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Hacia Dios. Si nuestro estado en general es bueno, "la sangre de Cristo, limpiará nuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo" (Heb.9:14); si nuestro servicio es interno y espiritual o es solo apariencia: "A Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia" (2Ti.1:3), las cosas externas no pueden hacer perfecta la conciencia: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto.” (Hebr.9:9).

 

Más particularmente supervisa todos nuestros deberes; si oramos con fe: "Acerquémonos en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia" (Hebr.10:22); si oímos la predicación con provecho:  "Que guardes el misterio de la fe con limpia conciencia" (1Ti.3:9); si nos acercamos a Dios como un oráculo, esto es si Dios puede contestar todas nuestras preguntas y resolver todos nuestros problemas a través del bautismo o de ser sumergidos en Cristo: "Como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios" (1Pe.3:21); si en la Santa Cena tenemos comunión con Cristo o si tan solo comemos un pedazo de pan y bebemos un sorbo de vino: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? (1Co.10:15-16). 

 

En breve, que si no hay una conciencia recta, la piedad naufragaría: “Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos.” (1Ti.1:19).

 

Hacia los hombres. Vivir con buena conciencia en toda conducta hacia nuestros semejantes: “Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.” (Hec.23:1). Y en los aspectos particulares: Obedientes al gobierno civil:  "Estarles sujetos por causa de la conciencia" (Ro.13:5). Que seamos justos en todo nuestro trato: "Buena conciencia para conducirnos bien en todo" (Hebr.13:18). Evitando toda cosa que pueda ser ofensiva: "No tu conciencia, sino la de otros" (1Co.10:29). No ofende en palabras: “Tu corazón bien sabe todo el mal, que cometiste contra mi padre David” (1Re.2:44) así le dijo Salomón a Simei.

 

Por ella uno busca no ofender al prójimo ni aun de pensamientos: “Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría. Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí.“ (Sal.73:15-16). Además procura manifestar amor hacia todos: "El amor nacido de corazón limpio y buena conciencia" (1Ti.1:5), especialmente por el alma del prójimo.

 

La conciencia no solo hace esto por el presente, sino también para el futuro para no provocar a Dios contra nosotros, y por el pasado viendo con agrado o dolor lo que se ha hecho.  Ella vela sobre todo deber y pecado. AMÉN.



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