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Un decaimiento. El profeta dice: “Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.” (Os.4:3). La palabra que se traduce como extenuar es la misma que se emplea para indicar una flor marchita o desecha. Hoy diríamos extinción de la especie. La pompa y brillo de los hombres es como una flor, bella y atractiva por un momento, pero pronto se marchitará. La realidad y sentido que los hombres están marchitándose es generalizado: “Se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella.” Nunca antes como ahora están acudiendo a la cirugía plástica, y somos de inclinación que es por la abundancia de pecado, que trae a los hombres mayor sentimiento de estar marchitándose. Un médico amigo decía que los cirujanos plásticos están ganando mucho más dinero que los médicos que salvan vida. La industria de cosméticos maneja miles de millones de dólares en ventas por año, y pensamos que en parte porque el sentido de decaimiento es cada vez mayor. No decimos que la cirugía plástica sea una maldad, sino que en tiempo de pecado el hombre incrédulo se siente más marchitado. Tampoco es fruto de los rayos ultravioletas, sino que su razón es dicha así: “Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella” (v3). El juicio divino los debilita, se sienten marchitados.

 

La desolación. El castigo es una ecología desolada: “Las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán”. Leamos de nuevo: “Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán” (v3). Enfocamos esto: “Con las bestias del campo y con las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán”. Alguien ha comentado que esta preposición “con” a veces es traducida por la preposición “porque” e indica causa, o que los hombres se extenuarán o marchitarán porque “las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán”. La ecología se marchita y como consecuencia, nosotros también. El incrédulo depende su felicidad de lo terrenal, no de Dios; si lo material decae, también ellos. Los grupos ecologistas defienden la naturaleza más que la verdad; se duelen más si una ballena es maltratada, a que si una criatura inocente es abortada. Defienden las ballenas de ser extinguidas, pero matan sus niños. Se infiere la enorme debilidad humana, pues si la ecología y la naturaleza desfallecen, se les va su confort. No es un secreto que en esta generación la ecología está en contra del bienestar humano, lo cual es una misericordia de Dios para que aprendamos que nuestro bien no depende de las criaturas, sino del Creador. Lo beneficioso sería luchar contra el pecado y no levantar a Dios contra uno.

 

Llama la atención esta expresión: “Las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán” (v3). La idea es que la maldad de los hombres traerá un juicio de tal magnitud, que el aire y las aguas serán contaminadas, que las aves y los peces morirán. Entendemos ser testigos del cumplimiento de estas profecías, pues somos espectadores en ver multitud de animales, fieras, peces y aves que se extinguen a una velocidad nunca antes vista. Cientos de bosques son talados, y quitado el hábitat de los animales, y mueren: “Las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán” (v3).

 

Pregunta: ¿Qué quiere decirnos el Espíritu Santo con esta Escritura? Mostrar la severidad de la ira de Dios contra la maldad humana. Cuando un rey castiga la traición de sus siervos, además arrasa con sus posesiones. Le pega fuego a su casa y le quita el sustento. La lección es esta: Estos casos en la Biblia son como un ejemplo de que la ira de Dios será mucho mayor en el Día de la destrucción del mundo. La contaminación ambiental está matando los peces, los animales y las aves. Europa, la cuna de la Reforma protestante es hoy como un desierto espiritual, en decenas de ciudades no encontraría una sola Iglesia Evangélica fiel. Para muestra un botón. Más de un millón de vacas fueron sacrificadas por el mal de la vaca loca. Miles y miles de ganaderos vinieron a la quiebra, y uno se pregunta: ¿por qué? El profeta responde: “Porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra” (Os.4:1). El mundo se ha convertido en un basurero, la pestilencia asoma por doquier. Los mares y ríos están atestados de desechos plásticos no biodegradables. En no pocas ciudades del planeta, nosotros incluidos, sus habitantes ya no pueden comer peces de sus propios ríos. Sus ríos azules hoy son negros de tanta contaminación, y por necesidad los peces mueren. Las enfermedades respiratorias se han ido multiplicando, el aire está contaminado como fruto de nuestra rebeldía contra la Bondad del Creador.  

 

Hermano en Cristo: Tú tienes una gran ventaja sobre los hombres incrédulos. El panorama presente es de nerviosismo, las calamidades que están sucediendo y las que pudieran venir han producido miedo y angustia. Grandes y pequeños, poderosos, y débiles, ricos y pobres son sacudidos. Una parte de la gente está nerviosa y la otra piensa que el mal no le tocará. Hay mucha confusión. En las familias, los gobiernos, en las escuelas, en las religiones; lo espiritual ha decaído mucho.

 

Contigo no es así, porque estas cosas, lejos de angustiar, deben producir en ti una mezcla de sentimientos. Por un lado, lamento por el dolor ajeno, y por el otro, gozo al ver el cumplimiento de la profecía, o que el Día de la Redención está cada día más cerca de cuando creímos. Amén. 

 



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