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Enfoquemos este pasaje: “A quien amáis (esto es a Cristo) sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1Pe.1:8-9). Llamo la atención sobre esta palabrea, “fin,” el fin significa la consumación o perfección de algo.

 

En este caso se indica el final del peregrinaje Cristiano, y de inmediato el efecto o fruto de la fe. Entiéndase, pues, que el escritor divino dice esto para hacer camino de levantar nuestros pensamientos y santa imaginación de cuanto infinitamente transciende la salvación de sus almas; cuando la fe llegue a su final o consumación, cuando aparezca el amado de sus almas cara a cara, o que el conocimiento de Cristo por fe quedará muy corto en el momento que el verdadero Creyente le vea frente a frente. Esto ocurrirá cuando el alma se separe de su cuerpo mortal o corrupto, esto es, a la hora de la muerte.

 

Contrastemos, de un lado el gozo en este lado del cielo: “En quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”, o que si ahora tenemos un gozo de día en día, y del otro lado, tan pronto como venga la muerte, saldremos de este mundo con un gozo glorioso, que “sobrepasa todo entendimiento,” y cuanto más el Creyente haya gozado amando, o lo que es los mismo obedeciendo, mayor el gozo al morir. Tendiendo un cuerpo caído en pecado somos capaces de deleitarnos en Dios por medio de la fe, entonces cuando esos impedimentos sean quitados, no hay palabras que puedan dar una idea de lo que será al verdadero Creyente cuando pase el rió oscuro en su cita con la muerte. Por tanto, podemos decir a voz en cuello: “El morir es ganancia” (Fil.1:21).

 

(Extraída del Sermón: “La Esperanza del Alma”  (2C0.5:5)……Pastor Oscar Arocha…. Mayo/2010).



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