a lo contrario. Es corriente sentir mayor o menor desafectos por los enemigos de quien amamos. Jacobo y Juan quisieron matar a los que negaron hospitalidad al Señor Jesús.

 

Así que, no consideremos la ira y el disgusto como un enemigo del amor, sino guardianes. Estos sentimientos estuvieron en el corazón de Juan y Jacobo porque amaban sinceramente a Jesús, aun cuando lo ejercieron de manera injusta y tuvieron que ser censurados. El amor verdadero va acompañado de celo, y no puede permanecer en silencio. Amén.  (POA...Mayo 31/2012)



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