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Sobre esto último hay un ejemplo elocuente, Abraham y la mujer de Lot. Al patriarca no se le prohibió ver el humo que salía de Sodoma, pero a Lot y su familia le fue prohibido: “Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se convirtió en una columna de sal… y miró Abraham hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de la llanura. Y al mirar, he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno” (Gén.19:26); esto es, que ciertos pecados no son medidos por su acción externa, sino por sus circunstancias o motivaciones. Otro ejemplo sobre las motivaciones se ve en María siendo Virgen, y Zacarías: “María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Porque yo no conozco varón” (Luc.1:34). Y la pregunta hecha por el padre de Juan el Bautista: “Y Zacarías dijo al ángel: ¿Cómo podré estar seguro de esto? Pues yo soy viejo, y mi esposa es de edad avanzada.. He aquí, quedarás mudo e incapaz de hablar hasta el día en que se realice esto, por cuanto no has creído a mis palabras” (Luc.1:18,20); fueron las mismas preguntas, pero con diferentes motivaciones.

 

La Lotto. El juego de la Lotto se hace pecado por causa de sus circunstancias o motivación.

 

Pregunta: ¿Por qué el jugar números de la lotería es pecado?

En general, porque en tal caso el individuo quiere hacerse rico sin trabajar, lo cual viola el orden divino: “Tened por aspiración vivir en tranquilidad, ocuparos en vuestros propios asuntos y trabajar con vuestras propias manos, como os hemos mandado” (1Tes.4:11).  Estamos llamados a vivir en tranquilidad, no en riquezas.  La paz del corazón es un don de Dios no un fruto de las posesiones materiales.

En particular. Traeremos dos textos (1Tim.6:9 y Pro.28:20).

1º Querer ser rico es una desgracia: “Los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición” (1Tim.6:9).  El texto puede ser desglosado en dos partes. Por un lado, la descripción de las personas: “Los que desean enriquecerse”; el mal no es ser rico, sino los que quieren serlo, lo cual sería indicativo más de mundanalidad que de cristianismo. Nótese nuevamente el pecado en la motivación o circunstancia interna.

Por otro lado, el peligro de los tales: “Caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición”. El diablo primero los tienta y luego les pone lazo a sus cinturas, los esclaviza con el deseo de dinero, o que los amarra al deseo de ser ricos. Contrario a como ellos piensan, el final de los tales es dicho así: “Hunden a los hombres en ruina y perdición”. Esta motivación es como el tiro de la flecha, que el arquero fija la vista en el objetivo y luego se lanza la flecha para tratar de alcanzarlo. La persona pone su aspiración en el monto de la Loto, o lo que es lo mismo, como si su felicidad dependiera de la posesión de bienes materiales, su motivación es el monto del premio o dinero.

 

Repito, lo malo no es tener, sino que nuestros sentimientos estén afectados por poseer grandes cosas: “Oh Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se han enaltecido, ni he andado en pos de grandezas, ni de cosas demasiado sublimes para mí” (Sal.131:1).  Es malo preferir nuestra propia voluntad que la voluntad de Dios. Los Cristianos son peregrinos, ellos no moran sobre la tierra, sino que van de paso hacia el cielo.

 

2º Porque la Loto pone el interés terrenal por encima de la conciencia y los deberes: “El que se apresura a enriquecerse no será sin culpa” (Pro.28:20).  Cuando el propósito del corazón es el dinero, el individuo no cuidará los medios para obtenerlo, no le dará importancia a cómo hace el dinero. La codicia es inconsistente con la fe cristiana: “El que ama el dinero no quedará satisfecho con dinero, y el que ama las riquezas no tendrá beneficio. También esto es vanidad” (Ecles.5:10). Cuando los hombres viven con el pan necesario, sus aspiraciones son modestas, pero cuando aman el dinero, se hacen como insaciables. Se podría decir que cuando alguien compra el Loto para ser rico, entonces está pidiendo alejarse de Dios. Son como los ríos caudalosos, que para mantener su cauce necesitan el concurso de muchos arroyos.

Alguien dirá: Entonces, ¿el Cristiano debe ser un conformista? No de ninguna manera, pero sí un hombre que persigue el contentamiento de corazón. Los hijos de Dios no viven conforme al mundo, en donde el fin justifica los medios de alcanzarlo, sino que sus aspiraciones de prosperidad y progreso las procura en ejercicio de medios legítimos y con el fin específico de que Cristo sea, no blasfemado por su conducta, sino agradado en todo. El conformismo tiende a crear negligencia, en cambio el Creyente está mandado por Dios a lo contrario. Esto textos hablan de la actitud del Cristiano frente a la prosperidad material: “La mano negligente empobrece, pero la mano de los diligentes enriquece…. Los proyectos del diligente resultarán en abundancia, pero todo apresurado va a parar en la escasez” (Pro.10:4;21:5).

 

Cuando un individuo toma el atajo de la Loto, la rifa de aguante, la caraquita, la lotería en general, es porque quiere ser rico para con los hombres, y no para con Dios. Pero el Cristiano tiene otra mente: “No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen, y donde los ladrones se meten y roban. Más bien, acumulad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no se meten ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón” (Mat.6:19-21). El dinero tiene el fuerte encantamiento de atar el corazón a esta tierra; es tanto, así que la Biblia llama la codicia como idolatría: “Por lo tanto, haced morir lo terrenal en vuestros miembros: avaricia, que es idolatría” (Col.3:5). Amén

 



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