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Año Nuevo del 2012

 

El salmista luego que ha meditado en la presencia de Dios, entonces trae sus peticiones y ruegos, y una es la que ahora consideraremos: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría" (Sal.90:12); esto es, que estas verdades debidamente consideradas son un excelente medio para ser sabios. Por tanto, es bueno para el alma hacer un uso santo de nuestras miserias y adversidades.

 

La petición es como si hubiese dicho: "Señor danos tu Gracia para considerar cuán pocos son nuestros días sobre la tierra y cuán breve es nuestro paso por este mundo"; él ha visto claramente la lección, pero ademas hace conciencia de que sin la bendición de Dios no será de provecho, de manera que pide al Señor que se la enseñe a su alma, y la lección aprender es saber contar nuestros días sobre el planeta, considerarlos seria y debidamente. 

 

Sólo Dios puede instruirnos en esto, de modo que se trata de algo difícil de aprender por sí mismo. En el mundo hay buenos contadores, hombres y mujeres quienes son muy diestros para contar grandes sumas, cantidades millonarias, pero son extremadamente torpes para contar sabiamente sus días. En el cielo hay una aritmética, cuyo único instructor es Dios mismo.

 

Aquellos que quieren aprender a calcular sabia o piadosamente sus días de vida, deben orar por la enseñanza divina, esto es, ir a Dios en oración, y pedirle que por Su Espíritu les de un buen entendimiento de lo breve y frágil de esta vida, porque la inclinación de nuestros corazones es que los días son una cadena muy fuerte y que cada momento o evento nuestro esta atado al próximo, pero la realidad no es así, sino que nuestro próximo paso no depende de nosotros, sino de la buena voluntad de Dios, el lazo que ata uno con otro es asunto del Creador, no de las criaturas. Nuestros días tienen un fin, y esto debe ser seriamente considerado por cada uno.

 

Pregunta: ¿Y cuál es la norma de aprovechamiento de esa aritmética celestial?, cuando: "Traigamos al corazón sabiduría", que nuestra conducta sea guiada por el temor a Dios, y crezcamos en la práctica de la piedad. Ser piadoso, o la verdadera sabiduría es aquella forma o práctica de vida que busca el bien de su propia alma en este mundo y para la eternidad. Hay muchos quienes son sabios para otros, pero no para ellos mismos, como dice el Predicador: "Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; más la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores" (Ecle.7:12), hay muchas cosas buenas en esta vida, pero lo más que hacen es proteger, pero no pueden dar vida, en cambio el corazón sabio es vida.

 

Por tanto, esforcémonos en la práctica de cultivar frecuentes pensamientos de la brevedad de la vida, la seguridad de la muerte y la inexorabilidad del justo castigo de Dios sobre el pecado, y hagamos estas meditaciones delante del Señor, pidiendo:

 

"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, 

que traigamos al corazón sabiduría."



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