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Es, pues, un ornamento al evangelio cuando un ministro de Dios sea además instruido en ciencias humanas. Consideremos por un momento, el intelecto, la destreza, y la diligencia de Moisés.

 

El intelecto de Moisés

Leemos: “Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y en hechos” (Hch. 7:22). El escritor divino enfatiza la cultura que poseía, pues dice: “En toda la sabiduría de los egipcios”; es una expresión hiperbólica o exagerada en buen sentido para denotar que, en materia cultural, fue un individuo por encima del promedio de su época; un hombre culto. He aquí, pues, a Moisés el gran profeta, a quien Dios habló cara a cara, siendo elogiado por su destreza en las enseñanzas de una nación idólatra como Egipto. La Palabra de Dios lo hace con otros hombres: “A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría. Además Daniel entendía toda clase de visiones y sueños” (Dan. 1:17).

 

Este elogio divino no fue solo para el gran patriarca, sino también a hombres no creyentes, como algunos descendientes de Caín:

“Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y tienen ganado. Su hermano se llamaba Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan la lira y la flauta. Zila a su vez dio a luz a Tubal Caín, forjador de todo utensilio de bronce y de hierro. Y la hermana de Tubal Caín era Naama” Gn. 4:20-22.

 

El Señor da honor a quienes cultivan con diligencia y dedicación los deleites del intelecto y la ciencia humana. Dice la historia que cuando el evangelio llegaba a ciertos lugares y los principales de los templos paganos se convertían, esos templos a los ídolos se convertían luego en iglesias donde el Dios verdadero fuese adorado. Como está escrito: “Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín… un ídolo no es nada en el mundo, y que no hay sino un solo Dios” (Lc. 11:221 Cor. 8:4).

 

La destreza de Moisés

Cuando uno lee cómo fueron las labores de Moisés dentro del pueblo de Dios, es evidente que la inteligencia y sabiduría que adquirió en Egipto las empleó para la gloria de Dios, y el bien de los creyentes. Considera esto: “…tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo. Pues, dice El: ‘Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte” (Heb.8:5).  Se le presentó el modelo celestial y lo construyó tal cual, o que no es lejano suponer que tenía amplios conocimientos en arquitectura, matemáticas e ingeniería, pues le bastó verlo. La educación que le dio la hija de Faraón le capacitó para ser de fácil entendimiento y comprender con facilidad asuntos científicos.

 

En tiempo presente puede decirse que fue de gran capacidad en aquello de lectura comprensiva. Una de las cualidades de un buen líder es saber dar instrucciones precisas, claras, y dar seguimiento a lo que encomienda. Nótalo: “Y Moisés examinó toda la obra, y vio que la habían llevado a cabo. Tal como el Señor había ordenado, así la habían hecho. Y Moisés los bendijo” (Ex. 39:43). Fue ingeniero supervisor; se aseguró que el pueblo lo había hecho bien, como se le mandó.

 

Es cierto que, en su época, Moisés fue el hombre más manso de la tierra. Él no usaba sus altos conocimientos e intelectualidad para humillar al prójimo, sino para salvar, llevarlos a Dios, y mantener la paz y unidad en el pueblo, o que usaba su gran capacidad intelectual de esta manera: “Era poderoso en sus palabras y obras”. Esto es, que su ejemplo es un fuerte reproche a los enemigos del estudio y la intelectualidad. Pocas cosas le preguntaba el pueblo que no pudiera responder, y si no sabía la respuesta, entonces humildemente iba a Dios en oración buscando luz. Fue un hombre de copioso discurso y abundante enseñanza. La Biblia le llama el pedagogo o educador de Israel, obra poderosa que hizo con paciencia y grandes esfuerzos: “Al día siguiente Moisés se sentó a juzgar al pueblo. El pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta el atardecer” (Ex. 18:13).

 

La diligencia de Moisés

Ahora mira la enorme capacidad de discurso que tuvo:

“Entonces llamó Moisés a todo Israel y les dijo: “Oye, oh Israel, los estatutos y ordenanzas que hablo hoy a oídos de ustedes, para que los aprendan y pongan por obra… Entonces Moisés fue y habló estas palabras a todo Israel… Entonces Moisés llamó a Josué y le dijo en presencia de todo Israel” (Deut.5:131:1,7).

 

Al parecer discurseó esta enorme porción de la Ley de Dios al pueblo en un solo día. Su discurso fue bien largo. Trabajaba hasta el cansancio. Su constante diligencia fue signo de su gran sentido de incapacidad, o que mientras más instruidos son los hombres como lo fue Moisés, más humildes y conscientes son de su insuficiencia espiritual.

 

Un caso elocuente, Pablo: “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los Gentiles las inescrutables riquezas de Cristo,” (Ef. 3:8).

Los ministros del evangelio, o los pastores, han de ser hombres de estudios más que de actividades, dedicados a cultivar los poderes y deleites del intelecto. Amén.

 



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