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Eso vemos en este versículo: “Sinceros e irreprensibles (Fil.1:9),” o que la integridad se compone de dos partes, una interna y otra externa. Si enfocamos en el verso es posible notar que la integridad es un don y una virtud a ser cultivada; nótese: “Y esto pido en oración”; es un ruego a Dios a favor de aquellos Creyentes, y una de las peticiones dice así: “Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.” Pidió que el Señor les concediese ser personas integras: “Sinceros e irreprensibles.”

 

La integridad es un don, o hay que pedirlo. Ciertos dones se obtienen por esfuerzo propio, en cambio otros son por medio de la oración, la integridad cristiana es uno; es un adorno de carácter dado por la Gracia de Cristo. La bendición del Señor es lo que lo fija en el alma Creyente, y se manifiesta en hermosura de carácter, de buenas y atractivas maneras con el prójimo. Que Pablo lo rogase por los Creyentes en Filipo, indica que Dios es quien nos hace íntegros, no podemos hacerlo en nuestro poder. Eso es prerrogativa divina. La integridad cristiana es hacer lo correcto con una santa motivación, o que tiene dos partes.

 

La parte interna. Entre los Romanos sinceridad era sine cera, lo opuesto a mezcla. Oiga como es dicho en otro lugar: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2Tim.2:12). Ser sinceros es lo mismo que un corazón limpio. Esto es, la persona que se conduce por el principio de vida evangélico. Hay temor humano y temor de Dios, de manera semejante, hay sinceridad humana y sinceridad cristiana; veámoslo: “Nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios” (2Co.1:12).

 

La parte externa: “Irreprensibles”. Esto es, que el amor, conocimiento y buen juicio ha de llevar el Creyente, no sólo a cultivar la sinceridad de Dios, sino también a caminar a los ojos de otros siendo un buen ejemplo, que el otro no sea inducido a pecar. Que el pecado remanente en otros no sea fortalecido por el mal ejemplo en uno, tal es la idea de irreprensible. Que su conducta no sea motivo de escándalo, que los demás no se sientan ofendidos con su proceder. Un Creyente es tropiezo a otros cuando se conduce en una manera contradictoria con los principios de fe que profesa creer.  Así que, integridad cristiana es hacer lo correcto con una santa motivación. Amén.



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