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La idea es que todo hombre o mujer que ha nacido de nuevo es trasladado de la corriente del mundo a una vida eclesiástica. Un cambio radical se opera en los tales por la influencia y poder del Espíritu Santo; su estilo de vida es cambiado, viene a ser un discípulo del Señor Jesús.

Ahora bien, destacamos que hay ocasiones providenciales donde solo la fe sin el bautismo es suficiente para ser miembro de la Iglesia Universal de Cristo. Un caso: “Entonces Jesús le dijo: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43); este buen hombre solo creyó y de inmediato fue agregado a la familia de Dios, o miembro de la Iglesia. Entonces podemos afirmar que la Iglesia de Cristo es la iglesia universal, que es la reunión de todas las iglesias locales. Con local significamos, una congregación de redimidos que se congregan en un lugar localizado sobre la geografía de la tierra. Mi congregación es la Iglesia Bautista de la Gracia, localizada en la ciudad de Santiago. Dicho en otras palabras, la Iglesia de Cristo es la casa del Dios Viviente, es universal, y esa casa está compuesta de muchas habitaciones, o lo que es lo mismo, iglesias locales; localizadas en lugares específicos y diferentes. Notemos el plural: “…las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea…” (1 Tes. 2:14); en aquella provincia eran varias congregaciones.

Entonces, si la Iglesia es la casa de Dios con muchas habitaciones. ¿Puede un cristiano mudarse de una a otra? ¿Cuál sería el proceder bíblico para hacerlo?

Hay libertad

Todo verdadero creyente ha sido comprado por la Sangre de Cristo, Sangre divina, justificado y adoptado en la familia de Dios. De manera, pues, que es su libertad, por derecho divino, congregarse en la habitación que él mismo escoja. El Señor y Salvador de su alma compró esa libertad para él y a todo cristiano. Cristo no ha dado mandato específico que indique dónde debe congregarse o dónde ha de solicitar su membresía. Más aún, que si en algún momento decide mudar su membresía a otra congregación, no es deber suyo dar explicaciones de su mudanza, sino que por asunto de cortesía evangélica, él si quisiera, lo notificaría a los ministros de su congregación, y estos están en el deber de darle a la mayor brevedad una carta de transferencia. Decimos que no está en su obligación explicar las razones de su mudanza, por este texto: “El amor todo lo cree” (1 Co. 13:7), esto es, que el amor hace la mejor construcción posible de la motivación del hermano, siempre y cuando las evidencias no digan lo contrario. Requerirle explicación sería una mala sospecha de su mudanza, actuar contrario al amor divino, o peor aún, enseñorearse sobre su conciencia. Solo Cristo es Señor de la conciencia, nadie más.

Ilustro con un caso. En cierta congregación un miembro informa a uno de sus pastores que desea mudarse de Iglesia; el pastor le dijo, “tengo para ti una sola pregunta y solo una: ¿Algunos de los líderes de esta congregación han sido motivo para que te mudes?”. El hermano respondió, “No, simplemente quiero mudarme”. El pastor agregó, “No tengo más preguntas, es tu libertad congregarte donde tú decidas. Soy siervo de Cristo para tu gozo” (2 Co. 1:24). Y ese mismo día se le extendió su carta de transferencia. La paz, el gozo y el amor fueron honrados. Así lo establece la enseñanza apostólica: “…pastoreen el rebaño de Dios entre ustedes… [no] como teniendo señorío sobre los que les han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño” (1 Pe. 5:2). Esto significa que sospechar sobre las motivaciones para mudarse de congregación sería como enseñorearse sobre la conciencia de los hermanos, o lo que es lo mismo, usurpar la prorrogativa divina.  Solo Dios pesa los corazones, no el hombre.

Seguimos a Cristo, no una iglesia

Las ovejas son de Cristo, no de líder alguno, y sus oídos son para la Voz del Señor, no la voz de los hombres, aun estos sean líderes de renombre (Jn. 10:27). Fui enterado de un miembro con más de diez años en una congregación hermana, solicitó carta de transferencia para mudarse a otra iglesia en la misma ciudad, y se le exigió hacerlo por escrito y que su carta fuese leída públicamente a la asamblea. Quizás esté equivocado, para ser generoso en mi juicio, pero hasta hoy no he encontrado Palabra de Cristo que justifique esa acción. Explicaciones razonables para defender tal proceder se sobrarían, pero una cosa es explicarlo, y otra muy distinta es justificarlo con las Escrituras. “Mis ovejas oyen mi voz,” significa que los maestros en las congregaciones están para enseñar a las ovejas a oír y discernir la voz de Cristo, no la de los hombres.

Volvemos a las preguntas:

¿Puede un Cristiano mudarse de una iglesia local a otra? Sí, cuando él quiera.

¿Cómo hacerlo bíblicamente? Dentro del marco de la cortesía y libertad cristiana.

¿Cuál ha de ser la reacción de los pastores?

El apóstol responde: “No es que queramos tener control de su fe, sino que somos colaboradores con ustedes para su gozo, porque es en la fe que permanecen firmes” (2 Co. 1:24). Amén. 

 



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