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Oigamos la voz apostólica en tal sentido: “Somos colaboradores con vosotros para vuestro gozo; porque en la fe permanecéis firmes” (2 Co. 1:24). Notemos que aquí fe y gozo son términos equivalentes.

Así que, hemos de capacitar el pueblo para que caminen en pos del gozo. Los ministros del evangelio tienen como oficio servir la Palabra de Cristo con el fin de perfeccionar el gozo de los hijos de Dios. Dicho de otro modo, que las ordenanzas, y los sacramentos son instrumentos de gozo. En otro lugar está escrito con más precisión: “Lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo” (1 Jn. 1:4). Todo el mensaje del Señor es para que Su pueblo tenga gozo espiritual, que en un ambiente de libertad de conciencia, y aun bajo fuerte opresión puedan decir sin fingimiento: “Como entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Co. 6:10).

El significado

Leemos en nuestro pasaje: “No es que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que somos colaboradores con vosotros  para vuestro gozo“(2 Co. 1:24); no repite la palabra fe, o no dice ser colaborador de su fe, sino de su equivalente, gozo. Esto es dicho así porque el gozo espiritual es el corazón, el alma, el poder de la fe verdadera; nótese: “La alegría del Señor es vuestra fortaleza” (Neh. 8:10). No es posible servir a Cristo en nuestras fuerzas, sino en el gozo que Él mismo da al alma Creyente. En breve, que el gozo es el estado natural del cristiano; fueron salvados para gozo, han de estar en gozo, buscar siempre este gozo; al punto que cuando uno lee el versículo se puede notar cómo Pablo sintetiza toda la felicidad del creyente en un estado de gozo.

El creyente ha sido trasladado por Cristo a una tierra de luz, o lo que es lo mismo, a un campo de gozo. Esto significa que los maestros en una congregación son ayudadores de esta bendita condición o estado. No son autores de gozo, sino colaboradores. Se indica así la enorme importancia que tienen los predicadores de ser fieles a la letra y espíritu de las Palabras de Cristo.

¿Por qué gozarnos siempre?

Por la salvación. Hemos sido librados de los mayores males posibles, y esa es razón más que suficiente de estar gozosos. El creyente fue librado del pecado, de la ira de Dios, de la condenación en el infierno, de la muerte eterna, y de cuantos males uno pudiera imaginar. Más aún: todo cuanto les sucede, Dios se los torna a bien. Es más que razón estar siempre en gozo.

Para ellos todo es ganancia, aun la peor pérdida, la muerte, le es un beneficio. Un bien presente y un glorioso bien futuro. Como alguien ha dicho: El cristiano siempre, siempre está bien, solo que en algunas ocasiones se siente mal.

Otra razón. Dios ha hecho con el Creyente un Pacto de Gracia donde todo lo que recibe es amor. Óigalo: “Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí. Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma” (Jer. 32:4). Mejor de ahí no puede ser. Entre líneas podemos ver un Dador con gozo, con el fin de que los receptores se gocen. El gozo es como el aceite que lubrica la maquinaria de nuestro servicio. Hemos sido redimidos en gozo, para gozarnos, y buscarlo siempre, porque somos una generación para vivir en eso mismo.

Instrumento de la Palabra

El instrumento del gozo cristiano es el evangelio. Cuando uno lee la Biblia, tal concepto se transpira en casi todas sus páginas. Varios textos: “Las Palabras del Reino… Palabra de vida…  Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón… Todo lo que fue escrito en tiempos pasados… Se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza… El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (Sal. 19:8; Ro. 15:4; 1 Co.14:3). Al considerar estos textos y muchos otros, se hace evidente que las Escrituras transpiran gozo, o que el mensaje del evangelio es como un tonificante para fortalecer el corazón que cree.

Conclusión

Cuando una congregación está firme en la fe, o aun el caso de un creyente, el Espíritu de Dios enviaría ministros de la Palabra que les edifiquen sobre su libertad de conciencia, y les sean colaboradores de su contentamiento. Porque el gozo verdadero surge de la Biblia: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones” (Col. 3:16). De pronto se ven tres asuntos: Un depósito: “La Palabra de Cristo habite en abundancia.” Una manera: “Con toda sabiduría.” Y un alegre efecto o resultado: “Cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones.”

Por tanto, la labor de un ministro fiel de evangelio es capacitar los miembros de la Iglesia bajo su cuidado, para que caminen en pos del gozo. Amén.

 



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